Mercedes

Manuel Pinomontano o el onubense Chiqui González, dos caras de una misma persona que cumple sus ilusiones

El novelista mira a Huelva desde la ciudad de México donde reside y desde donde estudia e investiga en su nueva obra, tras el éxito de 'El Secreto de la Tritona'.

Manuel Pinomontano en el jardín de su casa, en México.

RFB. Rebelde con causa y orgulloso de sus orígenes, inquieto por naturaleza y dual en el trato con los demás. Prudente o descarado según el escenario y momento, aunque tímido por naturaleza. Franco a la hora de expresar sus opiniones. ADN onubense sin necesidad de prueba y con una visión cosmopolita que concibe una combinación perfecta. Buena crianza, amigo de sus amigos –muchos en Huelva pero así mismo fuera, calificado por ellos como entrañable y muy querido por todos-, ave nocturna que vuela también de día y que lo hace alternando horizontes. Observador desde unas ideas bastante claras pero comprensivo y con capacidad de aprendizaje. Manuel González, Chiqui en Huelva, el escritor Manuel Pinomontano, lleva muchos años viviendo lejos de la Gran Vía, su domicilio familiar.

En una cena con amigos en México.

Va y vuelve, aparece y desaparece mostrando la misma intensidad vital que cuando estudiaba en el CUR, en La Rábida, en aquellos tiempos de la pugna por las tres facultades -germen de la Universidad de Huelva-, en la que estuvo muy implicado. En México se muestra feliz, cómodo y fértil por ello, no descarta volver, como nos dice, pero tampoco le obsesiona esa posibilidad. Típica respuesta del que sabe en su fuero interno que es mas que probable ese retorno.

Ha entregado a su editor la segunda novela y, después de un amplio periplo promocionando su ‘ópera prima’, trabaja ya en la tercera, resistiéndose a desvelarnos algo sobre su contenido.




En Acapulco, con su amiga Sandra.

Responde a nuestras preguntas con la amabilidad que le caracteriza, ya con cierto hábito en relación a las entrevistas dado su periplo mediático con la primera obra ‘El Secreto de la Tritona‘, una novela histórica apasionante donde se mezclan culturas, emociones, decisión, justicia, ambición, vileza, nobleza y valores de antaño y de siempre.

Firmando ejemplares en una presentación de su novela ‘El Secreto de la Tritona’.

-¿Dónde naciste?




En la Plaza de San Pedro, asistió a mi madre María García Escalera y creo que ella fue la que decidió el nombre que me iban a poner.

-¿Dónde y qué estudiaste? 

Estudié en L´ Ecole Française en la calle San Andrés,  cuando era realmente un colegio francés en España, dependiente del gobierno francés. Después fui al Instituto La Rábida, hice tres cursos de derecho cuando todavía éramos Universidad de Sevilla y continué en Londres en la London Business School donde hice Investment Management.

Con un grupo de amigos.

¿Qué querías ser de mayor?

De joven quería ser escritor. Fue mi vocación desde los 16 años, pero las circunstancias de la vida me llevaron por el camino de la Banca  y terminé trabajando para varias instituciones financieras en Londres donde fui muy feliz profesionalmente: Empecé en Trade Finance en Bank of América, luego el mismo departamento de Banco exterior de España, en BBVA hice Banca Corporativa, y finalmente en Moody´s Investor Service desempeñé el cargo de Analista de Bonos emitidos por gobiernos, llevando Francia, España, Italia y Bégica. Más adelante, con 36 años, hice un reajuste en mi vida y decidí dedicarme a mi verdadera vocación, que era una actividad que siempre había mantenido en mi tiempo libre: escribir novela histórica. Ahora ya puedo decir que cumplí mi sueño y que me dedico a aquello a lo que siempre he sentido que debo dedicarme.

Con su amiga María Castañeda, en la chimenea de su casa.

– ¿Cuándo sales por primera vez de Huelva al extranjero? ¿Por qué? ¿A dónde?

De pequeño salíamos mucho con mis padres de viaje, casi todos los años íbamos a algún lugar, pero ya de forma independiente fue a los 19 años a Londres, y luego a los 23 me fui allí permanentemente a estudiar. Más adelante ya trabajando en Londres pasé temporadas por trabajo en Francia, Italia, Eslovenia, Bélgica y Rusia.

-¿Cuál fue tu experiencia entonces?

