Chony González, bendita Misión del Alma

La que fuera responsable de la puesta en marcha de Proyecto Hombre en Huelva ha convertido la ayuda a los demás, la formación y el compromiso en la particular Misión del Alma de toda una vida.

Buena Gente Chony

Buena Gente Chony González 1RFB. Dos hermanas del Hogar Infantil de Ayamonte encontraron una familia fuera de aquel centro. Tres jóvenes que terminaron su formación en Valdocco necesitaban un lugar donde vivir. Internos de la prisión de Huelva aprendieron cerámica gracias a una profesora que durante dos años acudió a enseñarles gratuitamente. Había niños sin recursos para los que se organizaron actividades y campamentos. Y muchas familias onubenses golpeadas por el drama de las drogas, desde mediados de los años noventa, encontraron en Proyecto Hombre una puerta a la que llamar.

En todas esas historias, y en otras muchas, aparece una misma mujer —y su sonrisa, como destacaba Paco Girón—: Ascención González Rodríguez.

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Podríamos decir que las circunstancias fueron colocando esas historias en su camino, pero seguramente ella no lo explicaría exactamente así. Chony utiliza una expresión mucho más hermosa para referirse al rumbo que terminó tomando su existencia: habla de su «misión de alma». Y contemplada su trayectoria con la perspectiva de los años, resulta difícil encontrar dos palabras que la resuman mejor.

Buena Gente Chony González 12Chony es una gran mujer. Se expresa con dulzura y pausa. Al escucharla uno no la percibe enérgica aunque si extraordinariamente segura. Destila paz, sencillez y armonía. Trabajadora, constante, coherente, amable, agradecida y honesta. Cuando te paras a pensar, y te das cuenta de todo lo que ha hecho por los demás, comprendes que lo que realmente tiene es una energía descomunal tras esa apariencia frágil. Esa grandeza suya nos produce, y a tantísima gente que nos lo ha comentado, una profunda admiración.

La primera vocación de nuestra protagonista, nominada a los Premios Buena Gente de Huelva, había sido otra. Quería ser enfermera. Dedicó tiempo y esfuerzo a intentarlo y llegó a trabajar como auxiliar de clínica en el Manuel Lois. Tenía incluso un puesto fijo, pero tuvo que dejarlo cuando su padre montó un bar y las circunstancias familiares reclamaron su ayuda.

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«La vida me encaminó por otros derroteros a los que mi misión de alma estaba destinada», explica.

Buena Gente Chony González 13Aquella renuncia pudo parecer entonces el final de una vocación. Vista desde hoy, quizá fuera solamente una manera diferente de ejercerla.

Para entender a Chony hay que regresar a la barriada de Las Colonias, en Huelva, donde nació en el seno de una familia humilde y numerosa. Era la mayor de ocho hermanos —ella y Paco, María, Meli, Juan Sebastián, Agu, Pedro y Rosa— , circunstancia que inevitablemente le otorgó responsabilidades desde muy pequeña.

Su padre, Francisco, natural de Ayamonte, había conocido una infancia especialmente dura. Hijo único, perdió a su madre cuando apenas tenía dos años y a su padre a los ocho. Lo criaron su abuela y unas tías. Fue autodidacta, creativo y tuvo la fortuna de encontrar también un mecenas intelectual y amigo. Profesionalmente fue camarero, muy valorado dentro del gremio, y Chony conserva de él algunas enseñanzas fundamentales: la honradez, el trabajo responsable, la creatividad, la superación, el amor por la familia y la amistad.

Buena Gente Chony González 14Su madre, Dolores, onubense y costurera, también había sido criada por su abuela paterna. Fue precisamente aquella mujer quien le enseñó a leer. La lectura despertaría después su afición por el teatro y el teatro acabaría propiciando el encuentro con quien sería su marido. Chony la recuerda como una mujer luchadora, valiente, incansable, alegre y capaz de sobreponerse a las dificultades.

De aquella infancia guarda una imagen especialmente sencilla y hermosa: su madre haciéndole una muñeca de trapo.

No hacen falta demasiados elementos más para reconstruir aquel universo. Ocho hermanos, una casa humilde, juegos en la calle y pocos lujos materiales, pero mucho afecto. Chony define aquellos años como una infancia muy feliz.

Buena Gente Chony González 15Ser la mayor significaba ayudar a su madre con sus hermanos y colaborar en las tareas de la casa. Pero había también tiempo para jugar con Angelita, Mari Cinta o Antonia y, después, para compartir la juventud con Loli, María Teresa, Cloti, Gabi, Cati y otras amigas. La relación con sus siete hermanos, además, continúa siendo hoy muy estrecha.

