Paco Díaz, la riqueza… de los valores que uno lleva consigo

Paco Díaz Buena Gente Huelva

Paco Díaz Buena Gente Huelva 1RFB. Acababa de firmar la operación de compra de una cadena de supermercados -mas por menos- que supondría un punto de inflexión en su carrera empresarial. Salía ese día de 1996 de las escaleras de la notaría situada en la calle Vázquez López de Huelva, y antes de comunicar a su familia y colaboradores la culminación del acontecimiento se encuentra con Manuel Casado y su mujer paseando por la calle, de modo que es al primero que se lo cuenta, y se funden en un abrazo.

Parece increíble pero es tan evidente que las casualidades no existen que la realidad nos da continuamente pruebas de ello, como en este caso.


Manolo Casado había sido esa persona clave que en su momento ayudó a Paco para, sin garantías más allá de su particular tesón e imagen personal, concederle un crédito que permitió adquirir su segundo supermercado, en La Antilla. Esa confianza indispensable que al principio de todo hay que encontrar la recibió de aquel palmerino que dirigía la oficina del Banco Hispanoamericano de Lepe.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 3Y en esa operación que firmó en la calle Vázquez López ya no necesitaba financiación, era propia. Pero si mucho antes no hubiera estado esa confianza de Casado no habría llegado allí, a ese momento.

La vida y el proceder de Francisco Díaz Mingorance nos enseñan mucho. Podríamos simplificar quedándonos con que es un hombre muy inteligente y de extraordinario éxito empresarial. Eso es, desde luego, destacable, pero resulta secundario frente a un axioma que defiende con certeza: lo importante es ser buena persona.


Y no lo dice de sí mismo, porque la sencillez y la modestia constituyen dos de los sellos de su personalidad, sino cuando habla de la valía de sus hijos. Respecto a ellos, por encima de sus logros, de sus profesiones o de cualquier otra consideración, considera que lo verdaderamente importante es que sean eso: buena gente.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 4En esta reflexión, Paco, que es en gran medida un profesor de la vida, coincide con otro profesor, de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, quien a más de cinco mil kilómetros de Lepe defiende una idea muy próxima: para llegar a ser un gran profesional, primero hay que ser una buena persona. Dos mentes sabias convergen en una misma idea sin conocerse.

Y hay otra reflexión que el ejemplo de Paco acredita con contundencia: se puede ser un gran empresario y tener corazón. Se puede alcanzar el éxito sin desterrar los sentimientos ni relegar lo emocional a un segundo plano. En su caso, precisamente, la dimensión humana parece haber ocupado siempre un lugar relevante en su forma de entender la familia, la amistad, el trabajo y la relación con los demás.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 5Todo esto pueden parecer bonitas palabras, que lo son, pero nunca vacías, sino bien llenas. Por poner un ejemplo muy sencillo, en esta gigántesca corporación que ha creado, que cuenta ahora con casi seis mil trabajadores, en sesenta años no ha tenido ni un solo conflicto laboral. Otro ejemplo, tembién objetivo, lo constituye el hecho de que en las sucesivas incorporaciones de otras cadenas la integración del personal de aquellas ha sido completamente exitosa, lo que no suele resultar sencillo.

Charlamos con él en el entorno de la Ermita de la Virgen de la Bella -de la que es fiel devoto, como del Padre Jesús-. Nos acompaña amablemente Rocío Quiñones.  Paco en la conversación deja muchas perlas para pensar, resultado de tan densa y fructífera experiencia personal. Hay una frase suya que sitúa una clara jerarquía entre conceptos de alguien que ha llegado a la cima empresarial: «El dinero puede estar en el banco, pero los valores son los que uno lleva consigo».

Paco Díaz Buena Gente Huelva 6Y para descubrir de dónde vienen esos valores hay que retroceder hasta el Lepe de su infancia, hasta una casa humilde en la que existía una regla que hoy puede provocar una sonrisa, pero que entonces estaba mostrando el camino de la superación: «El huevo frito era para el que trabajaba».

