Mercedes

El almonteño Luis Faraco Roldán cumple su sueño de graduarse en Historia a los 60 años

Tras media vida trabajando en distintos sectores e incluso participando en política, con 56 años y prejubilado de la banca decidió hacer realidad su sueño de ir a la universidad y matricularse en la carrera de Historia. Cuatro años después ha conseguido graduarse con todos los honores, una lección viva de que nunca es tarde para estudiar y formarse.

El almonteño Luis Faraco Roldán se gradúa con 60 años en Historia.

Cristina Morales. Hoy en día es relativamente sencillo acceder a la universidad, aunque sigue suponiendo un gran esfuerzo para las familias con menos recursos, es cierto que existen más ayudas, becas y opciones para poder cursar estudios superiores. La proliferación de universidades en cada vez más ciudades ha hecho también que sea más accesible. Sin embargo, hace unas décadas esta situación era muy diferentes, solo podían llegar a estudiar una carrera los hijos de familias acomodadas, los residentes en grandes ciudades y los afortunados que lograban una de las pocas becas que se ofrecían; pocos más llegaban a formarse, teniendo que trabajar desde edades muy tempranas.

De ahí que muchas personas que no tuvieron la oportunidad de estudiar, vean ahora el momento oportuno para cumplir su sueño. Es el caso de Luis Faraco Roldán, un almonteño de 60 años que hace cuatro tomaría la determinación de ir a la universidad, un anhelo que guardaba en sus adentros desde su juventud. Con tan solo 16 años comenzaría a trabajar de botones en el Banco Español de Crédito S.A. (Banesto). Sin embargo, seguiría estudiando 6º de Bachiller en el Instituto La Rábida de Huelva, donde también cursó el COU nocturno, ya que en Almonte no se podía cursar en horario compatible. Su trabajo le facilitaría seguir formándose, cursando estudios de banca (a distancia) y de empresariales (a distancia y semipresencial) en el Colegio Universitario de Estudios Financieros en Madrid.

Desde siempre le ha interesado mucho la historia, también el derecho.

Siendo una persona con muchas inquietudes y apasionado por las humanidades y las ciencias sociales, no perdería la oportunidad de participar activamente en la política local. En 1983, con 23 años, fue elegido concejal (8 años) y diputado provincial (4 años), cargos que compatibilizó con su trabajo profesional, ya que no se liberó en ninguna de las dos instituciones, de las que formó parte del Equipo de Gobierno. El 27 de diciembre de 1993 fue nombrado director de la oficina de Banesto en Lepe (un día antes de la intervención del banco). Allí permaneció 5 años y posteriormente desempeñó la dirección de las oficinas de Banesto en Huelva, Urbana Isla Chica; Huelva, Oficina Principal y Almonte, donde estuvo hasta la fusión de Banesto con Santander en noviembre de 2013. Los últimos meses los pasó en la oficina de Bollullos, hasta que se prejubila en mayo de 2014.




En este momento ve la oportunidad perfecta para cumplir su sueño e ir de forma presencial a la universidad. Debatiéndose entre el  derecho y la historia, finalmente se decantaría por estudiar la carrera de Historia. Le motivaba el afán por conocer el pasado y construir el futuro en base a lo aprendido, el pilar fundamental de cualquier civilización. Tras cuatro años de esfuerzo y estudio intenso, el pasado julio se graduaría, cumpliendo uno de sus anhelos. Orgulloso por la hazaña y ansioso por seguir aprendiendo, amenaza con volver a matricularse en un nuevo grado o en estudios de posgrado. Un ejemplo de que nunca es tarde para aprender, con 60 años sigue con ganas de cultivar su mente y ampliar su sabiduría. Para conocer mejor su historia, hablamos con Luis Faraco Roldán.

Comenzó a trabajar con tan solo 16 años y no pudo ir a la universidad.