Estudió en el Instituto La Rábida, pero probablemente entonces no podía imaginar hasta qué punto el estudio acabaría convirtiéndose en una constante de su existencia. Porque si hay una palabra que acompaña a Chony durante toda su vida es formación.

Ya casada y con tres hijos pequeños —con apenas un año de diferencia entre ellos, David, Chony y Elisa— decidió estudiar Filosofía y Ciencias de la Educación en la UNED. Lo hizo con el apoyo de su marido, Manuel,  y mientras atendía una familia que ocupaba buena parte de su tiempo.

Buena Gente Chony González 16Los tres hijos tomaron después caminos diferentes. El mayor se especializó profesionalmente en la construcción y particularmente en trabajos con pladur; la segunda es trabajadora social y desarrolla su actividad en el ámbito de la dependencia; y la tercera es ceramista y pintora y tiene su propio taller.

Pero cuando su madre los describe, las profesiones pasan rápidamente a un segundo plano. Su valoración principal es otra: «Los tres son muy buenas personas».

A ellos, Chony y Manuel trataron de transmitirles el respeto hacia los demás y hacia la naturaleza, la solidaridad y el agradecimiento. Eran, en buena medida, una continuación de los valores que ella había recibido en casa: trabajo, honradez, responsabilidad, esfuerzo, amor a la familia y capacidad de superación.

Pero hubo un momento en el que la familia dejó de ser la única destinataria de esa forma de entender la vida. La fe tuvo mucho que ver.

Chony reconoce tres personas especialmente determinantes en ese camino. Vicente Morales, de Brotes de Olivo, le mostró una manera de vivir a Dios dentro de la familia; Paco Girón le acercó a la experiencia de la comunidad cristiana a través de los grupos de matrimonios; y Juan García le ayudó, en palabras de ella, a conocer «la verdadera cara de Jesús de Nazaret».

Buena Gente Chony González 17No se trataba simplemente de creer, sino de traducir las creencias a la vida cotidiana. Chony lo resume como «vivir el Evangelio como compromiso y en la ayuda a los demás». Y ahí aquella Misión del Alma comienza a adquirir nombres, rostros e historias.

Primero fueron los propios hijos y la necesidad de ofrecerles experiencias y espacios de convivencia. Organizaron campamentos de verano y de aquellos jóvenes acabaría surgiendo la asociación juvenil El Quejigo, con la que quisieron llegar también a niños sin recursos del barrio.

Lo curioso es que aquella relación sobrevivió a la propia juventud. Muchos de aquellos muchachos forman hoy una auténtica «piña» de amigos en la que Chony sigue incluyéndose. También organizaron colonias de verano en Almonaster la Real con un grupo de etnia gitana.

Después llegó algo bastante más comprometido. La Diputación Provincial puso en marcha una experiencia piloto de acogimiento familiar. Se lo propusieron a Chony y a su marido y aceptaron.

Dos hermanas del Hogar Infantil de Ayamonte entraron en sus vidas y permanecieron acogidas por la familia durante dos años. Aquella experiencia pionera se extendería después a otras familias.

Pero todavía quedaban más puertas por abrir. Su marido y ella se hicieron cargo de la tutela de un piso piloto destinado a tres jóvenes que habían terminado su formación en Valdocco, pero que no tenían dónde vivir o procedían de familias muy desestructuradas. Chony fue su educadora.

Buena Gente Chony González 18A aquel primer piso siguieron después otros vinculados a Valdocco. Hasta una de sus inquietudes creativas, la cerámica, acabó encontrando una dimensión social. Sus conocimientos hicieron que le propusieran impartir un curso a internos de prisión.

Aceptó y durante dos años acudió gratuitamente a enseñarles. Todavía conserva una de las piezas realizadas por uno de aquellos hombres. Y entonces llegó uno de los grandes capítulos de su vida.

Los años ochenta habían causado verdaderos estragos con las drogas. Detrás de muchos jóvenes atrapados por la adicción había familias enteras, y especialmente madres, que vivían situaciones dramáticas.

Un grupo de personas sensibilizadas con aquella realidad y que ya trabajaba con esas madres comenzó a buscar la manera de implantar en Huelva el programa de rehabilitación terapéutico-educativo Proyecto Hombre, que funcionaba desde años atrás en otras provincias españolas.

Pensaron en Chony. Le propusieron asumir la dirección y presidencia. Se formó como terapeuta en la Escuela de Formación de Proyecto Hombre y se hizo cargo del programa.

