Nominados a los Premios Buena Gente de Huelva

Juanito Pinzón, el querido moguereño contagiador de sonrisas

Músico desde niño e incansable dinamizador en su pueblo, Juanito Pinzón está nominado a los Premios Buena Gente de Huelva

Juanito Pinzón Buena Gente 0

Juanito Pinzón Buena Gente 01RFB. Quien pretenda ver en la expresión de Juan Garrido Pinzón algo que no sea una sonrisa lo va a tener difícil. Pero es que, cuando Juanito Pinzón se muestra algo parecido a lo que podríamos considerar «serio», los ojos le traicionan. Realmente, sus ojos sonríen.

Es un regalo que este hombre sea capaz de transmitir, como lo hace, tanta simpatía y tanto cariño a quien se lo encuentra. Y hay un valor añadido incalculable que emana de él, su presencia genera sonrisas en los demás. Sonrisas de complicidad, sonrisas de afecto, realmente sonrisas de alegría. Es un contagiador de sonrisas.

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Natural que una de sus hijas, Lourdes, nos haya contado un recuerdo permanente y tan especial como que «de niña iba de la mano de papá y observaba alegre esas sonrisas sinceras de la gente cuando lo veían y se acercaban, y lo contento que se ponía él en ese momento con un saludo o una pequeña conversación«.

Juanito Pinzón Buena Gente 02Es fácil pensar que esa alegría que desprende no es una actitud adquirida con los años. Juanito debía de venir así de fábrica. En esa línea, antes de que hubiera una orquesta, una banda de música, un coro o siquiera un instrumento entre sus manos, Juanito ya hacía música con su propia barriga. Era apenas un niño y salía con los amigos por Moguer golpeándose el vientre como si fuera un tambor mientras improvisaba melodías. La ocurrencia hacía gracia y alguna vez la recompensa terminaba siendo un pirulí de caramelo. También lo ponían a cantar coplillas allí donde hubiera ocasión: junto al Pozo de las Monjas, sentado en algún banco de la plaza o dentro de una casa.

Hasta el cura quiso escucharlo un día. Juanito, con esa mezcla de inocencia y guasa que parece acompañarlo desde entonces, eligió precisamente una coplilla que comenzaba: «Ese chiquillo de quién será, no es del cura ni es del fraile…».

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El sacerdote debió considerar prudente interrumpir el recital:

—Toma, toma un duro, Juanito, y vete a jugar.

Juanito Pinzón Buena Gente 03Han pasado muchísimos años desde entonces, pero parece evidente de que aquel niño continúa por ahí dentro. Porque si algo ha permanecido intacto en la vida de Juanito Pinzón es esa alegría. Una alegría que no entiende como algo que se guarda para uno mismo, sino que necesita gente alrededor para tener sentido. Familia, amigos, músicos, compañeros, mayores… Juanito ha ido llenando su existencia de personas y, casi siempre, ha terminado apareciendo también la música.

A Juanito lo encontramos en la sede de la Asociación de Mayores de Moguer, de la que es el alma. De entrada manifiesta que se ha quedado atónito con su nominación a los Premios Buena Gente de Huelva. «No creo que yo me merezca tanto -afirma y lo percibimos sincero-«. Lo atribuye modestamente a que siempre ha estado liado, desarrollando proyectos, un hiperactivo de libro -nos reímos-. Moguer es su paraíso terrenal. Este lugar es el suyo pero es que, además, añade que «me siento muy querido aquí«. Nos cuenta que precisamente en este edificio situado en la plaza del Cabildo, cuando era el Hotel Fuentepiña, fue donde celebró su boda, acontecimiento que recuerda como el más feliz y emocionante que ha vivido. Asegura que se casó con «una belleza, lo más lindo que había en Moguer«.

Juanito Pinzón Buena Gente 04Nació en en esta ciudad ribereña, en una familia humilde. Su padre, José, era pastor de cabras; su madre, Mercedes, ama de casa. Eran tres hermanos: José Manuel, el mayor, hombre fuerte que trabajó en el campo y en la albañilería; Juanito, el mediano; y Mercedita, la pequeña, que sería maestra y concejala de Cultura.

Juanito era «de poco comer». Su padre, pensando probablemente en proporcionarle un oficio, decidió que aprendiera de su tío Pinzón la profesión de barbero. El plan tenía bastante sentido. Salvo por un pequeño inconveniente: Juanito sentía que su camino era la música. Y acabó siéndolo.