– ¿Por qué decide empezar a estudiar en la universidad?
– He sido una persona con inquietudes y con ganas de aprender y de superarme. Siempre admiré a las personas que tenían sueños y que con su esfuerzo y perseverancia eran capaces de conseguirlos. Hay una frase del filósofo Spinoza con la que me identifico totalmente: La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre. Lo cierto es que al llegar al final de mi vida profesional, con apenas 55 años, era el momento de replantearme muchas cosas pero, bajo ningún concepto, era momento de mirar atrás ni de instalarme en la complacencia por haber conseguido en la vida algunas metas, impensables en mi juventud. Más bien era el momento de mirar al futuro y de volver, nuevamente, a soñar.




La primera pregunta que me hice es ¿en qué quiero ocupar las 24 horas del día? Lógicamente no estaba solo, también mi esposa tenía que compartir mis sueños y tendría que aportar su opinión. Y ella fue la primera que me impulsó a que intentara aprobar mi “asignatura pendiente”, que me matriculara en la carrera que más me gustase, no por cuestiones profesionales ni materiales, no, lo único que tenía que pensar era qué me gustaría aprender de verdad. Que no me lo tomara como una competición con nadie, salvo conmigo mismo, que disfrutara al máximo de la vida universitaria y que me olvidara de mi edad, mis problemas y mi pasado. Tengo que reconocer que me invadían los nervios y las dudas. También tengo que reconocer que sin ese impulso seguramente no hubiese dado el paso final. Ella me acompañó a la universidad a pedir información, me dio ánimos y confió plenamente en mí. Desde aquí quiero manifestar públicamente mi agradecimiento a mi mujer, Paola. Elegir una buena pareja te puede impulsar y hacerte crecer.

Tiene en su mujer Paola su mayor apoyo.

– ¿Por qué se decanta por la carrera de historia?
– Fue una decisión muy meditada. Después de pensarlo mucho, mi duda estaba entre Derecho o Historia. Ambas carreras tienen mucho que ver con mis inquietudes sociales y políticas. Los estudios en Derecho incidían más en el ámbito del conocimiento constitucional y de las libertades democráticas, desde un punto de vista técnico. Los estudios en Historia suponían el conocimiento del pasado, de los hechos y acontecimientos que nos han traído hasta aquí, hasta el presente. Pero sobre todo, y cualquier historiador lo corroborará, ese conocimiento del pasado es la mejor garantía para proyectarnos hacia el futuro. El conocimiento de los aciertos pasados, aunque nunca las circunstancias son idénticas, nos ayuda en la planificación de las acciones futuras y, por supuesto, el conocimiento de los errores del pasado es la mejor vacuna para que no se vuelvan a repetir nuevamente. Quizás por eso, desde la antigüedad, la Historia, formaba parte de la formación de príncipes y gobernantes. Después de estas reflexiones estaba claro que me decantaría por hacer la carrera de Historia, en el itinerario de estudios sociales.

– ¿Fue duro incorporarse a las clases?
– Duro no sería la palabra, fue algo apasionante y nuevo para mí, ya que con 56 años ponía por primera vez un pie en la universidad rodeado de compañeros casi 40 años más jóvenes que yo y profesores, la mayoría, también más jóvenes. Mi sorpresa fue que no era el único de esa edad, compartía clases con Juan, 10 años mayor que yo y con Manuel (de Humanidades) un año mayor.

Le apasiona viajar y recorrer mundo.

– ¿Cómo lo acogieron el resto de alumnos?
– Tengo que decir que muy bien. En ningún momento me hicieron sentir diferente, charlábamos entre clases con absoluta normalidad, compartíamos grupos de trabajo, bromeábamos, chateábamos, etc. Yo creo que en la Facultad de Humanidades, en general, se establece entre los alumnos una relación muy fluida. El grado de Historia comparte asignaturas con el grado de Humanidades y eso hace que la mezcla y la convivencia con otros alumnos sea constante. El grupo de personas es muy amplio y diverso. Yo me he sentido uno más y eso se lo tengo que agradecer a todos y cada uno de mis compañeros de facultad y también a los profesores.