En septiembre de 1994 abrió el primer Centro de Acogida, instalado en el Pabellón de las Acacias, cedido por la Diputación Provincial. Al año siguiente se puso en marcha la comunidad terapéutica de Gibraleón y posteriormente llegaría el Centro de Reinserción Social.

Fueron tiempos complicados. Había que buscar recursos y levantar prácticamente desde el principio una estructura capaz de responder a un problema enorme. Sin embargo, cuando Chony recuerda aquellos años, entre las imágenes que permanecen con mayor intensidad están las madres.

Buena Gente Chony González 110Mujeres que llegaban completamente rotas por la situación de sus hijos y que, apenas unas semanas después, podían ser capaces de recibir a otra madre que llegaba tan destrozada como ellas lo habían estado, abrazarla, comprenderla y animarla a seguir adelante.

Hay algo extraordinario en ese proceso: quien llega necesitando ayuda termina convirtiéndose en ayuda para quien viene detrás. Y Chony tampoco salió igual de Proyecto Hombre.

«A mí Proyecto Hombre me ha marcado para bien. Me ha hecho ser más y mejor persona. Te identificas con ellos y te dan lecciones de vida».

Una afirmación particularmente significativa porque invierte el sentido habitual de la ayuda. Después de tantos años dedicados a los demás, Chony no coloca a un lado a quien ayuda y al otro a quien recibe. Reconoce que quienes aparentemente necesitaban de ella acabaron también enseñándole y transformándola.

Cuando dejó la dirección todavía continuó durante algunos años como voluntaria. Y se marchó tranquila al comprobar que el director y el equipo terapéutico que continuaron aquella labor hacían crecer el programa y lo proyectaban hacia nuevos ámbitos de intervención.

Buena Gente Chony González 19Tampoco dejó de formarse. A los conocimientos académicos y profesionales fue añadiendo una búsqueda relacionada con el desarrollo y el crecimiento personal hasta formarse como terapeuta holística y emocional. Y todavía hoy continúa ofreciendo apoyo terapéutico a personas que recurren a ella porque lo necesitan.

Cuando Chony tiene que definirse habla de una mujer sencilla, amable, acogedora, constante, perseverante, creativa y trabajadora. Dice que procura ser fiel a sus principios y que le encanta relacionarse con sus amigos. Pero quizá su historia permita prescindir de casi todos los adjetivos. Hoy disfruta con su familia, que incluye a cuatro nietos, Pablo, Victor, Manuel y María. Reside en una bonita casa de El Almendro, respirando esas sensaciones especiales del ámbito rural.

Y en la memoria están aquellas dos niñas de Ayamonte que durante dos años también formaron parte de su familia. Están los tres muchachos que necesitaban un lugar donde vivir. Los niños de los campamentos. Los jóvenes de El Quejigo. Los internos de prisión. Las madres destrozadas por las drogas. Los chicos de Proyecto Hombre. Y están también las muchas otras personas que encontraron y hoy siguen encontrando en ella apoyo cuando atraviesan dificultades.

Quizá aquella joven que tuvo que abandonar el Manuel Lois no renunciara realmente a su vocación de cuidar. Simplemente estaba comenzando, sin saberlo, su particular y bendita Misión del Alma.

 

Fotos: Edith-HBN.

Los premios Buena Gente de Huelva son promovidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Tienen por objeto difundir modelos de generosidad, entrega y honestidad. De servicio a los demás, valores humanos, independientemente de las actividades o ámbitos de las personas, de su notoriedad o anonimato. Homenajear a los buena gente es el propósito de estos premios, refrendados a nivel popular.

9 comentarios en «Chony González, bendita Misión del Alma»

  1. Me ha alegrado mucho conocer esta noticia, pues yo conocí a Choni recién llegada a P. H. como voluntaria donde sigo colaborando.
    Coincido totalmente con la magnífica descripción que hace de ella
    Enhorabuena Choni y que sigamos coincidiendo. Un beso

  2. Chony es mi Compañera tambien en mi camino del Alma, sencilla, dulce, con esa energia amorosa que desprende, incansable en su labor de siempre aprender y compartir, sin duda es una mujer referente en mi vida y tengo la gran suerte de conocerla personalmente.
    Es muy merecido este reconocimiento.Gracias, gracias, gracias ?

  3. Una persona admirable,con espíritu de entrega y amor a todos, loable y amada dulce Chony, un gran ejemplo de servicio y fortaleza, Dios siempre la bendiga, la amo y admiro!!!

  4. Es un lujo tener a esta gran señora y a su esposo residiendo en nuestro pueblo El Almendro desde hace un tiempo, pero no sabía que fuera lo que ha sido y lo que es, hasta enterarme en este momento y me llena de admiración y satisfacción.

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