Yo siempre he tratado de sacar lo mejor de lo peor, mi experiencia siempre ha sido positiva en esta vida, al principio mudarme a Inglaterra desde el sur de España fue muy duro; no solamente en Huelva llevaba una vida cómoda y protegida con mis padres sino que hubo cambios muy drásticos para un andaluz, como las horas de luz y el clima, que fue lo que más me costó, pero pronto empecé a descubrir que donde hay inconvenientes uno también encuentra ventajas, trabajaba y estudiaba a la vez, dos días a la semana era camarero en el restaurante de una amiga Marie Taylor-Clark, que se llamaba Primates, cerca del Royal College of Veterinary,  parte de lo que se recaudaba allí era donado a la fundación Diane Fossey para rescatar los Gorilas de Ruanda y de varios lugares en África, allí aprendí que venimos a este mundo a servirnos unos a otros.

Con su amiga, Paty, en una pirámide mexicana.

Todo lo que hice lo hice con muchas ganas y siempre contento porque algunos amigos españoles se quejaban todo el tiempo del clima, de la comida, de lo bien que vivían con sus padres y que trabajar y estudiar era duro y del carácter reservado anglosajón, yo en cambio siempre veía las cosas positivas y lo que Inglaterra me ofrecía que no había en España, los parques de Londres son espectaculares en cualquier época del año, de estudiante me iba de pick-nick en bicicleta y cuando ya tuve un trabajo mejor y más recursos iba a montar a caballo todos los fines de semana en Hyde Park, con la escuela de equitación que hay en Queensgate de Mr. Bridges.

En su biblioteca, lugar donde pasa gran parte del tiempo.

Montar a caballo a diez minutos de tu casa a pie en el centro de semejante ciudad era estupendo, ¿cómo no iba a disfrutar? Yo en lugar de ver al inglés como una persona reservada lo veía como una persona respetuosa, si llovía pensaba que por eso el campo era tan bonito y tan verde, aprendí a hacerme un cocido y una tortilla de patatas para no echarlos de menos, pero también aprendí a hacer el Apple Pie y el Roast Beef que me encantaban y sigo haciendo, y si hacía frío me iba a la calle a ver nevar que es algo que en Huelva no había visto en m vida, así hacía también en San Petersburgo con 12 grados centígrados bajo cero, todas las noches me iba a un parquecito que hay en Nevsky Prospect cerca de donde vivía y estaba lleno de nieve, simplemente a sentir como la nieve caía y a ver el paisaje blanco a la luz de la luna, era un espectáculo.  En cualquier sitio hay cosas nuevas que ver y que sentir.

Manuel Pinomontano es un gran amante de los animales.

-¿Cambió tu perspectiva de Huelva y de los onubenses al salir fuera? En su caso, ¿en qué sentido?

Si cambió, lo primero que hice fue agradecer, en mi fuero interno porque nunca lo verbalicé y ahora lo hago, por la educación que me dieron mis padres y la que recibí en l´Ecole Françaisse, porque simplemente el hecho de tener un segundo idioma desde los seis años te abre la mente a otras formas y estilos de vida. Valoré mucho más a mi familia y a mis amigos, y valoré sobre todo que mis padres me educaron dándome unas raíces fuertes pero unas alas grandes. Hay cosas de Huelva que se volvieron entrañables en mi memoria, otras las idealicé y otras se perdieron, las olvidé. Ver a Huelva desde lejos es muy interesante, como ver la casa donde crecimos en la infancia desde la perspectiva de adulto, durante mis años de juventud no quería volver ni loco, todo era más divertido fuera, las oportunidades mejores, las experiencias más interesantes, ahora que me voy haciendo mayor cada vez quiero pasar más tiempo en Huelva, la familia, los amigos de siempre y la sensación de volver a tus orígenes cada vez me tira más.

Con su amiga, la científica onubense Paula Martínez, en una de las presentaciones de ‘El Secreto de la Tritona’.

-¿A qué te dedicas ahora?

Soy escritor, Manuel Pinomontano, aunque en Huelva siga siendo para mi familia y mis amigos, Chiqui, fuera de Huelva ya nadie me llama Chiqui excepto los amigos que me conocen de toda la vida.

-¿Dónde vives actualmente?

En México.

-¿Cómo es tu vida cotidiana?

