Antonio Delgado Pinto. Ya se van notando los días. Ésa era la frase que mi madre solía pronunciar en algún momento de nuestros viajes de vuelta desde la playa hasta casa, después de que agosto hubiese pasado ya su ecuador. Con esas palabras mi madre certificaba una realidad que a mis hermanos y a mí nos había ido pasando desapercibida en medio del jolgorio playero de la infancia. Rememoro a mi padre con el codo apoyado en la ventanilla del Gordini, comprobando las luces ya idas del día y dándole la razón. El término de las vacaciones y la antesala de la escuela, la vuelta a la rutina, la vendimia, los días menguantes de antes del otoño… han vuelto a mí con la misma carga de desazón que en aquella época.
Agosto termina hoy, pero no solo este agosto, también todos los agostos recordados, los olvidados, los deseados alguna vez… El año próximo otro agosto, que serán todos los agostos, volverá a aposentarse en los calendarios. Otro calor, otra playa, otra sombrilla y otra siesta que serán los mismos que este año y que todos los años y que sin embargo serán tan diferentes como la pleamar de la mañana y la de la tarde.
Consciente de que es el último día de los agostos idos y de que habrá otros que vendrán, he procurado durante toda la jornada palparlo más si cabe que el resto de los días. Hoy he querido ser el último en abandonar esta playa tan distinta y tan igual a la de otros años, quedarme hasta que el anochecer temprano haya difuminado las dunas y el horizonte, vivir y contemplar este anochecer que es tan igual a otros anocheceres y al mismo tiempo tan diferente.
Días de Playa. Anochecer. Texto y foto: Antonio Delgado Pinto.














