¿Nació la tradición de los pasos de Semana Santa en Tartessos?

El investigador y autor Fernando F. Díaz, nos habla también en este artículo del origen de la fiesta de las Chozas de Montemayor en Moguer.

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Danzarines en cerámica arcaica proto-griega hallada en los cabezos de Huelva. Museo, Huelva.

Fernando F. Díaz. El Antiguo Testamento habla en numerosas ocasiones de Tartessos, más de 20, como no podría ser de otra manera, pues en Tartessos se desarrolla la escritura actual. El municipio de Minas de Tharsis, con una H reciente inglesa, en la faja pirítica de Huelva, mantiene hoy el nombre bíblico. Los ricos metales de esta provincia, fueron la razón de ser de Tartessos.

Así, la Biblia describe con detalle los 3 desastres de proporciones bíblicas que la asolaron: desertización (recogida por el Mito de Faetón), Guerra de Troya (Atlántico y Mediterráneo), y terremotos seguidos de un enorme tsunami, aunque no los expone en ese mismo orden.

He descubierto que el motivo de no exponerlos en ese orden es que, tanto los autores del Antiguo Testamento como Platón, en su diálogo Critias, confunden la desolación creada en Iberia y el Mediterráneo por la desertización y el Colapso del Bronce Final, seguido del Tsunami documentado en Huelva, con el Diluvio del que tenían noticias, ocurrido 8.000 años antes.

Escultura del altísimo piloto de Almadraba Arraul, el Jonás bíblico (significa gigante) devuelto por la ballena, que huyó a los confines de occidente y fundó Olhao, junto a Faro, donde se encuentra.

El colapso del Bronce Final, originado por la Gran Guerra de Troya fue histórico, y está demostrado por el registro arqueológico de Andalucía y del Peloponeso Egeo, no tanto así su capital; por eso, porque ocurrió realmente, ocupa el principio de Historia, la obra de Heródoto.



Defiendo que los protagonistas de un período de solo 1.000 años (Adán y Eva, “Diluvio”-historia de los gigantes, la etnia de Gerión y Jonás- y Noé), al ser repartidos en un período 10 veces mayor, se les atribuye erróneamente cientos de años de vida (Noé, 950, Matusalén, 969).

Todos los descendientes de Noé permanecen como toponimias del entorno de Tartessos, incluidos Tarsis y Tubal (Setúbal). Eso refiere a un suceso local, no universal.

Desde el Génesis (relato de la creación), está hablando de Tartessos: comienza con la tentación de la sierpe, que he demostrado que se utilizaba siempre (Homero, Apolodoro, Avieno) como metáfora histórica de las SS de Tartessos, los escitas o troyanos que explotaron primero su oro y plata, y de sus navegantes, también nórdicos, llegados después.

Esas SS, los ofidios de la “Ofir” de Salomón, la Ophiussa de Avieno (Portugal), siguen hoy en su toponimia: Sines, Sintra, Serpa, nuestras “Sierpes”.

El altísimo Jonás, según la Biblia, huyó de Yahvé hasta Tarsis…en los límites del mundo conocido. Jonás reaparece en Olhao, junto al municipio de Faro, bajo la leyenda del altísimo náufrago Arraúl, devuelto al mar tras ser tragado por una ballena.

En los libros de Jonás (1.3), Salmos (72, 10), y Ezequiel (38,13) se dice que Tarsis estaba lejos, hacia el oeste, lo que invalida otras posibles “Tarsis” como la “Tarso” de Anatolia.

Esos navegantes altísimos, aparecen en nuestras tradiciones, en las fiestas de gigantes y cabezudos, y en el inmortal Don Quijote de Miguel de Cervantes (molinos y gigantes). Todo apunta a que D. Miguel, supo de esos gigantes precisamente en su estancia en Huelva.

Justo antes de hablar del “Diluvio”, dice (Isaías, 6, 4): “En ese entonces había gigantes (sierpes) sobre la tierra, y también los hubo después, cuando los hijos de Dios (Filis-Teos) se unieron a las hijas de los hombres (semitas, escitas) y tuvieron hijos de ellas. Estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos”.

En Ezequiel, 27,25, (570 a.C.), dice, refiriéndose a Tiro (fenicios): “Las naves de Tarsis eran las caravanas que traían tus mercancías. Tus remeros te llevaron a mares lejanos. Te llenaste y cargaste en medio del mar”.

Por tanto, Tarsis era una isla o península, en el mar, o costera. Ese “en medio del mar” recuerda a Iberia, en medio del Mare Nostrum y el profundo Ponto, el Atlántico.