Sencilla. Me levanto temprano, desayuno fuerte y me pongo a trabajar en la biblioteca de mi casa, al mediodía como sano y ligero, de postre un café para seguir trabajando toda la tarde acompañado de mis perros, que no se separan de mí, puedo salir al jardín a leer algo o a fumar un cigarrillo, meriendo fruta, otro café o un té. Sobre las seis me tomo un whisky o un tequila para relajarme, leer y recapitular lo que he escrito y a las ocho voy al gimnasio, ceno y me acuesto a medianoche o a veces más tarde, soy muy noctámbulo.

Chiqui González con un grupo de amigos de Huelva.

-¿Qué ilusiones has cumplido?

De momento todas las que tuve de pequeño y de joven se han cumplido, soy consciente que eso es un privilegio y agradezco todos los días a Dios por eso, pero voy teniendo nuevas ilusiones cada día y tengo que seguir esforzándome por cumplirlas.

-¿Cuáles te faltan por cumplir?

Las nuevas, las que voy teniendo cuando se cumplen las otras. Una de ellas es una casita de campo en la provincia de Huelva.

-¿La gente es igual en todos los sitios del mundo, o hay diferencias?

Hay diferencias culturales y genéticas, hasta biológicas te diría yo, pero la gente es la misma, la capacidad de amar, de sufrir, de disfrutar, de luchar y de crecer como ser humano es la misma, depende con los ojos que miremos a los demás, claro, si me fijo en lo cultural pensaré que un andaluz es muy distinto de un ruso, pero si miro a la persona me daré cuenta de que somos más iguales de lo que creemos.

Con dos amigas en México.

¿A dónde te gustaría viajar que no hayas conocido aún?

A La India.

-¿Cómo es México? 

México es un país fascinante, generoso, muy diverso, donde hay selva, desierto, volcanes, nieve, playas maravillosas, es una tierra mágica, con una energía inagotable. En mi novela El Secreto de la Tritona hablo mucho de cómo es México, es en parte una alabanza a una tierra que ya siento como mía y describo cómo son estas tierras para los españoles que llegaron en el siglo XVIII.

-¿Cómo son los mexicanos?

Los mexicanos tienen mucho en común con los españoles, es un pueblo hijo del pueblo español, mestizo, y ese mestizaje le ha dado una faceta muy enriquecedora, muy interesante, ver mucho de lo nuestro mezclado con costumbres y con la cosmogonía prehispánica es algo único, yo invitaría a los españoles a mirar hacia Hispanoamérica para redescubrirnos, vivir en México es entender que la diversidad y la mezcla enriquecen al ser humano.

Manuel González en un baluarte colonial.

-¿Cómo nos ven a los españoles?

Los mexicanos nos ven a los españoles con mucho cariño, en general claro, mi experiencia es que nos reciben con los brazos abiertos, son muy generosos, el mexicano tiene integrada perfectamente su ascendencia española y su ascendencia indígena, eso es admirable, los españoles deberíamos aprender de esta cualidad porque no hemos sido capaces de integrar nuestro pasado, nuestras guerras, en nuestro presente, en cambio el mexicano de hoy día tiene superada la guerra de conquista y ha sabido integrar en su cultura, sin complejos ni resentimientos, su pasado prehispánico y su pasado español.

-¿Huelva existe en el resto del mundo?

No tanto como debería, en algunos lugares tienes que explicar que es un lugar cerca de Sevilla, y eso me da mucha pena, no hemos sabido proyectarnos o no hemos querido, yo siento que a Huelva el mundo le da igual, no sé, quizá esté equivocado, nuestro principal defecto es ser muy chauvinistas, seguimos viviendo un poco en Huelva sin importarnos lo que pasa fuera, pensando que lo mejor del mundo es nuestra provincia, que tenemos de todo, que el jamón y la gamba son los manjares más exquisitos y que nuestras playas son  el mejor lugar del mundo para pasar el verano, y eso es bueno y malo, estar orgulloso de la tierra de uno es bueno pero no tanto como para no querer conocer otras cosas, no hemos tenido mucho interés en probar otras gastronomías, visitar otros lugares, y esto es casi paradójico cuando de Huelva salieron los aventureros más lanzados de Europa, los marineros más valientes y con más hambre en conocer tierras nuevas. Creo que Huelva le importa al mundo lo que el mundo le importa a Huelva.

Un selfie con su amiga Daniela.

-¿Qué te gusta más de Huelva? ¿Qué echas de menos? ¿Qué cambiarías?

