La artesanía de la forja del hierro, una tradición que sobrevive con maestría en Gibraleón

La electricidad ha ido sustituyendo al fuego, por lo que son pocos los herreros artesanos que continúan desarrollando su actividad en España. Hoy conocemos a Federico y Federico Javier Romero, dos primos que son la cuarta generación de un oficio de enorme valor que siguen manteniendo vivo, contribuyendo a conservar el patrimonio y la historia de Huelva.

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Federico Javier y Federico, en su taller trabajando el hierro de forma artesanal.
La artesanía, en peligro de extinción. / Foto: Wikimedia Commons.

MPD. La evolución de la sociedad nos ha permitido tener una vida más cómoda en muchos aspectos, pero también ha provocado que las máquinas hayan sustituido la mano del hombre en muchos oficios antes muy valorados y, hoy en día, prácticamente desconocidos. Relojeros, zapateros, toneleros o lecheros forman parte de una larga lista de profesiones olvidadas o a punto de desaparecer. Una clasificación en la que también se encuentran los herreros, que durante siglos han sido auténticos artesanos de moldear el metal con la ayuda de la fragua, consiguiendo diseños únicos que pueden ser considerados como auténticas joyas.

Hablamos con Federico Romero, que nos cuenta los secretos de los herreros.

Lo saben bien los protagonistas de este reportaje, Federico Romero Romero, que es, junto a su socio y primo, Federico Javier Romero Martín, la cuarta generación de uno de los pocos talleres de forja artesanal que se mantienen en Andalucía y en España, exceptuando los existentes en lugares como Toledo, donde hay una gran tradición herrera por la fabricación de espadas y cuchillos.

Su padre y su abuelo, trabajando el hierro en el mismo taller.

Tal y como narra en esta entrevista Federico, «somos herreros y carpinteros metálicos de toda la vida, formando parte de la antigua escuela de nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. En mi caso, aprendí el oficio de mi tío Federico Romero Cáceres y de mi padre Francisco Romero Cáceres, que eran herreros y carpinteros metálicos, como también lo fue mi tatarabuelo. Por ello, formamos parte de una dinastía de herreros forjadores de la que somos la cuarta generación«. Su primo también se hacía eco en las redes sociales de la necesidad de mantener este oficio tan necesario, la herrería: «esperemos que esta profesión tan noble no desaparezca y sepa adaptarse a los nuevos tiempos. Nosotros seguimos trabajando en la misma fragua en la que lo hacían mi padre y mi abuelo, pues aún la conservamos». En concreto, su bisabuelo era herrero y su abuelo, padre y tío eran herreros y armeros, profesiones que siguen estos dos primos.

Encender la fragua es algo muy especial, pura magia.

Generación tras generación aprendiendo un arte que no es nada fácil, pero que ya no tiene secretos para estos primos, puesto que «nosotros solemos trabajarlo al llevarlo en la sangre desde chicos. Cuando mi tío murió me di cuenta que éramos los únicos que trabajan el hierro aquí en Gibraleón«, nos comenta Federico, que recuerda cómo, «desde niños, mi primo y yo nos íbamos al taller a ver cómo trabajaban mi padre y mi tío. La forja y la fragua son muy bonitas. Es artesanía pura, pero ya no queda. De hecho, cuando he ido a comprar carbón hace poco para la fragua me ha costado mucho encontrarlo. Además, los martillos que utilizamos forman parte de nuestra familia desde hace cuatro generaciones. Para nosotros, aunque sea un trabajo duro y poco reconocido, es algo especial, se crea una magia que no se puede describir con palabras». De hecho, este trabajo artesanal hoy en día no es rentable económicamente, pero sí un trabajo que aporta muchas satisfacciones. Por este motivo, estos herreros olontenses lo tienen claro: «Lo hacemos porque nos gusta«.

Esta práctica permite diseños únicos.

Sí, el trabajo de la forja fue desapareciendo de los talleres con la implantación de la electricidad, que se convirtió en la energía principal en sustitución del martillo de hierro y el fuego. Tanto es así que, aunque existen otras empresas que realizan este tipo de trabajos, cada vez es más difícil encontrar especialistas que desarrollan proyectos de forma totalmente artesanal. En la actualidad, la mayoría de los talleres son de carpintería metálica, con bocetos ya prefabricados que luego se sueldan, por lo que es casi imposible contar con diseños de carácter único ni se pueden ajustar a determinadas medidas. Los talleres habitualmente ya no están preparados para ciertos trabajos.



Federico, con una rosa realizada de forma artesanal con hierro, ejemplo de un oficio que se resiste a su desaparición.

