Los diez yacimientos subacuáticos onubenses declarados BIC, una muestra de la riqueza patrimonial de los fondos marinos de Huelva

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Imagen de los trabajos de prospección subacuática llevados a cabo por el Grupo Ánfora, de Huelva.
Huelva cuenta, al menos, con 10 yacimientos arqueológicos subacuáticos en el Catálogo de Patrimonio Histórico Andaluz. / Foto: IAPH.

Mari Paz Díaz. La provincia de Huelva cuenta, al menos, con 10 yacimientos arqueológicos situados bajo sus aguas, restos que forman parte del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, es decir, que tienen un régimen de protección jurídica de acuerdo con las recomendaciones de la Unesco. Este dato sitúa a Huelva como la segunda provincia andaluza, tan sólo superada por Cádiz -que cuenta con 31 yacimientos subacuáticos-, en número de restos arqueológicos bajo el mar, algunos de los cuales resaltan por su enorme relevancia dado su carácter único.

Son siete los yacimientos inscritos y tres torres almenaras.

En concreto, las zonas arqueológicas subacuáticas de la provincia de Huelva inscritas en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz están conformadas por siete yacimientos y tres torres-vigías (Torre del Río del Oro, Torre del Asperillo y Torre de la Higuera), que se incluyen en este régimen de protección al estar sus restos total o parcialmente cubiertos por las aguas marinas.



Conjunto de armas aparecidas en la Ría de Huelva, un hito para la arqueología.

En total, los 56 yacimientos que permanecen bajo las aguas de Andalucía abarcan todas las culturas desde la Protohistoria hasta la Edad Contemporánea, encontrándose entre los más antiguos de la región el enclave arqueológico situado en la Ría de Huelva, con restos de finales de la Edad del Bronce. Un yacimiento de enorme valor, que fue descubierto durante un dragado realizado en marzo de 1923 en las inmediaciones del Muelle de Tharsis, cuando aparecieron objetos de bronce (espadas, puñales, fíbulas, puntas de lanza y flechas, botones, anillas, etc.), todos de mediados del siglo IX a.C, aunque también es posible contemplar su límite superior, es decir, el siglo X a.n.e., tomando como referencia la existencia en este conjunto de piezas de la fíbula de codo, presente durante dicha centuria en el Mediterráneo.

Algunas de las piezas halladas en la Ría de Huelva.

Este hallazgo fue comunicado a la Real Academia de la Historia de Madrid por José Albelda, ingeniero subdirector de las obras del Puerto de Huelva y secretario de la Comisión de Monumentos de la citada provincia. De la misma forma, y tras llevar a cabo una recopilación bibliográfica sobre los mencionados objetos de bronce, se llegó a comprobar la existencia de algunas piezas en colecciones particulares, como es el caso de la espada presentada en el VIII Congreso Nacional de Arqueología celebrado en Zaragoza en el año 1964. Igualmente, algunas piezas procedentes de este hallazgo se encuentran expuestas en el Museo Naval de San Fernando (Cádiz).



Durante un dragado realizado en 1974 aparecieron dos cañones en el Muelle de Levante de Huelva.

Muy cerca de esta zona está el yacimiento del Muelle de Levante, que salió a la luz con motivo de otro dragado, esta vez en 1905, en el canal de la barra de la Ría de Huelva, donde se extrajeron 46 monedas de oro acuñadas en América del Sur (siglos XVI -XVII) y una anilla de oro y un trozo de eslabón de oro. Dichas piezas fueron presentadas en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929 y en el año 1937 se depositaron en el Banco de España en cumplimiento del Decreto Ley de 14 de marzo del mismo año, no teniéndose más noticias sobre ellas hasta 1997. Actualmente, se encuentran depositadas en el Museo de Huelva.

Uno de los cañones rescatados por el Instituto de Patrimonio en el Golfo de Cádiz. / Foto: IAPH.

Luego, en el año 1974 tuvo lugar en el Muelle de Levante otro dragado en el que se extrajeron dos cañones de bronce que también se encuentran en el Museo de Huelva. Los dos cañones son del tipo culebrina legítima, de los siglos XVI-XVII y de forma octogonal. Uno de ellos está decorado con tres serpientes en relieve de perfil sinuoso junto a la boca, mientras que el otro tiene sólo una serpiente similar en la parte del cascabel.



Un hundimiento que se produjo durante la Segunda Guerra Mundial. / Foto: segundaguerramundial.es

Pero, además, Huelva también cuenta con uno de los más modernos yacimientos subacuáticos de Andalucía. Se trata del pecio del Empire Warrior, buque británico, con matrícula de Londres, hundido en Huelva en 1941 por tres aviones alemanes. Fue en la Segunda Guerra Mundial cuando se hundió este barco en la zona del río Guadiana, en Ayamonte. Realizaba la ruta desde Newcastle y Cardiff al puerto fluvial portugués de Pomarão. Este barco fue hundido en el Guadiana el 19 de junio de 1941, a milla y media de la boca del Guadiana, mientras se encontraba anclado en las cercanías de la barra aguardando la llegada del práctico para navegar río arriba. Llevaba en sus bodegas 1.340 tm de carbón de coque y 60 tm de carga general y fue hundido por tres aviones Focke Wukf-Condor alemanes.

