La ciudad que nunca existió

El catedrático y filólogo palmerino Manuel Ramírez Cepeda nos ofrece otra perspectiva sobre Tartessos

El catedrático y filólogo palmerino Manuel Ramírez Cepeda nos ofrece otra perspectiva sobre Tartessos

Manuel Ramírez Cepeda. Todavía hay investigadores que siguen buscando la mítica ciudad de Tartessos… Pasión inútil, sencillamente porque esa ciudad nunca existió. En ese empeño, unos y otros continúan la estela del francés George Bonsor y luego del alemán Adolf Schulten. Basándose en textos bíblicos y grecolatinos, ambos arqueólogos tuvieron el indudable mérito de desmitificar al legendario Tartessos y conferirle entidad histórica. Pero se equivocaron al creer que debió existir una gran ciudad griega o fenicia con ese nombre en estos territorios sureños, a la que quisieron imaginar en el extremo oriental del coto de Doñana.

Estoy convencido de que Tartessos no fue una metrópolis urbana sino un intenso tráfico comercial marítimo que, principalmente desde el siglo X al VI a.C., se desarrolló entre las desembocaduras de los ríos Odiel y Guadalquivir. Lo promovieron los fenicios:  culto pueblo comerciante originario de Asia Menor y que tradicionalmente sólo se movía a través del seguro mar Mediterráneo.

Festival de Punta Canela

Pero la búsqueda de metales preciosos (en el actual Andévalo onubense) les llevó a empresas más arduas arriesgándose a adentrarse en el océano Atlántico, para ellos hasta entonces desconocido.

En esos peligrosos periplos marítimos (aunque casi siempre arrimados a la costa) estos navegantes se encomendaron a algunos de sus dioses protectores, cuyos nombres pusieron a las colonias o factorías aquí fundadas por ellos. Por ejemplo:


Puerto de Huelva

 

*  ICH-STARTÉ (‘sitio en honor a Starté’, en su idioma púnico), topónimo que veo como origen de la palabra Saltés:  islote cercano a Punta Umbría y enclavado en plena ría de Huelva, entonces mucho más amplia y navegable y principal enclave para el embarque de metales rumbo a lejanas tierras. Allí debió existir un santuario consagrado a esa veneranda diosa fenicia.

 

*  ÓN-BAAL (‘poderoso Baal’) > Onba > Olba > Huelva… Caso paralelo es Ich-Baál > Hispalia > Sbilia > Sevilla, fundada también cerca de otro santuario fenicio:  el Carambolo.

 

* ICH-DAGÓN (‘sitio en honor a Dagón’). Los romanos llamaron a esa zona costera *Mare(s)Dagón. Estoy también convencido de que, de esa expresión, proviene el topónimo Mazagón.

Por otra parte pienso que, en principio, no a la Península Ibérica en general -como es creencia generalizada- sino sólo a la zona más cercana a esta costa occidental onubense los fenicios le pusieron el nombre de ICH-SPÁN, que en su idioma púnico significa ‘territorio de damanes’…Y ello por la enorme cantidad de conejos (animales desconocidos hasta entonces para ellos pero parecidos a esos roedores afro-asiáticos) que a los propios colonos fenicios les llamó la atención en esas grandes extensiones de matorral y monte bajo, actual (pre)coto de Doñana.

Los romanos latinizaron dicho nombre bajo la forma Hispania, posteriormente extendida a otras áreas geográficas de la Península durante el largo proceso de la romanización, de ahí el topónimo España.

En suma, como ya en su momento expuse en la revista Corumbel,  Tartessos no fue una ciudad y ni mucho menos un reino o una civilización sino un muy importante enclave portuario situado en la amplia confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Y, por extensión, un prolongado tráfico de barcos fenicios por la costa occidental de la actual provincia de Huelva.

El nombre Startessos, luego simplificado en Tartessos, no es más que una palabra griega recreada o derivada (mediante el sufijo -essos) con el significado de ‘el lugar de la diosa Starté’. La acuñaron escritores helenos, varios siglos más tarde, para evocar aquel gran y duradero tráfico comercial marítimo desarrollado por los fenicios a lo largo de un concreto tramo del litoral onubense.

Tartessos, en fin, tampoco fue un imperio… sino un emporio.

1 comentario en «La ciudad que nunca existió»

  1. En mi opinión este señor afirma y niega la misma cosa.
    Habla de emporio, de enclave comercial pero niega la existencia de una ciudad. Sería, pues, un mercadillo.
    Estrabón es claro y preciso sobre la ciudad de Tartesos: ubicada entre dos ríos, sobre cerros bordeados por los mismos, que se unen antes de llegar al mar.
    ¿Le suena, señor Ramírez?. Pues éso.

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