Paco trabajó. Mucho. Primero porque aquellos eran los tiempos que tocaban y después porque el trabajo, la constancia y un cierto inconformismo terminaron formando parte inseparable de su carácter.

Nuestro protagonista nació en Lepe, en la calle Miguel Rodríguez, hijo de un albañil —Antonio—  y una ama de casa —Manuela– . Y es que Paco es muy muy lepero, de lo que se siente maravillosamente orgulloso. A los doce años la familia se trasladó a la calle Encarnación. Su infancia pertenece a un tiempo en el que estudiar durante muchos años estaba reservado a muy pocos y comenzar pronto a trabajar formaba parte de la normalidad.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 7Fue al colegio de la calle Plaza, el de los niños, que daba también a Oria Castañeda. Después no hubo instituto. Había que incorporarse a la vida laboral y colaborar en casa.

De sus padres recibió dos enseñanzas fundamentales: trabajo y honradez. Ser honrado con los demás, pero también con uno mismo, y asumir que las cosas difícilmente llegan sin esfuerzo, constancia y dedicación.

Aquella infancia, sin embargo, no fue solo trabajo y obligaciones. Estaban también los amigos y, sobre todo, el fútbol. Pepito la Carrasca, Gonzalo Camacho, Pedro el Guardia, Tinoco, Pepe el Agustina, Manolo Borreguero y Carmelo Cerro forman parte de aquella geografía sentimental. Con ellos se marchaba al Corchuelo para jugar al fútbol.

El equipo tenía incluso nombre: El Rayo. Todavía no existía el San Roque y aquellos chavales organizaban sus propios partidos. Paco jugaba donde hiciera falta, arriba o atrás. Lo importante era participar.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 8El fútbol seguiría acompañándolo después de otra manera. Como reconoce que como jugador tampoco destacaba especialmente, encontró en el arbitraje una posibilidad de continuar pisando los terrenos de juego. Y allí permaneció durante un tiempo, ahora con el silbato. Su primera profesión, sin embargo, parecía escrita casi desde el origen familiar. Como su padre, fue albañil y trabajó en la construcción hasta los 24 años. Entonces llegó un desencuentro con su jefe.

Podría haber quedado reducido a una anécdota laboral, pero terminó cambiando el rumbo de su vida. Comenzó a conocer el comercio y descubrió un sector en el que creyó ver posibilidades que otros quizá no estaban viendo. Las tiendas de aquellos años tenían, a su juicio, un enorme margen para profesionalizarse, mejorar y crecer. Vió una oportunidad y decidió aprovecharla.

Siendo ya empresario llegó la inflexión propiciada por el referido Manuel Casado. Paco nunca había contado con un aval. Tampoco quería recurrir a familiares para conseguirlo. Una de sus líneas rojas consistía precisamente en no comprometer económicamente a las personas próximas para sacar adelante sus propios proyectos. Y Manuel Casado decidió confiar en él. Los años han pasado, pero Paco no ha olvidado aquel gesto. Probablemente porque la lealtad y la confianza ocupan un lugar muy alto en su escala de valores.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 9Paco es amigo de sus amigos, de los de siempre y de los de ahora, y considera que las amistades «son como el buen vino: pocas, pero buenas». Juan «el Tody» o el maestro Araujo forman parte de esas relaciones conservadas durante muchos años. No parece interesarle acumular conocidos. Prefiere la autenticidad de quien permanece.

Hay también otra palabra que se repite cuando habla de sí mismo: inconformismo. Se considera trabajador, persistente y constante. Cuando alcanza un objetivo no suele detenerse demasiado a contemplarlo; casi inmediatamente comienza a pensar cuál puede ser el siguiente. Pero esa exigencia convive con un carácter alegre y una afición muy lepera y muy personal por «la guasa». Se reconoce bromista, picón y amante de una buena conversación.