Mucho antes del tsunami de 1.130 a.C. que se abalanzó sobre Huelva, un fenómeno venía provocando las invasiones “dóricas”, la colonización de oriente desde Iberia: el calor tórrido que transformó el vergel del Sáhara en desierto. Los de la época trataron de explicarlo con el mito de Faetón (citado por Platón en Timaios, 22 d) o Carro Solar, desde antes de 1.500 a.C.

Marcadores polínicos han demostrado que el suroeste de Iberia fue el más afectado por la desertificación (“Odiel: Proyecto de investigación arqueológica”. Monografías C. Cultura. 2.004).

Danzarines en copa- original.

La Biblia alude a esa sequía que asoló especialmente el suroeste peninsular de Iberia, descrita por Homero como el “fuego de Hefesto” (el Herrero), el carro solar-mito de Faetón (el Sol se acercó a la tierra): “En su tiempo, volvió atrás el sol, y consoló a los que lloraban en Sión”, Eclesiastés (48, 26). Ese era el “Monte-Mayor”

Así, dice: “Escuchen la queja de Yavé: Crié hijos hasta hacerlos hombres, pero se rebelaron contra mí (…) Su país es ahora un desierto, sus ciudades fueron presa del fuego; vieron su tierra saqueada (Troya), y al irse el enemigo, les deja un desierto” (I, 2, y I, 7).

Pero como, según Yavé esa viña “dio frutos amargos”, dice que “no será más que maleza para el fuego; derribaré el muro y la convertiré en un lugar devastado (…) y mandaré a las nubes que no dejen caer más lluvia sobre ella”. Por eso, dijo (en 1, 25) “Volveré mi mano contra ti y te limpiaré de tus impurezas en el horno”.

Esas alteraciones climáticas trajeron migraciones, y una gran guerra total, la de Troya, el colapso o involución de la humanidad conocida, hacia 1.200 a.C: “Llegará el día que Yahvé mande los ejércitos sobre todos los altivos y engreídos para humillarlos, sobre todos los cedros del Líbano (Fenicia), sobre las robustas encinas de Basán (Altos del Golán), sobre todas las naves de Tarschish (Tartessos), sobre sus murallas fortificadas y sobre todos sus preciosos monumentos” (Isaías 2. 12-16, hacia el S. VIII a.C.): dice que mandará ejércitos…a Tartessos.

Luego, arrasadas ya las ciudades de Andalucía, sucedió el tsunami de Huelva, que justifica como un castigo de Yavé contra la sede de esa gran guerra, por sus riquezas, y lo confunde como Platón, con el Diluvio: “Viendo Dios que la tierra estaba llena de violencia, dijo Dios a Noé: he decidido acabar con todos los mortales, los voy a hacer desaparecer” (Isaías, 6, 11). Eso lo demuestro en mi próxima obra.

Joaquín Rodríguez Vidal, de la Universidad de Huelva, lo data en 1.130 a.C., poco antes de 1.107 a.C., la fecha de llegada de unos fenicios que buscaban las columnas de Heracles en el Odiel, como cita Estrabón (Geografía III, 5, 5), y antes del 900 a.C., la fecha en que se ha tardodatado el depósito votivo de armas del Odiel. Estrabón las sitúa en el paralelo de Huelva.

Fue una ofrenda a Posidón, supuesto causante del tsunami, por eso se hizo entre Bacuta (la Trinacia de Homero) y su templo, hoy Santuario de La Cinta, frente al Atlántico y en el manantial donde nace el acueducto prerromano de “La Fuente Vieja”, restaurado, mencionado por Platón.

En Ezequiel, se dice en referencia a Tarsis: “Tus marineros y pilotos, tus expertos comerciantes y todos tus guerreros, se hundirán en lo profundo del mar, en el día de tu ruina. A los gritos de tus marineros temblarán las costas. Fuiste tragada por las olas (…) Has desaparecido para siempre” (Ezequiel, 27,27).

Es lo mismo, casi palabra por palabra, que dice Platón en su diálogo “Timaios” (22 b): “tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario (sería un Tsunami), en un día y una noche terribles, su clase guerrera, la nuestra (la ateniense), se hundieron”.

En Isaías, 24, a continuación de justificar el tsunami de Tarsis, menciona varios detalles que retratan Tartessos, refiriéndose también a la Tarsis bíblica, la que sufrió el tsunami, dice “Ya no tocan los tambores ni resuenan las guitarras, ha cesado el bullicio de la fiesta”.

Platón confirma que en ese puerto había bullicio, por “los comerciantes llegados de todas partes” (C. 117 e) y es lo que dice el registro arqueológico (ricas tumbas de La Joya, con influencias de Escandinavia y de Oriente).

