Investigan la aparición del “pez de oro” en las Minas de Riotinto

José Manuel Alfaro/ Sección de ficción ‘El Cuaderno de Muleman’. Desde que el poeta, dramaturgo y novelista ruso y fundador de la literatura rusa moderna, Aleksandr Pushkin, publicara en 1835 “el pez de oro”, uno de sus cuentos eslavos más conocidos. Mucho se ha especulado sobre la veracidad de la existencia de ese “pez de oro”, que un pobre pescador atrapo un día en su red y que cuando estaba a punto de echarlo en la cesta, le dijo que si lo dejaba ir le concedería todos los deseos que le pidiera. Casi doscientos años después investigan la aparición de un nuevo “pez de oro” en uno de los embalses de la zona de Minas de Riotinto, el cual podría conceder a la persona que lo ha atrapado todos los deseos que quisiera.

Aunque de momento no se conoce la identidad del pescador que lo ha visto, ya en la zona se especula que de la misma manera que el “pez de oro” de Pushkin le concedió a ese viejo y pobre pescador que vivía con su mujer en una chabola. Algunos deseos como, un cajón lleno de pan, una artesa, una casa nueva, ser la mujer de un gobernador y zarina y cuando ya creía el viejo pescador que ella era feliz le pidió al “pez de oro” ser reina de los mares. Un deseo que fue el último que le fue concedido a la mujer que terminó viviendo, como vivía el rey del mar, como vivía el pez de oro, como ella vivía antes de que el viejo pescador lo atrapara, pobre y en la misma chabola en la que vivía con el viejo pescador.

De corroborarse que estaríamos ante ese pez mágico o “pez de oro” y no de una carpa bañada en el preciado metal que se extrae de las minas, se podría decir que estamos ante la confirmación de que lo que Pushkin contó en su cuento, no solo fue una fábula sobre la avaricia que además reflejaba la realidad social de una época en la que los pescadores, campesinos vivían supeditados no a sus propios decisiones sino a la de los gobernadores y un Zar, que mientras su pueblo pasaba hambre y vivían en la más absoluta miseria, ellos lo hacían agasajados por sirvientes y manjares en grandes y lujosos palacios.

Este cuaderno se ha puesto en contacto con este posible pescador que en los próximos días saldrá en busca de ese pez de oro para pedirle el primero de los deseos, tal como contamos en la siguiente crónica.


Puerto de Huelva

¿Qué es lo que vio reamente?

Recreación aparición del pez de oro

Yo realmente no podría decir que era un pez, porque en esa zona del río casi hay menos vida que en el planeta Marte, lo que sí puedo decir es que era dorado y que los rayos del sol golpeaban su cuerpo dorado despidiendo haces de luces omnipotentes. Sé que lo mismo podía ser una rana, una serpiente o una piedra, pero lo que sí puedo decir es, que lo que fuera me hablo y me dijo que lo dejara allí, que aquel era su lugar y que si lo dejaba ir podría pedirle lo que quisiera, yo le creí como quien cree en las compras por internet, pero no estoy seguro de que la próxima que vaya a ese remanso del río vuelva a reencontrarme con ese “pez de oro”

¿Se creen sus vecinos la historia?

Mis vecinos y ni siquiera mis amigos se creen nada. Vivimos en tiempos en los que tener imaginación se ha vuelto peligroso, un tiempo en el que la verdad se ha instalado en las redes sociales. Yo veo un pez de oro, lo digo y nadie se lo cree, unos pocos usuarios dicen que ha visto a Dios en una manzana podrida y todo el mundo se lo cree. Así que desde aquí hago un llamamiento a todo el mundo que me está leyendo, que crean en lo que vi y que muy pronto podrán comprobarlo.

¿Por qué cree que ha aparecido en esa zona?

Yo creo que ha aparecido en esta zona por dos razones, la primera porque esta es una zona rica en metales preciosos como el oro y la otra es que esta es una zona muy necesitada de que ocurran cosas y de que tome impulso y vuelva a ser esa zona desarrollada donde se imponga el trabajo cualificado y de calidad al precario, la gente de aquí quiere vivir de su trabajo, no de las subvenciones, los subsidios o incluso un “pez de oro”

¿Cree que existe alguna relación entre ambos peces?

Claro que, si cuando Pushkin escribió este cuento, había precariedad igual que ahora, las personas mayores, especialmente vivían en la miseria, como ahora, todo el mundo quería vivir igual que un gobernador y un Zar, aunque eso implicar ser un déspota cruel, ahora se llaman alcaldes, concejales, diputados o presidentes. Algo que, llegado a este punto, nos hace pensar que lo único que podemos pedirle a la vida es que se te aparezca un pez de oro al que pedirle todos los deseos que puedas.

¿Cuál es el primer deseo que le va a pedir?

Barrio Inglés de Minas de Riotinto.

Desde que ese “pez de oro” se cruzó en mi camino y me dijo que le pidiera lo que quisiese. He dedicado mucho tiempo a pensar que le iba a pedir, quizás porque puedo decir que tengo de todo y que no necesito de nada, bueno de todo no, me hace falta una autocaravana y eso es lo que le ha pedido para poder disfrutar viajando el resto de los días. Luego, en las sucesivas peticiones, pediremos lomitos de cerdo ibérico, patas de cangrejo y fresas. Con eso y una buena puesta de sol me conformo, no soy de grandes lujos, yo soy un minero prejubilado de 70 años.

¿Le ha puesto algún nombre al pez?

No he querido ponerle ningún nombre en especial, siempre he tenido en casa un pececito en una pequeña pecera, y a los que he llamado de todos los nombres, Felipe, Alfonso, José María, Mariano, José Luis, Pedro, así que él se llamará “el pez de oro” y espero que no se canse de darme deseos porque no me gustaría volver a vivir como un jubilado que cobra una pensión mínima de 460 euros.



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