El músico onubense Álvaro González recibe el reconocimiento del Concurso Nacional de Jóvenes Organistas por su gran virtuosismo

Estudiante de Conservatorio desde los siete años, comenzó con el piano y ha acabado dominando al considerado “rey de los instrumentos”. Arquitecto de profesión, vive en Madrid, donde compagina trabajo, estudios, ensayos y actuaciones. Es el organista de la Coral Sagrada Cena de Huelva e integrante del Ensemble Barroco ‘Follia di Spagna’.

El organista onubense Álvaro González.

Ana Rodríguez. En nuestra órbita de familiares y amigos siempre encontramos alguna persona que sabe tocar un instrumento musical: la guitarra, el clarinete, el violín, el piano… Sin embargo, no es tan habitual conocer a alguien que sepa tocar el órgano y que además destaque por ello. Es el caso del onubense Álvaro González, un artista de oído fino, disciplinado y trabajador, que el pasado mes de abril quedó tercero en el Concurso Nacional de Jóvenes Organistas, celebrado en Algemesí (Valencia). Un reconocimiento muy importante para él, pues lo señaló en un mapa, el de jóvenes organistas españoles, en el que la calidad y el nivel no faltan en nuestro país.

Álvaro se crió en el capitalino barrio de Isla Chica, donde estudió en el Colegio Juan Luis Vives y, más tarde, en el Instituto Alonso Sánchez. “Recuerdo felizmente esos primeros años, donde compaginaba mis tardes en el Conservatorio con otras en la plazoleta jugando al fútbol o a los tazos, que era la novedad en ese momento”, afirma el onubense.

Su pasión por la música comenzó gracias a su madre quien, según González admite, lo inscribía es todo tipo de actividades extraescolares, desde natación a ajedrez o judo. Como bien explica el músico: “con siete años hice las pruebas de acceso a piano en el Conservatorio, por aquel entonces en la calle Miguel Redondo, y se abrió un mundo fascinante ante mí. Era mágico poder tocar algo con tus manos y que generara sonidos. Rápidamente despertó en mí esa inquietud y me vieron cualidades, ya que desarrollé el oído absoluto -reconocer el nombre de las notas al escucharlas- y me decían que tenía mucha musicalidad”.




Álvaro lleva varios años en Madrid.

Joven polifacético, se trasladó a Sevilla para hacer Arquitectura, donde además comenzó sus estudios de órgano en el Conservatorio Cristóbal de Morales. Posteriormente, se mudó a Madrid para continuar su formación en el Conservatorio Arturo Soria y realizar un Máster en Patrimonio Arquitectónico. En la capital española ha finalizado este año el Grado Profesional de órgano y además ha tenido la suerte de conocer a Jesús Ruiz, organista en la Basílica de Medinaceli, una persona fundamental para el onubense: “ me ha apoyado mucho para evolucionar y dar conciertos en otras ciudades españolas, como Valladolid, Segovia, Madrid…”, reconoce.

Actualmente, Álvaro trabaja en Madrid para una importante promotora inmobiliaria en Torre Europa, cerca del estadio Santiago Bernabéu, llevando proyectos residenciales de obra nueva en Madrid y Málaga. Un empleo que compagina con ensayos en una iglesia en Vicálvaro, “donde tienen un buen instrumento en el que me permiten estudiar el tiempo que necesito”, señala el onubense.




Hablamos con el músico sobre su pasión y su dedicación:

– ¿Por qué después del piano decidiste tocar el órgano?
– Recuerdo que cuando viajaba de pequeño y entraba en las grandes catedrales, donde estaba sonando ese instrumento, me impresionaba el hecho de poder llenar grandes espacios con música muy potente y majestuosa. Escuchaba en mi casa los discos de música para órgano de Bach y pensaba lo complicada que era esta música densa y llena de contrapunto.

Cada día, después del trabajo, ensaya en un iglesia de Madrid.

– Háblanos de este instrumento tan peculiar.
– Es considerado como el “rey de los instrumentos”, y quizás sea el que más periodos abarca, ya que se conserva música compuesta desde el siglo XV hasta la actualidad. Además, al contrario que el piano, que es el instrumento de la Ilustración y la Revolución Industrial estandarizado e igual en todo el mundo, cada órgano es diferente, pues son instrumentos artesanos, diseñados para un lugar y uso concretos por un “maestro organero” y que han ido evolucionando en el tiempo. Es muy diferente un órgano barroco español respecto a un órgano romántico francés, son dos mundos sonoros distintos.
También desde un punto de vista patrimonial son el reflejo de una sociedad y un tiempo pasado. Al igual que admiramos un retablo barroco o un violín “Stradivarius” por ser piezas únicas, los órganos esconden sonidos de otro tiempo.

