Adolfo Morales. Como escribió el sociólogo Zygmunt Bauman: «Hoy nuestra única certeza es la incertidumbre».
Los ciudadanos comienzan a estar hartos de este juego de descalificaciones, medias verdades y de cierta orfandad.
Será inevitablemente que se abra paso una gran ola alimentada de dudas, informaciones confusas, carencia de liderazgo, por no hablar de una evidente desconexión con la sociedad.
Cuando se percibe una cierta distancia entre quienes gobiernan y la población, la confianza comienza a resquebrajarse.
Habrá quien diga, que todo cuanto acontece es mentira, está manipulado o estamos desinformados . Algo de todo eso puede haber. Pero también está el ciudadano, obligado a discernir entre lo verdadero y lo falso. El problema es que la mayoría social, la que finalmente decide, siempre ha sido susceptible de dejarse influir, con y sin razón, pero legitimada para opinar lo que quiera, porque en ella descansa el gran peso de la sociedad.
Los electorados también cambian cuando simplemente castigan a quien gobierna.
Y las más de las veces, no gana el opositor: pierde el oponente, después de haber abonado la incertidumbre y la desconfianza por una mala gestión de la información.
La ola, sólo se frena con hechos, información clara, decisiones, y sobre todo con liderazgo y proximidad, de lo contrario se vuelve imparable.
