También habla (Isaías, 24, 14) de los cantes de Huelva, el “flamenco” (Aves del Odiel), los fandangos, que a pesar de lo sufrido, justifica como un canto de alabanza a Yahvé: “Ellos levantan la voz, gritan de alegría, avivan el nombre de Yahvé desde la orilla del mar, y desde las islas del mar adentro (Canarias, Madeira, Azores). Desde el fin del mundo se escuchan cantos”.

Precisamente, Homero menciona esos cantes en el País de los feacios de Odisea, incluso describe cómo bailaban “sevillanas”, antes de fundarse Spal, Hispalis, ante un inmenso gentío, con guirnaldas en el pelo: “en redondo con ágiles pies se movían” (Odisea, VII y ss.).

También describe el tipo de danzas que se puede ver hoy en la romería de San Benito, en el Cerro de Andévalo (Youtube): “otras veces, separadamente, en hileras dispuestos”. No parece el Sirtaky griego. Dice: “los mancebos y vírgenes de las manos cogidos danzaban y se divertían (…) Gustamos de los banquetes, la cítara, las danzas, (…). Danzad ya vosotros, los más consumados bailarines feacios, para que vean cuán superiores somos a los demás mortales en la ciencia del mar, en la agilidad de los pies, y en el baile y el canto” (Odisea, VIII, 250-255).

Platón confirma que en ese puerto había bullicio, por “los comerciantes llegados de todas partes” (C. 117 e) y ese comercio es lo que certifica el registro arqueológico de Huelva (ricas tumbas de La Joya, con influencias de Escandinavia y de Oriente).

A continuación (Isaías, 24, 18), dice “Ese día, Yahvé castigará al ejército de los cielos”; no se entiende sin leer a Platón: ¿acaso los ejércitos de los cielos no son los de Yahvé, entonces, porqué los castiga con un terremoto?; la respuesta también la da Homero: los “divinos”, eran los llegados del Atlántico Norte, y los Escitas de la Estepa, los de Tartessos.

Por último, Tartessos fue renombrada también en tiempos del sabio rey Salomón, el de las Minas de oro y plata de Tartessos: “Terminada la casa (…) Salomón mandó también construir una flota a orillas del Mar Rojo (el Tintodiel, la Laguna Eritia). Hiram mandó a esta flota algunos de sus marineros, conocedores del mar, con la gente de Salomón. Llegaron a Ofir y trajeron de allí 400 talentos de oro que llevaron al Rey Salomón” (I de Reyes, 9, 26, y II de Crónicas, 8, 17).

Es 3 veces más, de lo que había podido traer Hiram, con su flota. Eran naves “Tipo Tarsis”, sinónimo de grandes, para viajes largos, como explica más adelante (1 Reyes, 22,49). A partir de entonces, recibía oro cada 3 años, a razón de “666 barras de oro” al año (I de Reyes, 10, 14, y II de Crónicas, 9, 13). Observen que es un número impostado: el de las 3 “Sanlúcar”, la bestia.

Tartessos aparece también cuando narra la historia del pueblo filisteo (los navegantes de Escandinavia), y del Semita (los escitas, transformados en fenicios entre Iberia y Líbano).

Hay muchas tradiciones en la zona de Huelva, que la vinculan a Salomón: por ej. Jeremías, 10, 9 (620 a.C.) dice que ya entonces se paseaban allí imágenes de madera, cubiertas “con láminas de plata importada de Tarsis y con oro de Ofir (…) y los visten de púrpura violeta y roja”.

Esa púrpura se obtenía de la cañailla o Murex (Rey-Toro, Thor), antiguo nombre de la actual Villamanrique de la Condesa, situada en el camino de Tejada la Vieja, al mar.

Por tanto, lo que hacemos ahora en nuestras procesiones de Semana Santa y de santos, que “tienen que ser transportados pues no pueden andar”, como cita, es indicio de esa relación.

Y dice “Celebró Salomón la fiesta de las Chozas” (Reyes-I, 8, 64). Es celebrada aún hoy, con motivo de la Romería de “Montemayor”, en Moguer, cerca de Huelva. Probablemente, es una referencia al Monte Sión, la ciudad de Salomón, Jerusalén, en Israel.

Durante tres intensos días del mes de mayo los asistentes combinan la fiesta con la devoción, viviendo en chozos de eucalipto construidos por ellos mismos. El primer dato históricamente documentado sobre “un santuario” en Montemayor es del año 1380.

Fernando F. Díaz es un investigador de Tartessos residente en Huelva, y autor de “Capitales Imperiales de Tartessos”, una de las obras mejor valoradas por la crítica. También ha participado en el documental “El Rey Salomón: Las minas al descubierto”.

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