No parece una cuestión menor. Porque cuando explica qué significa para él ser «buena gente», junto a ayudar y escuchar aparece también algo tan cotidiano como compartir una charla, un chiste o un buen rato.

«Para mí, ser buena gente significa saber escuchar a los demás, intentar ayudar cuando alguien tiene un problema y hacer todo lo posible por las personas que nos rodean». Ahí sitúa también una recompensa que no se contabiliza en ninguna cuenta corriente, el poder estar tranquilo con uno mismo.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 10Es significativo en alguien cuya vida profesional ha estado vinculada a los negocios que, cuando habla de aquello que verdaderamente quiso transmitir a sus cinco hijos —Paco, Mabel, Encarni, Isabel y Luis—, vuelva precisamente al territorio de lo que no se compra. Quiso que fueran trabajadores, formales y responsables. Pero por encima de todo quiso, como decíamos, que fueran buenas personas.

Mabel es la que dirije la empresa desde que Paco se jubiló, y nos reimos mucho cuando la califica porque dice que «me pasó por la derecha«, aludiendo a que considera que es más inteligente que él y mejor gestora.

En la vida de nuestro nominado a los Premios Buena Gente de Huelva ha estado siempre Manoli Orta, su mujer, con la que formó una familia que hoy se extiende ya a nietos —Sabina, Manu, Paquito, Isabel, Belén, Pedro, Alfonso, Beatriz, Lola, Antonio, Bella, Paula, y Sofía—  y bisnietos —Aner, Noa, Alejandro, Mateo, Luca, y Hugo—.

Y es precisamente ahí donde desemboca su concepto actual de felicidad. Después de tantos objetivos perseguidos, negocios emprendidos y metas alcanzadas, la respuesta se ha vuelto extraordinariamente sencilla:

«A estas alturas, la felicidad empieza por algo tan sencillo y tan importante como poder levantarme cada día, que no es poco».

Levantarse para poder estar con Manoli, los hijos, los nietos, los bisnietos y la salud. Poder disfrutar del tiempo con su mujer. Saber que sus hijos son felices. Ver crecer a las generaciones que han venido detrás y comprobar que pueden vivir sus propias vidas.

Paco Díaz Buena Gente Huelva 11Mucho camino recorrido desde aquel niño de Lepe que aprendió que «el huevo frito era para el que trabajaba» hasta el hombre que hoy encuentra la felicidad simplemente en levantarse cada mañana, ver la luz de Lepe y comprobar que los suyos están bien.

Por medio ha habido trabajo, fútbol, albañilería, comercio, riesgos, oportunidades, éxitos y seguramente también unos cuantos tropiezos. Pero cuando se le pide que haga balance, lo verdaderamente importante termina quedando fuera de cualquier contabilidad.

Hoy, habiendo creado tanto, de lo que más orgulloso se siente es de su familia, y de su condición de lepero. De su mujer, Manoli, a la que está profundamente agradecido y a la que ama y admira con pasión; de todos sus hijos, nietos y bisnietos.

Quizá sea esa una de las grandes lecciones de ese profesor de la vida que encontramos al principio. Después de haber conocido el valor del trabajo, de haber emprendido, arriesgado y prosperado, Paco Díaz parece tener muy claro que realmente el éxito es tener valor como persona. Y seguramente por eso, cuando mira a quienes vienen detrás, su mayor satisfacción está en que sean buena gente.

1 comentario en «Paco Díaz, la riqueza… de los valores que uno lleva consigo»

  1. Como el dice , la base también está en ser
    Buena persona y doy fe , que el lo es , sobre todo lo pendiente y preocupado que ha estado por sus trabajadores , sigue visitando todas las semanas las tiendas sobre todo la zona de la antilla e islantilla para saludar a los trabajadores . Así que chapo Paco , eres un diez

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