Entonces, ¿qué tipo de proyectos de forja artística pueden llevar a cabo estos herreros olontenses? Realmente, un poco de todo, desde restauraciones de objetos y utensilios que hayan sido realizados en hierro, como pueden ser los balcones antiguos, así como espadas, diseños para decorar, escaleras y un largo etcétera. En este aspecto, recuerdan que recientemente han restaurado un balcón de finales del siglo XIX de una casa situada en Cortegana, balconera que es una auténtica obra de arte. Sin embargo, la dueña de la casa tuvo que llamar a muchas puertas -fueron a verlo hasta seis herreros anteriormente- hasta que en Gibraleón le dijeron que sí, que sustituirían el material dañado por otro de diseño similar y trabajado de forma artesanal. El resto, les animó a cambiar el balcón por otro de aluminio.

La Casa Palacio de los Litri, un ejemplo del rico patrimonio que debemos conservar. Sus balconeras, por ejemplo, son auténticas piezas de museo.

Como nos dice Federico, «afortunadamente, esa mujer se había criado en esa casa y quería conservar su personalidad, por lo que no paró hasta encontrarnos. Nosotros le hicimos el trabajo y le fuimos mandando videos del proceso de restauración, porque se trata de una tarea muy laboriosa. Es cierto que tiene un coste, porque son muchas horas de trabajo, pero merece la pena. Y, gracias a ese esfuerzo, ese balcón ahora le va a durar 200 años más. Sería necesario concienciar a la gente de que debemos conservar estos balcones, que forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio. Cada vez que paso por la calle Rábida o por la calle Rico de Huelva pienso que sería una pena que se perdieran esos balcones, que son auténticas piezas de museo. Debemos animar a la gente a conservar esas fachadas históricas, como se hace en otras ciudades. Aquí todavía hay poca cultura en este sentido».



Con la desaparición de la forja se pierde parte de nuestra historia.

Una situación que se vive no sólo en Huelva capital, sino también en otros muchos municipios de la provincia onubense, que cuentan con un patrimonio de incalculable valor, con viviendas que son verdaderas joyas de la arquitectura doméstica. Desgraciadamente, Federico reconoce que, «si se van perdiendo técnicas y oficios, será difícil de restaurar este tipo de construcciones, es decir, pueden perderse muchos edificios de nuestros pueblos, porque ya nadie hace ese trabajo artesanal. Hay pocas empresas especializadas que lo hagan. Porque, cuando se van muriendo los herreros antiguos, el oficio desparece al no existir un relevo generacional. En la carpintería metálica, todo es soldado, por lo que no es posible hacer diseños exclusivos».

Diseño floral realizado en forja para una escalera.

Tanto es así que este taller de Gibraleón no sólo hace restauraciones. Por ejemplo, también ha realizado trabajos para el Muelle de las Carabelas o, incluso, adornos para casas particulares. Así ha sucedido con unas flores en hierro diseñadas para una vivienda en Puebla de Guzmán, flores que gustaron tanto que «después la dueña nos encargó una jara, la planta más representativa del Andévalo. Se la hice en forja para cubrir la escalera. Y el resultado le ha encantado».

Nuestras calles y ciudades están llenas de obras de arte. / Foto: Centro Histórico de Rociana del Condado.

Por este motivo, para finalizar, estos herreros nos dejan un mensaje claro: «Que debemos cuidar nuestro patrimonio y nuestras tradiciones. Debemos valorar todo lo que tenemos, porque, si se pierde, nunca se podrá recuperar. Animo a la gente a no quitar sus balcones de las fachadas antiguas. No es lo mismo poner otro. Si se restauran, quedan como nuevos y son obras de arte que permanecen en nuestras calles, en nuestras ciudades. No los quitarían si supieran el valor que tienen. Debemos trabajar en Huelva por implantar la cultura de conservar lo nuestro, de mantener nuestras casas, con sus fachadas históricas. Sólo así preservaremos nuestra identidad, nuestro pasado y nuestra historia. Es un legado que debemos dejar a nuestros hijos».

Puedes recordar la importancia del patrimonio de las viviendas de Huelva a través de los siguientes reportajes: ‘¿Cómo es la casa típica de Huelva? Quince viviendas que marcan la arquitectura doméstica de la capital’; ‘Las doce viviendas que marcan la singular arquitectura doméstica del Condado de Huelva’; ‘Las veinte casas del Andévalo que demuestran que esta comarca ha sabido conservar sus señas de identidad’; y ‘Las casas que hacen que pasear por las calles de la Sierra onubense sea una auténtica delicia’.

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