Imagen del buque Sarastone. / Foto: Archivo personal de Jesús Copeiro.

Pero no es este el único barco incluido entre los restos arqueológicos subacuáticos más valiosos de Huelva. También destaca el buque británico ‘Sarastone’, de 2.473 tm y matrícula de Llaney (Gales), hundido en la costa de Mazagón el 29 de octubre de 1941 tras su bombardeo por un avión alemán en la salida de la barra del Puerto de Huelva, en la Segunda Guerra Mundial. Según el investigador Jesús Copeiro, en esta operación no sólo fue atacado este barco, sino también otro buque británico llamado ‘Baron Newlands’. Ambos recibieron los disparos de un avión alemán frente a la playa de Mazagón. Sin embargo, “el Sarastone iba en primera posición y tuvo un impacto en la bodega nº 2, situada delante del puente de mando. Este hecho provocó que se partiera en dos y se hundió en tan sólo 15 minutos. Mientras, el Baron Newlands pudo dar la vuelta y entrar en el canal del Padre Santo, en la barra. Una rápida operación que le permitió salvarse”. Parte de esta embarcación, del ‘Sarastone’, fue recuperada en 1959, junto a 2.000 toneladas de pirita que guardaba en sus bodegas, mientras que el resto permanece en el fondo del mar, en Mazagón. Era asiduo del puerto onubense, cargando en diversas ocasiones mineral en los muelles de Tharsis y Riotinto.

Torre Zalabar. / Foto: almonte.es.

Otro pecio hundido que es recogido en esta clasificación del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz es el situado en las costas de Doñana, a la altura de torre Zalabar. En este yacimiento de la Edad Moderna se observan restos de madera y metales, como cañones, balas de cañón, forros de barco y restos de ballestas.

Playa de Mata del Difunto, situada en Doñana (Almonte).

También en esta zona se encuentra otro de los yacimientos subacuáticos onubenses, como sucede con la Mata del Difunto (Almonte). Esta zona se compone de restos de pernos de bronce, clavos, cañones de hierro y maderas. Algunos restos de madera en su parte central no se apoyan directamente sobre el fondo marino, existiendo oquedades que provocan un desnivel de aproximadamente un metro.

La playa del Picacho se encuentra en Mazagón.

Muy cerca hallamos el yacimiento de Bajo del Picacho, en Mazagón, del que se tiene conocimiento tras la aparición de diverso material arqueológico por los trabajos de extracción de chatarra de hierro, plomo y cobre en esta zona (con restos de la época romana y moderna). Su situación bajo la desembocadura del río Guadalquivir hace pensar que fuera un área en la que abundaron los naufragios.

A estos yacimientos se unen también los restos de tres torres-vigías: Torre del Río Oro, Torre del Asperillo y Torre de la Higuera. Se trata, por tanto, de aquellas torres almenaras situadas en la provincia de Huelva, cuyos restos quedan total o parcialmente cubiertos por las aguas marinas.

La conocida popularmente como Torre del Loro se llama, en realidad, Torre del Río Oro. / Foto: Antonio J. Pérez Márquez.

En primer lugar, en Mazagón, se sitúa la Torre del Loro o Torre del Oro, de la Edad Moderna, muy conocida, a pesar de que su estado de conservación no es muy bueno, puesto que tan sólo quedan unos restos de muros en los que puede apreciarse el sillar mampuesto, muros que se ocultan cuando hay marea alta. En la primera mitad del siglo XVIII, se decidió su demolición por temor a que basculara y su reedificación a 50 metros. Su ubicación es de gran belleza al estar en la zona de Doñana y en el entorno al acantilado del Asperillo. Moguer, Palos, Lucena del Puerto y Almonte comparten el término municipal de esta playa.

Torre del Asperillo. / Foto: IAPH.

De la Torre del Asperillo, en Almonte, entre Matalascañas y Mazagón, sólo se conservan unos restos, torre de la que se sabe que a comienzos del XVII estaba sin acabar debido a que los piratas corsarios la derribaron cuando se estaba construyendo, así como la Torre Marijata de El Portil, sobre la que durante mucho tiempo se dudó sobre su existencia. Actualmente, los restos se encuentran sumergidos, siendo sólo visibles con grandes bajamares, como fragmentos de muro en los que se puede apreciar la envoltura exterior de sillares de mampuestos y el núcleo de ripio con argamasa, todo ello con la leve curvatura del muro de la torre. Probablemente en la primera mitad del siglo XVIII, y por temor a que basculara la almenara, como el caso ocurrido con la torre de la Higuera, se decidió y ejecutó su demolición y reedificación a 50 metros del borde del acantilado, tierra adentro. Sin embargo, hoy en día no es posible saber si los restos actualmente visibles se corresponden con la primera o la segunda edificación.

