Caligramas (II)

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Martínez Navarro durante el acto literario.
Martínez Navarro durante el acto literario.
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Dibujo y versos de Antonio José Martínez Navarro. En el primer caligrama quedan impregnadas algunas de las letras de mi pregón  en forma de una cruz. Hace alusión a parte del itinerario que empleaba, hace años, la que muy pronto, si no lo es ya, será la Hermandad de Nuestra Señora del Prado de la barriada El Higueral;

La calle Villablanca, es-

trecha y larga, parece que

la rasga una saeta con su

punta fina y breve. De no-

che es un cauce negro y –

hondo con luces dolientes; de día es un río  blanco llena



el agua de claveles. Aristocrática calle Alanís de la Sierra.

Noche del Viernes. Suspiran los ánimos, pendientes,  en la

Virgen del Prado que va esplendente. Y es que esta Virgen

chiquita es la que más al-

tares tiene. Porque no hay

ninguno en el Barrio que –

en su pecho no la lleve…

La simpática calle El Gra-

nado con sus casas encala

das es vía muy soleada de

buen vivir ¡Vive Dios!  En

ella hay una casita y detrás

de su ventana está la viejeci

ta cana rezando a su Virgen

cita. Cuando el palio le paran

que mecen los costaleros sus

labios dicen: ¡Madre mía, te

quiero. Virgen Reina Soberana.

Aún dentro del antiguo pueblo judío y de acuerdo con el valor numérico de las letras

Hebreas este pueblo utilizó unas combinaciones de apariencia caprichosa. Uno de estos caligramas está escrita en forma de triángulo invertido y forma la palabra archiconocida de Abracadabra que se le dio tal valor mágico en la Edad Media y en toda Europa hasta el extremo de que se pronunciaba para que nada peligroso le ocurriese a una morada, y que escrito en un pergamino se le cobraba del cuello para que remediaran de sus dolores. Esta fórmula tiene su origen en la frase hebrea “abreq ad habra” (envía tu fuego hasta la muerte). Se escribía de la siguiente manera:

 

A  B  R  A  C  A  D  A  B  R  A

A  B  R  A  C  A  D  A  B  R

A  B  R  A  C  A  D  A B

A  B  R  A  C  A D A

A  B  R  A C  A D

A  B  R  A C A

A  B  R  A C

A B  R  A

A  B  R

A  B

A

 

El siguiente caligrama y último caligrama de ésta segunda entrega está dedicado a Andalucía, a cada una de las provincias que la forman. Con las letras dedicadas a las capitales provincias se forma una silueta humana:

Pongo mi

alma al cantar

te región bendita

de Andalucía por ser

la cuna del Arte de la gra-

cia y de la alegría con tus

ocho capitales que

tienen fama mundial

Es Córdoba la llana con sus toreros

cuyas hermosas mujeres tan bien  –

pintara Julio Romero. Es Granada la cuna

de los calés, con su histórica Alhambra ¡qué

hermosa es!. Málaga la bella, la reina del cante

se inclinan las olas del mar al besarte. Almería

chiquita con sus ricos campos, Jaén la in-

dustriosa la del Reino Santo Es Huelva

de ricas minas, de la Hispanidad,

es la cuna. Tierra de Alonso Sánchez,

Díaz Hierro, Lara, Garrido Palacios,

La Merced, barrio Obrero,

la Concepción, plaza de las

Monjas y muelle del Odiel,

majestuoso, y que por patrones

tiene a San Sebastián y a la Rei-

na del Conquero, provincia

inigualable, plena de arte

y albedrio, con Brunt

en la pintura; los Litri,

bravas figuras  y los mejores nau-

tas del mundo siempre has tenido.

Sevilla, ciu-               dad precio-

sa y alegre                  como nin-

guna y Cá-                  diz taza  –

de plata que                 cantas por

alegrías for-                 man la re-

gión de Espa-               ña con mas

salero y simpatía           y por eso pongo

el  alma para cantar-       le a mi Andalucía.

Letra de antiguos Carnavales de Cádiz y de Antonio José Martínez Navarro.

Es tal la vinculación que nuestra ciudad tiene con el mar, que en una ocasión entré en un bar a tomar “Calamares de campo” y vean ustedes el chasco que me llevé (Pregón del Marisco, de Antonio José Martinez Navarro):

Aquel

menú yo

leyendo. Mil

conjeturas me hice.

Yo estaba buscando per-

dices y… ¡Santo Cielo! ¡Qué

estoy viendo? Entre al Restaurante

pidiendo los calamares de campo. Y

al instante, un plato al canto, Con destre-

za me fue servido. Y el ánimo suspen-

dido me dejó su visión un tanto. Ro-

ciado con vino fino vi  pimientos

encebollados.  Bien fritos y con

dimentados. Y busqué con –

desatino, al calamar cam

pesino pregonado a los  –

cuatro vientos y  no

lo vi en ningún mo

mento. Más al –

fin di con la ra

zon: se busca-

ba en com-

pensación

La exalta-

ción del

Pimiento.

(Continuará)

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