Lo que más me gusta es la provincia, la diversidad de ecosistemas, sierra, playas, condado, de la ciudad echo de menos salir por la Gran Vía por la mañana y tomarme un café en cualquiera de sus cafeterías, saludar a la gente, ver a mi familia, mis amigos, me gusta mucho el campo, la parte de la sierra, en cambio me entristece mucho ver el estado de Punta Umbría, sobre todo cuando la comparo con la Punta Umbría de antes, como se ha destrozado por el interés inmobiliario mal hecho, como se han destruido zonas protegidas y especulado con ellas provocando incendios y recalificando el terreno, como se ha construido sin una infraestructura, sin respetar el urbanismo y la estética, ojalá la podamos rescatar, aún estamos a tiempo, no como pasó con el barrio de San Sebastián, la parte más antigua y ancestral de Huelva, me entristece hoy día ver como se tumbó ese barrio, que era el corazón de Huelva, para hacer lo que se ha hecho, destrozar ese barrio sencillo pero con sabor, que era nuestro origen y el origen de la ciudad, para construir esos edificios mediocres y sin personalidad, bueno eso lo cambiaria con una varita mágica si pudiera volver atrás el tiempo.

Manuel en una celebración, en México.

-¿Crees que hay rasgos culturales significativos distintivos? 

Por supuesto, Tartessos, Onoos Baal, Onuba Aestuaria, Welba siempre fue una tierra de acogida desde que como tartesios recibíamos a fenicios y griegos para comerciar, hemos sido romanos, árabes, judíos y castellanos, y hasta un poco ingleses en Riotinto, ahora andaluces, españoles, pero a la vez de ser tierra de acogida hemos sido una tierra de salida al mundo más allá de las columnas de Hércules,  en el confín de la tierra, y como hicieron Alonso Pinzón y el resto de su gente hemos sido arriesgados y firmes en nuestras convicciones cuando se ha tratado de emprender. El onubense es acogedor, acogemos al forastero en nuestra ciudad con una generosidad y una calidez genuina, como empresario es tenaz y arriesgado como lo fueron aquellos marineros de Colón, y somos generosos como esas naves de Tharsis que llegaban a Jerusalén cargadas de oro hace mas de dos mil años.

Su novela ‘El Secreto de la Tritona’,  ambientada en la España colonial, ha sido un éxito.

-¿Qué cosas positivas ves en Huelva?

Ahora una de las cosas que más me gusta de Huelva es que en hay más librerías, en mis tiempos solamente estaba la Librería Saltés, que fue una pionera en abrirnos las puertas a la gran literatura, que ha resistido en el tiempo y sigue siendo un lugar en el que cuando entro no me quiero salir porque se respira Flauvert, García Marquez, Pérez Galdós y Marguerite Yourcenar, y ahora veo con alegría las nuevas que ha surgido como La Dama Culta donde me pasa lo mismo, entro y no quiero salir, y me siento muy orgulloso que entre bares y tabernas, en nuestra Huelva, tengamos estas librerías de librero, que son las que a mi me gustan, donde el librero te recomienda, casi como un boticario para el alma, la medicina que tienes que leer.

-¿Vienes con frecuencia?

Suelo venir a Huelva dos o tres veces al año, si pudiera vendría más.

-¿Volverás?

Supongo que si, aunque no lo sé, no es algo que me obsesione pero tampoco me disgusta.

-¿Qué buena noticia te gustaría leer?

Me encanta cuando me dicen que los linces de Doñana han tenido cachorros, que las águilas han anidado en Torre Arenilla, que la población de flamencos está aumentando en las marismas y que los ciervos corren en manadas por las dunas de la playa del coto. La buena noticia para mí es que preserváramos con responsabilidad esa riqueza natural que tenemos que es única en Europa y en el mundo.










2 Responses to "Manuel Pinomontano o el onubense Chiqui González, dos caras de una misma persona que cumple sus ilusiones"

  1. Pilar   1 julio 2019 at 1:07 pm

    Una vida muy interesante, en la que entre líneas se lee unas raíces sólidas basada en unos principios éticos y unos objetivos mayúsculos por crecer como persona e intelectualmente. Optimismo, es uno de sus rasgos caracteristicos. Amigo de sus amigos lo define claramente. Me gustas Chiqui!!!!!

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  2. Francisco Suarez Cortina   2 julio 2019 at 6:56 am

    He leído su novela El Secreto de la Tritona y me ha encantado, soy fan de Pinomontano y este artículo me ha hecho conocer mas su lado humano. Enhorabuena por la entrevista.

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