Su infancia transcurrió en una familia que recuerda como buena, humilde y extraordinariamente unida. Se sintió muy querido y cuidado por sus padres, sus hermanos y el resto de la familia. La circunstancia de vivir en una casa alquilada en el centro de Moguer le permitió además crecer rodeado de amigos que, según recuerda, le aportaron mucho culturalmente.

Juanito Pinzón Buena Gente 05Primero asistió, como tantos niños de entonces, a una escuela de pago en casa de una maestra. Después pasó al grupo escolar situado en la estación enológica. Pero su verdadera escuela comenzaba a ser otra. Con once años ya tocaba en la Banda de Música de Moguer.

Y buena parte de lo que aprendió lo hizo prácticamente solo. Buscaba libros y cualquier material relacionado con la música que pudiera caer en sus manos. Había encontrado aquello que le apasionaba y quería saber más.

Hasta que apareció don Abelardo, un profesor vasco que había llegado a Moguer buscando un clima cálido que resultara más favorable para su corazón enfermo. Entre el maestro y aquel muchacho nació una relación de amistad y admiración que Juanito sigue recordando.

Juanito Pinzón Buena Gente 06Don Abelardo vio algo especial en él. Le decía que era «un portento para la música», que tenía un talento extraordinario y que, de haber nacido en otro lugar y en otras circunstancias, podría haber llegado muy lejos.

Pero quizá lo más importante que le proporcionó aquel profesor no fueron únicamente conocimientos musicales. Fue confianza. La seguridad de que aquel hijo de un pastor de cabras que aprendía música buscando libros por su cuenta podía tomarse en serio lo que llevaba dentro.

A los trece años ya compatibilizaba sus estudios con una orquesta. Y aquello que comenzó siendo casi una aventura juvenil terminó durando medio siglo. Pueblo a pueblo y ciudad a ciudad recorrió España y salió también fuera del país: Marruecos, Portugal, Suiza… Cambiaban los escenarios, las localidades y los públicos, pero permanecía la música.

También llegaron los concursos radiofónicos. Recuerda especialmente uno muy popular celebrado en el Gran Teatro, en el que consiguió quedar segundo.

Y llegaron las orquestas. En 1963 fue uno de los fundadores de Los Rivers. Después vendría la Orquesta Platero y más tarde la Orquesta Barbacoa, que alcanzaría un importante éxito nacional e incluso internacional.

Juanito Pinzón Buena Gente 07Pero hablar de música en la vida de Juanito Pinzón obliga casi siempre a hablar también de amistad. De joven formó parte de una reunión de amigos y amigas que tenía nombre propio: «La Jarca».

No necesitaban demasiado para divertirse. Un tocadiscos, unas gaseosas y ganas de pasarlo bien eran suficientes para organizar aquellos guateques que todavía recuerda. Caballero, Damián, Paco Ollero, Julio Pinilla, los hermanos Fuente, Olivares y tantos otros compartieron ferias, romerías, fiestas y una juventud que permanece viva en su memoria.

Después vendrían los compañeros de las distintas orquestas, los músicos de la Banda Hermanos Niño, el coro y los amigos del Hogar del Pensionista. Porque hay algo que Juanito repite cuando repasa su vida: siempre se ha sentido querido. Y en medio de todos esos afectos hay uno que ocupa un lugar incomparable. Tenía 21 años cuando se enamoró de quien sería su mujer. «Yo vi que era la más linda del mundo», recuerda. Cinco años después se casaron y comenzó una familia que hoy constituye uno de sus mayores orgullos.

Juanito Pinzón Buena Gente 08Tuvieron tres hijos: Lourdes, maestra; Merchi, que trabaja en Carrefour; y su hijo Juan Manuel, que siguió directamente la senda musical y es director de banda y profesor. Cuando habla de ellos vuelve a aparecer el Juanito afectivo. No empieza destacando sus profesiones ni sus logros. Habla del cariño que despiertan en quienes los conocen y de la satisfacción de comprobar la trayectoria que cada uno ha construido. A nosotros se nos viene a la cabeza ese refrán que dice que ‘no solo se heredan las tierras‘.

Y después están sus seis nietos, Jesús, Lourdes, Daniel, Elisa, Juan Manuel y Ana. De ellos habla con ese orgullo de abuelo que ni pretende ni necesita disimular. «Son buenas personas a las que queremos mucho».

