El escritor onubense Alfonso Domínguez enseña inglés y español a niños alemanes en un instituto de Dortmund

En la estación de tren de Dortmund en compañía de su prima.
Alfonso en Dortmund junto a su madre.
Alfonso en Dortmund junto a su madre.

A.R.E. En un instituto de Dortmund, Alemania, desarrolla su labor profesional desde 2008 el onubense Alfonso Domínguez Cerrejón, un escritor y filólogo inglés que lleva ya la friolera de 16 años fuera de su tierra natal. Desde que se marchara a Dunkerque con una beca en el año 2000, mientras estudiaba el doctorado, este hombre de 44 años prácticamente estableció su residencia en el extranjero, habiendo vivido en distintas ciudades de Francia, Reino Unido y Alemania.

Alfonso pasó prácticamente sus dos primeros años de vida en Anholt.
Alfonso pasó prácticamente sus dos primeros años de vida en Anholt.

Pero las raíces de Domínguez se encuentran en la capital onubense, donde el profesor se crió en el barrio de Isla Chica, aunque muchas vacaciones y fines de semana los pasaba en Alosno y Punta Umbría. Bien es cierto que con tres meses sus padres emigraron a Alemania, donde pasaron dos años, pero Alfonso no tiene prácticamente recuerdos de aquellos tiempos. 

Al retornar a Huelva, el onubense estudió en el colegio Tartessos y en el Instituto Alonso Sánchez, haciendo la carrera de Filología Inglesa en la Universidad de Huelva y más tarde el antiguo C.A.P. «Empecé el doctorado, hice dos años y luego obtuve una beca Erasmus y… empecé a trabajar y ahí se quedó todo. No lo terminé, pero es algo que tengo pendiente», reconoce Alfonso.

Alfonso en el jardín botánico de Düsseldorf.
Alfonso en el jardín botánico de Düsseldorf.

Y es que desde el año 2000 su vida ha sido bastante movida. Estuvo trabajando como asistente de español en la Université du Littoral, en Dunkerque (Francia); en Bedford Highschool, en Bedford (Inglaterra), y en el Lycée Saint-Exupéry, en Mantes-la-Jolie (Francia). De hecho, logró que le convalidaran su título de profesor en Inglaterra para poder ejercer con pleno derecho, una gestión que tuvo que repetir años después, cuando se trasladó a Alemania. 


Puerto de Huelva

En el país germano Alfonso aterrizó en 2005, en concreto llegó a la ciudad de Düsseldorf, aunque luego ha pasado por Frankfurt para acabar finalmente en Dortmund, donde enseña inglés y español a los estudiantes del instituto Heinrich-Böll-Gesamtschule.

El onubense se confiesa como una persona melancólica a la que le encantan las ciudades con un clima melancólico.
El onubense confiesa que le encantan las ciudades con un clima melancólico.

Por otro lado, además de profesor, Domínguez es un escritor novel, ya que a finales de diciembre presentó su primer poemario, El mar vertical, y lo hizo, como no podía ser de otra forma, en su Huelva natal, arropado por sus familiares y amigos. Un momento muy importante del que también nos habla en esta entrevista:

– ¿Por qué decidiste irte fuera?
– Siempre me he cansado de todo. Soy una persona melancólica, negativa, depresiva y siempre he necesitado huir, romper con todo y empezar de nuevo. Con 19 tuve una novia belga de la que estaba enamoradísimo. Visité su país y me quedé prendado de esa cultura: de la gente, de esas casas, de las costumbres, de la comida, de absolutamente todo. Aparte, me encantan los cielos nublados, el viento y los grandes árboles meciéndose, la nieve, la puntualidad, que la gente piense en los demás y no en sí mismo, la educación en la calle, etc.

Vista del puerto de Dortmund.
Vista del puerto de Dortmund.

– ¿Por qué te escogiste finalmente vivir en Alemania?
– El contacto que tuve con Alemania en mis primeros años marcó el sino de mis pasos. Durante toda mi vida nos visitaban en Huelva amigos y familiares de Alemania. Me traían caramelos que no había en Huelva, me contaban historias y experiencias, me enseñaban fotos, veía a esos alemanes tan altos… Todo aquello despertó mi curiosidad hasta que se convirtió, probablemente, en una obsesión que me ha hecho ser como soy; para bien o para mal.