– ¿Cuáles son las principales dificultades que entraña su manejo?
– Destacaría que hay que tocar también una línea melódica con los pies y al principio la coordinación de movimientos es compleja. También la amplitud del repertorio, gran parte de él es música antigua de la que hay que conocer sus orígenes y el tener que conocer y adaptarse a cada instrumento, a su forma de tocar y articular cada nota.

– ¿Qué habilidades consideras que debe tener un músico para tocar este instrumento?
– Considero que, como en cualquier disciplina, la pasión y la constancia son vitales, ya que hay mucho esfuerzo detrás de cada repertorio para un concierto. El intérprete tiene que analizar la obra y aportar su visión de la misma, dentro de un rigor histórico. Para llegar a ser un buen organista hay que viajar mucho y conocer múltiples referencias. Desde estas líneas, animo a los jóvenes músicos y aficionados a que conozcan este instrumento, para muchos demasiado antiguo y desconocido.

Álvaro entró con siete años en el Conservatorio de Huelva.

– Desde muy joven empezaste a formarte, ¿cómo recuerdas aquellas primeras lecciones?
– Desde los ocho años iba todas las semanas a clases de piano y el acercamiento a la música empezó como un juego. Aprendí la disciplina que suponía y a amar la música en su esencia, y sobre todo a valorar a los compañeros, cosa difícil en un mundo competitivo desde muy jóvenes ya que al ser instrumento solista genera competitividad. Daba clases particulares con un pianista que estaba varios cursos por encima, David Hervás, que me enseñaba solfeo y piano y que me marcó mucho, ya que hacía que el estudio fuera divertido y me inculcó que la técnica no estaba reñida con la musicalidad.

– ¿Has tenido la oportunidad de recibir clases de algún músico famoso?
– He podido recibir clases de grandes músicos, como Montserrat Torrent o Pieter Van Dijk.

– Creo que además te has movido mucho en el mundo cofrade. Háblame de esta faceta.
– Mi abuelo fue uno de los fundadores de la Hermandad de la Sagrada Cena de Huelva. Mi relación con la Coral de la Sagrada Cena desde muy joven me hizo acercarme al mundo cofrade y la música litúrgica. He tocado en muchas funciones, misas, actos cofrades… Fuimos pioneros en Huelva en adaptar marchas cofrades para tocarlas durante la liturgia, interpretadas con coro e instrumentos de cuerda.

Es miembro de la ‘Follia di Spagna’.

– ¿A qué formaciones musicales perteneces actualmente?
– Desde los 16 años soy el organista de la Coral Sagrada Cena y también formo parte del Ensemble Barroco “Follia di Spagna”, en una iniciativa en la que jóvenes músicos de Huelva recuperamos música de los siglos XVII y XVIII para intentar interpretarla tal y como se hacía en aquella época, adaptando los instrumentos (con los pocos recursos de los que disponemos) para que suenen como entonces. Durante este tiempo he colaborado con diferentes grupos tanto en Andalucía como en Madrid.

– ¿Qué actuación recuerdas con más cariño?
– A nivel individual, mi primer concierto en Vicálvaro (Madrid) fue muy emotivo, porque era la primera vez que tocaba en Madrid como solista ante un público entendido y tuvo una gran acogida. Pero creo que a todas las actuaciones se les debe dar la importancia que merecen, e intentar hacer la mejor música como respeto al público que va a escucharte.

– ¿Qué opina tu familia de tu profesión?
– Al principio lo veían como una afición rara, todo el día en la iglesia estudiando, pero poco a poco vieron que era mi pasión y siempre han venido a mis conciertos como fans incondicionales.

Barriada de Isla Chica.
El músico se crió en la barriada de Isla Chica.

– A día de hoy, ¿cuál es tu sueño?
– Ahora mi intención es seguir recibiendo clases de organistas internacionales de prestigio y seguir investigando en la música española y romántica. También me gustaría que en Huelva hubiera al menos un órgano de tubos en el que poder, no solo acompañar la liturgia, sino también organizar ciclos de conciertos de órgano. Hay iglesias con mucha devoción y espacios culturales donde albergar este instrumento.

– ¿Qué objetivos te has marcado a medio y largo plazo?
– Como buen andaluz, me gustaría vivir en Andalucía y como objetivos poder seguir estudiando y dar conciertos en España y el extranjero.

– Viviendo en Madrid, ¿echas de menos Huelva?
– Bastante, sobre todo ahora en verano… Tengo a mi familia allí e intento ir siempre que puedo. Además siempre aprovecho para tocar con mis amigos y pasar buenos ratos juntos.

– ¿Deseas hacer algún comentario?
– Simplemente que la provincia de Huelva cuenta con varios órganos históricos y que habría que mantenerlos y restaurarlos, siempre bajo el asesoramiento de expertos, pero sobre todo hacer difusión para darlos a conocer. Es una música maravillosa y desconocida para muchos.




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