Antonio Delgado Pinto. Es difícil pensar en un día de playa en el que no haya algún castillo. De niños, nosotros mismos intentábamos recrear con arena las imágenes de los castillos que habíamos visto en las películas y series del momento. Poterna, torres, almenas, barbacana… cualquier palabra de las que leíamos y que nos sonara a lo medieval y a lo épico, a la reconquista, procurábamos reproducirla como parte de nuestras fortalezas de arena. Cada domingo realizábamos mejoras en los nuevos castillos que edificábamos, añadiendo túneles, sótanos, fosos, adarves, puentes levadizos o una torre del homenaje más alta y más solida.
Era una época en la que, de la mano de nuestro padre, íbamos descubriendo otros castillos de tamaño real: Salvatierra de los Barros, Niebla, Santa Olalla… fortalezas con muchas historias entre sus paredes y que a nosotros se nos antojaban parte de las aventuras que leíamos y que luego construíamos cada domingo. Aquellos castillos hechos con la arena de la playa nos aportaban un plus de fantasía: Podíamos situar la celda donde Edmundo Dantés conoció al abate Faria o la poterna que Nick Deck y el doctor Patak no pudieron atravesar en su excursión al misterioso castillo de los Cárpatos.
De todos los castillos fotografiados durante este verano en nuestras playas, he elegido éste encontrado hoy en esta playa cercana a donde estuvo el recordado camping Catapum y en el que se nota la mano de un artista. Sus torres cilíndricas, sus muros coronados por almenas, su torre del homenaje en el centro del patio de armas y sus muros labrados nos recuerdan a los castillos repartidos por nuestra geografía y nos sumergen en el pasado de nuestra tierra colmado de historia y de leyenda.
Días de playa. Castillos. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.