– ¿Cómo es Dortmund?
– Pues es una ciudad sin mar… El mar es algo que echo de menos de Huelva (y de Dunkerque, que me recordaba mucho a Huelva). Es una ciudad muy verde, con mucha naturaleza, parques enormes. Tiene un lago que es bonito pero artificial… aunque me reconforta dar paseos por él. Aquí la gente vive por el fútbol: el Borussia de Dortmund. Apenas salgo, la verdad. En Düsseldorf siempre había algo que hacer, salir por el paseo del Rin, por los museos, por los bares, por las salas de fiesta, por la universidad… Tengo un poema en mi libro que describe esta situación algo claustrofóbica que vivo.

Alfonso trabaja en un instituto alemán.
Alfonso trabaja en un instituto alemán.

– ¿Cómo fueron tus primeros días allí?
– Pues algo difíciles. Tenía una novia en Düsseldorf con la que vivía y tenía que venir a trabajar en tren a Dortmund. Si entraba a las 8.00 pues imagínese… Al final dejé casi todo lo que tenía en Düsseldorf y me vine a Dortmund. Si no me encantara el lugar donde trabajo, pediría el traslado a un colegio/instituto de Düsseldorf, la verdad.

– ¿Dónde trabajas actualmente? ¿Cómo conseguiste el empleo?
– Soy profesor de español e inglés en el instituto Heinrich-Böll-Gesamtschule. Una amiga me dijo que buscaban a un profesor visitante, envié la documentación, tuve la entrevista y me cogieron. Era por un año y luego me renovaron por otro más. Después ya me quedé. En esos años conseguí hacer los exámenes para ser profesor (y el inmenso trabajo burocrático que nunca acababa, fue una aventura que duró años y me costó sudores) y, a continuación, ser funcionario.

El filólogo colecciona juegos.
El filólogo colecciona juegos.

– ¿Has tenido otros empleos anteriormente en Alemania?
– Cuando llegué a Düsseldorf, a donde fui por dos meses, decidí quedarme y probar suerte. Me ayudó el pánico a volar… Ya tenía comprado el billete de vuelta pero un día antes decidí quedarme. Cogí las Páginas Amarillas, imprimí un currículum y fui a todas las academias donde se daba español. En pocos días encontré trabajo en dos academias. Algunos meses ganaba 700 euros, otros 300. La cosa no pintaba muy bien pero aguanté casi dos años. En este tiempo en Düsseldorf trabajé para la editorial Diesterweg en el libro de texto ¿Qué pasa? 2 como co-autor, y corregí otros libros posteriores de la misma línea editorial. Luego estuve un año en Frankfurt trabajando para Nintendo of Europe. Lo que hacía era buscar errores en los textos que estaban en español y algún error en los juegos. Fue una experiencia agradable. Después empecé a trabajar en el colegio en el que estoy ahora.

En la estación de tren de Dortmund en compañía de su prima.
En la estación de tren de Dortmund en compañía de su prima.

– ¿Cuál era tu nivel de idiomas al llegar?
– Pues no muy bueno, la verdad. Llegué a Düsseldorf en 2005 para hacer un curso intensivo de alemán y me quedé, a la aventura. Cuando empecé en mi instituto en 2008 seguía siendo algo malo. Ahora es muchísimo mejor, claro. De hecho, fue el primer examen que tuve que pasar para ser profesor aquí en Alemania: una parte escrita, en primer lugar, donde, además, tuve que leerme el libro Was ist guter Unterricht? (algo así como ¿Cómo es una buena clase?), y una parte oral de 20 minutos. Después tuve algo más de un año de clases y seminarios al tiempo que trabajaba, hasta que llegó el segundo examen. Este último consistía en mostrar una clase de inglés y otra de español a una comisión, y luego una charla sobre teoría de la enseñanza de unos 90 minutos. Aprobé.

El equipo de 'español' del instituto donde trabaja Alfonso en una jornada de puertas abiertas.
El equipo de ‘español’ del instituto donde trabaja Alfonso en una jornada de puertas abiertas.

– ¿Qué fue lo que más te sorprendió cuando llegaste?
– La belleza del país: lo bello que es el tiempo aquí, lo bello de las costumbres y de la conciencia del “todos juntos” para que esto funcione. Aquí, las aceras están casi limpias de papeles y no hay cacas de perro, una vez descargué un televisor enorme del coche y rápidamente un chico me ayudó a llevarlo a mi casa, la gente se ayuda, y si alguien hace algo incorrecto se le dice…
Ahora me llama la atención volver a Huelva y, por ejemplo, ver muchísimos coches rayados, o con golpes, la gente tirando colillas de cigarros desde las ventanas cerca de mí, o coches aparcados en las esquinas por donde debería subir la gente que va en silla de ruedas. No sé, un millón de detalles.