La conocida playa de Matalascañas.
Torre La Higuera, un símbolo de Matalascañas.

Por último, en Almonte, es más que conocida la Torre La Higuera, ya que es todo un símbolo de la playa de Matalascañas. Torre vigía que a causa de un temporal basculó desde la parte superior del acantilado margo-arenoso de origen continental que costea todo el tramo del litoral de Arenas Gordas. También se apunta a que su estado actual inclinado se debe a los efectos del terremoto de Lisboa (1755), cuando la edificación volcó. Solo se conservan los cimientos de la torre y de forma invertida, sufriendo de forma continua la erosión de las olas del mar. Se encuentra en posición invertida, mientras que los muros se hunden en la arena y el agua.

Imagen de los trabajos de prospección subacuática llevados a cabo por el Grupo Ánfora, de Huelva.

Unos datos que ponen de manifiesto que el fondo marino onubense cuenta con belleza y riqueza. Y no sólo de carácter marino y natural. No olvidemos que la privilegiada posición de la provincia de Huelva, al situarse entre el océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, ha propiciado a lo largo de la historia que sean numerosos los grandes navíos que han transitado por sus aguas, siendo especialmente interesantes los buques de la etapa colonial española que transportaban las monedas de oro y plata desde América al continente europeo en el marco del comercio de las Indias. Pero, de igual modo, resultan llamativos los barcos que participaron en la Batalla de Trafalgar e, incluso, la Segunda Guerra Mundial, como hemos visto (Los tesoros que esconden los barcos hundidos en aguas onubenses).

Algunos objetos del Museo de Arqueología Subacuática.
Algunos objetos del Museo de Arqueología Subacuática.

Protección yacimientos. La declaración como zonas arqueológicas tiene como principal objetivo preservar del expolio todo el patrimonio subacuático de carácter histórico. Entre otras medidas de protección, establece la obligatoriedad de una autorización de la Consejería de Cultura para las obras e intervenciones de remoción de terrenos en las zonas delimitadas (construcción de gaseoductos y puertos, dragados, regeneración de playas, parques eólicos-marítimos, etc.).

Además, a los 56 yacimientos andaluces incluidos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico con el máximo nivel de protección, se añaden otros 42 espacios subacuáticos declarados por la Consejería de Cultura como Zonas de Servidumbre Arqueológica y definidos como aquellas áreas en las que se presupone fundamentalmente la existencia de restos, aunque sin conocimiento documentado.

Isla Canela. / Foto: Ministerio de Medio Ambiente.

De hecho, son varios los enclaves arqueológicos onubenses que cuentan con un alto valor patrimonial, lo que abre una puerta a su declaración como BIC. Así sucede, por ejemplo, con el yacimiento romano de Isla Canela. Conocido desde el siglo XVII, este yacimiento, que abarca desde Canela a Punta del Moral, ha sido investigado en diversas ocasiones, como cuando en 1981 fue descubierto un mausoleo romano. Los últimos trabajos, llevados a cabo entre 2015 y 2016, estuvieron dirigidos por los arqueólogos Jesús de Haro Ordoñez, Benjamín Cabaco Encinas y Elisabet García Teyssandier. Más datos de este yacimiento en este artículo: La aparición de un nuevo monumento funerario en Isla Canela abre la puerta a la declaración de BIC de este yacimiento romano de Ayamonte

Imagen de la Ría del Carreras. / Foto: Huelva marinera.

Muy relacionado con esta zona se encuentra también el yacimiento romano de la Ría Carreras, descubierto en el año 2011, justo en una zona que separa los municipios de Isla Cristina y Ayamonte. Restos subacuáticos que llamaban mucho la atención de la comunidad científica por el nivel de conservación de una auténtica ciudad romana bajo el agua datada en el siglo I d. C. El análisis de sus restos ha demostrado que esta ciudad situada en la zona del Caño de la Mojarra era un punto destacado del comercio internacional en el Imperio Romano, donde llegaban materiales procedentes de lugares tan lejanos como Siria o Palestina. Y, de hecho, los vestigios determinan que la ciudad tuvo vida hasta la Edad Moderna, llegando incluso hasta el siglo XVI. Puedes conocer más datos de este yacimiento en el artículo ‘La misteriosa isla de la época romana que permanece sumergida bajo las aguas del río Carreras’ En definitiva, como se puede comprobar, los fondos marinos onubenses son todo un museo arqueológico.