Voluntarios de Cruz Roja viven un día de naturaleza en Doñana

Han conocido mejor el rico entorno que nos rodea.

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Redacción. Ayer fue un día muy completo para los voluntarios de Cruz Roja. Se había organizado un día de convivencia para el conocimiento y relaciones de unos y otros. Se eligió, como marco y lugar, nada menos que el espacio natural de Doñana. Allí llegó el autocar bien temprano, con sus 40 participantes de distinta cronología, nacionalidad y servicios (acompañantes a las personas que están solas a médicos y otras gestiones; profesores de español a inmigrantes; atención a hogares con dificultades…). El comienzo fue hacer un recorrido por la Cuesta Maneli. Os dejamos con la experiencia de los voluntarios:

“Al objetivo de convivencia se unía el de sensibilización medioambiental. De esto se encargaba la empresa Platalea dentro del programa ‘Red Natura 2000’. Divididos en grupos y acompañados por dos guías especializados, Ana y Nahuel, emprendimos el “ascenso” por este paraje tan esplendido.

El recorrido estuvo lleno de las explicaciones sobre la flora de la zona, que podíamos observar, fotografiar y seguir viendo a lo largo del camino. Muchos conocimos la planta “camarina” con sus “perlas” tan ricas en vitamina C. La alusión al fuego de 2017, que afectó a tantas hectáreas, fue constante para comprender la reforestación y el cuidado actual.



La fauna también tuvo su parte con la observación de las huellas –abundantes en número y formas- de los animales que dejan su rastro. A propósito de esto, los guías nos dijeron esta bonita comparación: “Doñana es como un cuento, se escribe por la noche y se lee por la mañana”.

Cuando culminamos el trayecto y divisamos el mar, la explicación giró en torno a la “duna fosilizada”, única en Europa. La atravesábamos por las escaleras de bajada a la playa con sorpresa y cierta emoción: Allí habían habitado nuestros antepasados hace miles de años…

Y llegó el momento de la comida. Comida que nos ofreció Cruz Roja dentro de las más sencillas formas de respeto al medioambiente. Nos dieron los alimentos a consumir, evitando algunos papeles y la bolsa de para contenerlos (buena coherencia con uno de los propósitos de este día).

Pero la actividad no había acabado. Por la tarde nos dedicamos a recoger elementos de la playa no degradables para el medio ambiente. No tanto “recoger basura”, aunque lo implicaba, como de observar el descuido humano. De nuevo, se aplicaba una forma más de coherencia: lo recogeríamos compartiendo las bolsas y con un solo guante. Todos quedamos sorprendidos de lo que reposa- esconde la arena y que, si no se retira -misión que hace otra empresa y otros voluntarios- se convertiría, poco a poco en un basurero.

¿Anécdotas? Las hubo. Alguna lata de bebida ¡sin abrir!, una playera nueva que alguien perdió, un abrigo olvidado… Y bosas con fecha de caducidad muy atrasada… ¿desde cuándo estarían allí?

Las fotos de grupo, de equipos, de amigos y las individuales con el chaleco de Cruz Roja… no podían faltar. El mar o la flora, como fondo en todas ellas. Tampoco una con los desechos.

Y llegó el regreso. Ya nos sentíamos más cercanos; algunos intercambiaban números de teléfono y todos charlábamos a muy gusto.

El broche se puso con un café en un mirador espectacular frente al mar donde se iniciaba el atardecer.

Convivencia, cultura y belleza se había aunado en esta bonita jornada.

Gracias a Cruz Roja por esta iniciativa. Gracias a los voluntarios que tantos servicios realizan desinteresadamente”.

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