Volviendo a la música, esta siempre ha estado reclamándole proyectos. En 1984 fue fundador de la Banda de Música de Moguer Hermanos Niño, a la que continúa vinculado. Y hace más de veinte años participó también en la creación del coro del Hogar del Pensionista de Moguer, con el que sigue ensayando, actuando y, sobre todo, disfrutando. Porque Juanito es incapaz de jubilarse de aquello que le hace feliz.

Desde hace diecisiete años es además presidente de la Asociación de Mayores de Moguer. Cuando llegó, recuerda que el Hogar del Pensionista contaba con unos trescientos socios. Hoy superan los 1.500, disponen de una magnífica sede en pleno centro del municipio y desarrollan una enorme variedad de actividades. Entre otras muchas, esta faceta permite comprender que Juanito Pinzón ha sido mucho más que un músico en Moguer. Ha sido y continúa siendo un dinamizador incansable de la vida de su pueblo, alguien que parece disfrutar especialmente cuando consigue reunir a personas alrededor de una iniciativa.

Juanito Pinzón Buena Gente 09Pero cuando habla, por ejemplo, del crecimiento de la asociación tampoco parece demasiado interesado en apropiarse del mérito. Prefiere referirse a sus compañeros, a sus amigos y a cómo responde la gente a cada iniciativa que preparan «con todo nuestro cariño». Quizá ahí esté una de las claves para entenderlo. Juanito se define como «una persona normal, alegre, inquieta» y, casi inmediatamente, añade algo que para él parece fundamental: tiene la suerte de contar con el cariño de muchísima gente y de haber estado siempre rodeado de amigos.

De sus padres aprendió la humildad, el respeto hacia los demás y el inmenso amor que presidía las relaciones familiares. Cuando le preguntamos qué añadió él a ese legado para transmitírselo a sus hijos, aparece nuevamente la palabra que parece perseguirlo desde aquel niño que tocaba el tambor sobre su barriga: la alegría.

Juanito Pinzón Buena Gente 010Humildad, respeto, amor y ALEGRÍA. Así, con mayúsculas. Porque esa alegría, dice, lo ha acompañado siempre y es también la que ha intentado transmitir a sus hijos y a su familia. Resulta difícil separar esa manera de entender la vida de su propia concepción de lo que significa ser buena gente.

Para Juanito es «una persona noble, sencilla, generosa y que da amor y cariño a todo el mundo».

Y si tiene que elegir qué valores aprecia especialmente en los demás tampoco necesita demasiadas palabras: el cariño y la sensibilidad. Quizá por eso su definición de felicidad resulta tan coherente con todo lo anterior:

«Sentirte querido y sentir felicidad dando cariño, esa es la clave de la felicidad, y una familia buena». Recibir cariño y dar cariño.  Juanito Pinzón lleva toda una vida poniéndolo en práctica.

Aquel niño de Moguer descubrió muy pronto que podía golpear su barriga, inventarse una melodía y conseguir que alguien sonriera. Después llegaron los instrumentos, las orquestas, miles de kilómetros de carretera, la Banda Hermanos Niño, el coro, el Hogar del Pensionista, los amigos, los hijos y los nietos.

Han cambiado los escenarios y han pasado los años. Pero Juanito Pinzón sigue haciendo esencialmente lo mismo: poniendo música a la vida, a la alegría de los demás.

5 comentarios en «Juanito Pinzón, el querido moguereño contagiador de sonrisas»

  1. Excelente información de Juan, totalmente de acuerdo con todo lo expresado, salud y larga vida para él y su familia con mucho cariño de Antonio tolita

  2. Desde que era una niña recuerdo a Juan, Juanito Pinzón para la gente del pueblo… siempre involucrado en engrandecer Moguer, persona colaboradora, momentos en la velada con la orquesta Barbacoa, en la banda de música municipal, con el coro de la tercera edad….en mil cosas,Juan siempre presente….pero lo que más recuerdo es su Gran Sonrisa, amable,cariñoso…. merecida nominación Juanito!

  3. Juan es una persona admirable, cuya presencia destaca por su nobleza, su carácter y la confianza que transmite. Su forma de ser, siempre cercana y generosa, hace que quienes lo rodean valoren profundamente su compañía. Es, sin duda, una figura digna de respeto y reconocimiento.

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