Conoce la experiencia del onubense Jesús Nevado en la ciudad portuaria de Amberes

Hace un balance muy positivo, pero echa mucho de menos, ente otras cosas, los chocos fritos.

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Jesús Nevado junto a sus amigos en Amberes.
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Rosa Brito. Jesús Nevado (26 años) es un joven onubense que se encuentra trabajando en el sector logístico en la ciudad belga de Amberes, en la que lleva unos cuatro meses. Llegó con la intención de encontrar trabajo, estabilidad económica e independencia y, de momento, lo está consiguiendo.

– ¿Cómo es la ciudad en la que vives?

Es una ciudad portuaria muy hermosa. La Estación Central es posiblemente la estación de trenes más bonita que he visto nunca. Lo que más me llama la atención es que está bastante sectorizada. Puedes distinguir perfectamente donde termina el barrio asiático y donde empieza el hispano/portugués. Es una ciudad en la que además se respira cultura y si quieres ir a Bruselas, Brujas, Gante u Holanda solo tienes que coger un tren y te plantas allí en una hora y por módico precio, ya que el país está muy bien comunicado.

– ¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España? ¿Y los habitantes?

Al principio fue extraño porque sí es muy diferente a España. El clima para empezar es una locura. Una semana la empezamos saliendo a la calle con prendas de primavera y llegando el fin de semana nos cayó una nevada. La gente, para aprovechar las horas de sol, tienen en sus casas ventanas gigantescas, tanto es así que hay veces en las que si te paras en frente de un edificio puedes ver lo que hacen los residentes como si fuese ’13, Rue del Percebe’.

La basura la tienes que sacar una vez a la semana en un día en específico con unas bolsas especiales para que vengan a recogerla. Las tiendas cierran a las 19:00 como muy tarde. Lo que más me llamó la atención fue el silencio. A pesar de que es una ciudad grande, el ruido brilla por su ausencia y es ensordecedor en las zonas rurales. Los belgas son muy educados pero muy fríos a la hora de entablar amistad. Afortunadamente, es una ciudad llena de extranjeros y a mí en lo personal me fue fácil relacionarme con gente, tanto del trabajo como de otros lugares y tanto con extranjeros (en mayor medida) como con belgas.

Jesús Nevado
Jesús Nevado y sus amigos.
– ¿Cuál es tu lugar favorito de allí?

Además de la Estación Central y La Catedral de Amberes, diría que el barrio donde resido actualmente. Está en la zona de la facultad de Bellas Artes y es muy bohemio. Lo mismo te ves a gente esculpiendo y pintando en escaparates de asociaciones con ventanales gigantes a razón de lo que dije antes de las horas del sol como a gente como yo que desentona totalmente llevando en una bolsa gigante los calzoncillos a la lavandería. Fuera bromas, hay tiendas que son espectaculares… De rarezas de segunda mano, de vinilos y hasta bares donde puedes tomarte una cerveza mientras pones la colada. Es una gozada.

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido durante tu estancia.

Muchísimas. Hubo una de las que solo pasan en las películas. Una vez iba con dos chicas a comprar ropa. Todavía no nos habíamos acostumbrado a los horarios, eran las 18:30-19:00 y aparte de que estaba oscureciendo todas las tiendas estaban ya cerrando. Cuando volvíamos a nuestra residencia, mientras paseábamos por el mismísimo centro de la ciudad, nos percatamos de que había un señor que cargaba dos bolsas grandes llenas de cosméticos que se les iban cayendo por el suelo como si fuese dejando miguitas de pan mientras caminaba en zigzag. A simple vista era obvio que estaba muy perjudicado.

Llegó un punto en el que se le empezaron a caer monedas de los bolsillos. A pesar de que le los transeúntes le advertían de que estaba dejando sus pertenencias desparramadas por la calle, este señor hacía caso omiso y seguía su camino. Así que me puse a recoger y a devolverle todo lo que se le había ido cayendo, ayudado por las dos chicas que me acompañaban. Una vez el hombre se percató de nuestra presencia y de la ayuda que le habíamos prestado ni corto ni perezoso, sacó su cartera y nos dio 20 euros a cada uno.



Obviamente, la primera reacción fue devolvérselos, cosa que intentamos varias veces. Poco le faltó para introducirnos el mismo los billetes en el bolsillo. Acto seguido nos dijo algo en neerlandés que no entendimos mientras nos hacía señas para que nos fuésemos. Nos fuimos no sin antes comprobar en la lejanía que no se le caían de nuevo las cosas hasta que lo perdimos en el horizonte. Me acuerdo que comenté a modo de broma que si nos había dado 20 euros por ayudarle a recoger sus cosas, lo mismo nos habría dado 200 si le hubiésemos acompañado a su casa.

Con amigos en piragua.
– ¿Cuáles son los principales obstáculos que has tenido que superar en este tiempo?

El idioma. El neerlandés es muy difícil y a pesar de que a un belga le puedes decir que te hable en inglés… Cuando tienes un letrero, unas instrucciones de un microondas o un suavizante cuyo bote tiene el texto en neerlandés, eso se puede convertir en un caos.

– ¿Cuál era tu nivel de idiomas cuando saliste de España?

En inglés bastante bueno. De hecho, así me comunico el 99% de las veces que hablo con no hispanoparlantes. Chapurreo un poco de francés si no hablan inglés y bueno… Pretendo aprender neerlandés en el futuro.

– ¿Cuál es tu balance de la experiencia?

Muy positiva. Aparte de las amistades que estoy haciendo aquí, de las experiencias que estoy viviendo y de lo que siento que estoy creciendo como persona, este es un país que es famoso por tener tres cosas que a mí me encantan y muy buenas. Cerveza, chocolate y queso.

– ¿Cuáles son tus planes?

De momento un año como mínimo me queda aquí.

– ¿Piensas volver a Huelva en breve?

Tengo en agosto una cita inamovible.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?

Lla comida. Sé que es un topicazo, pero es que es verdad. Aquí, a pesar de que estamos en uno de los puertos más grande del mundo, no se come apenas pescado. Echo de menos el choco frito, las puntillitas, la buena ventresca de atún, el gazpacho el salmorejo…

Para terminar: que le dirías a los onubenses para que se animen a seguir tus pasos y vivan la experiencia de irse al extranjero. 

Siempre os podéis volver si la cosa no sale como esperabais, es mejor eso que estar durante lo que os quede de vida pensando el “y si lo hubiese intentado…”

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