– ¿Veía muchas diferencias generacionales?
– Si, claramente. La disciplina de mi época de estudiante, durante la dictadura, no tiene nada que ver con la de la actualidad. Poca gente, sobre todo en los pueblos, accedía a estudios superiores. Aunque había becas teníamos que desplazarnos a Sevilla para estudiar por ser la universidad más cercana. La actitud es muy diferente, en mi época teníamos más espíritu de sacrificio, quizás era todo más gris y había menos posibilidades de distracción, menos diversiones. Éramos muchos hermanos, casi siempre, y nuestros padres no nos podían facilitar la vida, sobre todo a los mayores. No digo que aquella época fuese mejor ni peor, era diferente. Ahora veo que los jóvenes son más niños, quizás porque la esperanza de vida es mayor y las distintas etapas (infancia, adolescencia, juventud) son más largas. Pero, de todas formas, a cada uno nos ha tocado vivir nuestra época y tenemos que vivirla, disfrutarla y exprimirla al máximo, con las circunstancias que nos tocan.

Piensa seguir estudiando.

– ¿Qué le ha aportado esta experiencia?
– Ha sido muy enriquecedora, me ha servido para aprender muchas cosas y no solo de los libros. Me llevo la mochila llena de personas, de compañeros (los mejores) que me han enseñado compañerismo y convivencia, y de profesores (los más preparados y profesionales) que me han enseñado conocimientos y sobre todo la pasión por conocer. He aprendido que la vida no es corta ni larga por el tiempo en sí sino por cómo la ocupas, hay tiempo para todo.

– ¿Volvería a matricularse?
– Por supuesto, sin dudarlo ni un momento. No solo lo volvería a hacer sino que, aunque es pronto, estoy pensando continuar mis estudios en Historia, con algún Máster o iniciar una nueva carrera, ya veremos. Pero lo que sí quiero es recomendarles a todos que lo hagan, que merece la pena ya que el saber es importante para uno mismo, independientemente de la edad y de las circunstancias de cada cual. No lo piensen ¡háganlo!

– ¿Qué sintió en su graduación?
– Una gran satisfacción por haber concluido con éxito y en el mínimo tiempo posible la carrera, algo muy distinto a lo que sentía hace cuatro años. Ahora estoy relajado, tranquilo y agradecido a mucha gente. Es la sensación de llegar a una meta, no a la meta en general, ya que a esa creo que no llegamos nunca.

– ¿Qué ha aprendido de la universidad?
– Lo primero, que es el mejor lugar donde puede habitar el saber y la palabra. Además, he comprendido otros aspectos como que en la elaboración de los sistemas y planes de estudios se debería contar más con los profesores y los alumnos. También que no se pueden infravalorar las humanidades porque el espíritu crítico es imprescindible para el avance de cualquier sociedad. La universidad es, bajo mi punto de vista, una etapa que toda persona debería vivir, te ayuda a comprender la realidad de otra forma y te permite adquirir numerosos conocimientos procedentes de diversas materias. Además de esto, ha despertado en mí todo un mundo infinito de conocimientos y sensibilidad, lo que me hace pensar que esto no ha hecho más que empezar.

Ir a la universidad y convivir con compañeros tan jóvenes ha sido una experiencia muy enriquecedora para Luis.

– ¿Tiene nuevos proyectos a la vista?
– Este verano, hacer con mi mujer el Camino de Santiago. Para mí sería el segundo, el primero lo hice días antes de empezar mis estudios. Después decidiré, pero cualquier cosa menos quedarme quieto en casa o sentado en una plaza.

– Envíe un mensaje a los onubenses.
Mi mensaje a los onubenses es que tenemos una de las mejores ciudades del mundo para vivir. Yo conozco muchos lugares distintos y diversos porque me encanta viajar y las condiciones que reúne este rincón son únicas. Tenemos que creer en lo nuestro y defenderlo a capa y espada. Solo nos falta que nuestros políticos y representantes en las instituciones crean en nuestro futuro, luchen por él y nos doten de las infraestructuras que nos merecemos. Los onubenses tenemos que creernos lo que tenemos, estar orgullosos de nuestra tierra y reivindicar por ella.










Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.