En una fiesta portuguesa en  Isselburg.
En una fiesta portuguesa en Isselburg.

– ¿Te has adaptado bien a los horarios y costumbres?
– Sí. Recuerdo que en Francia, el primer día que fui a trabajar y aún era de noche quería llorar… jajajajaja. Ahora me encanta levantarme, como los alemanes, a la hora que sea y salir por la mañana temprano, aunque aún sea de noche. Y me acuesto prontito, entre las 10 y las 11 de la noche. En Huelva me acostaba entre la una y las dos.

– ¿Qué haces en tu tiempo libre?
– La verdad es que poco. Echo eso de menos de Huelva: quedar con los amigos e ir al gimnasio, o a tomar algo, a salir. En Dortmund no tengo muchos amigos y suelo quedarme en casa…

– Bueno, pero también escribes, ¿no? De hecho recientemente has presentado tu primer libro, El mar vertical, háblame de él.
– Pues es un poemario que recorre estos años fuera de Huelva y también hay alguno de mis años en Huelva. Son principalmente románticos. Tratan del desamor y la soledad. También de la pérdida; por ejemplo, hay un poema que le escribí a mi tío, que falleció hace unos dos años.

Alfonso presentó en Huelva 'El mar vertical'.
Alfonso presentó en Huelva ‘El mar vertical’.

– ¿Qué te ha inspirado El mar vertical?
El mar vertical es esa lluvia que veía desde mi ventana por las noches en Huelva, mientras la gente dormía, y que se llevaba todo el estrés que tenía, me hacía olvidar mis penas. El libro abre con este poema. Por cierto, quienes estén interesados en leerlo lo encontrarán en las librerías Dama Culta, Welba, Saltés, Cobano, Pevidad y Guillermo.

Con algunos amigos que fueron a visitarlo a Dusseldorf.
Con algunos amigos que fueron a visitarlo a Düsseldorf.

– ¿Qué supone para ti escribir?
– Pues escribir para mí es como una terapia, como el que escribe un diario y lo expulsa todo. Que me hayan publicado es algo secundario, aunque estoy muy orgulloso de que Pábilo Editorial me haya publicado el libro. Cuando cerré lo que pensaba que era un conjunto de poemas que podría formar un libro, continué escribiendo. Siempre he escrito en diferentes períodos de tiempo y he ido mejorando. Pero nunca se deja de mejorar, así que seguiré escribiendo. Es una necesidad. De la poesía no se vive. De la novela es posible, pero un escritor de poesía tiene que tener un trabajo y entonces “dedicarse” a la poesía. No espero grandes cosas, aunque seguiré escribiendo y me haría ilusión que me volvieran a publicar. Pero, como he dicho, seguiré escribiendo aunque no me publiquen; para mí y los que me quieran leer, pero básicamente para mí.

Alfonso logró que le convalidaran en Alemania su título universitario.
Alfonso logró que le convalidaran en Alemania su título universitario.

– Siguiendo con tu estancia en Alemania, ¿te has marcado algún objetivo en relación a tu estancia en Alemania?
– Me marqué el de ser profesor. Objetivo conseguido hace ya unos años.

– ¿Cuáles son tus planes?
– Planes… No, realmente nunca he tenido planes hasta llegar a Dortmund y querer ser profesor aquí. Siempre he querido empezar de nuevo, vivir el ahora. Como intentar buscar otras vidas que me llenaran más.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de Huelva?
– A mi familia, amigos, el mar, salir por las calles y ver a la gente tan caótica y loca (a ratos esto está muy bien). La forma tan surrealista de pensar y hablar que tenemos los onubenses. Aunque me guste la soledad y la necesite, necesito a Huelva también. Escucho a las profesoras que son madres decir que les gusta estar en el colegio porque se toman un descanso de los hijos pequeños que tienen. No es que no quieran a sus hijos, pero todos necesitamos una pausa de todo lo que tengamos.

El onubense anima a todo el mundo a pasar una temporada en el extranjero.
El onubense anima a todo el mundo a pasar una temporada en el extranjero.

– ¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España? ¿Por qué?
– Sin duda. Que nadie se compre el primer coche que vea. Primero que compare. Tenemos mucho que aprender de los alemanes, de los franceses, de los belgas, de los polacos… ¡y ellos de nosotros! Salir fuera de Huelva y de España nos enriquece, nos ayuda a evolucionar, a ser mejores, diría yo. No todas las personas necesitan mejorar, pero, tristemente, muchas sí.

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