Antonio Delgado Pinto. La bajamar nos descubre cada día una playa nueva. Cuando el océano retira sus aguas y se aleja, esculpe motivos geométricos y talla en la arena los relieves que su antojo decide. Espirales, simetrías, ondulaciones y un sinfín de recursos estilísticos deja a nuestra contemplación y maravilla. Cualquier forma de expresión existe en su infinito taller de modelado, pero no para causar en nosotros la mayor de las envidias, sino porque es la tarea que él mismo se asignó para con el planeta. Su lenguaje sirve para labrar la superficie por la que transitamos al tiempo que las personas nos damos al interés por lo indefinido, por esta abstracción tan que carece de mesura o compás. Otras veces el mar deja agua de mar entre sus resaltes entre los que el sol se mira y juguetea, nos encandila y provee de una nueva luz multiplicada que, según la hora del día, difiere de la anterior y de la siguiente. Ya lo escribí en otra ocasión: la orografía cambiante es un espectáculo que esta playa tiene a bien regalarnos sin pedir nada a cambio. Las retamas y los enebros, las dunas y los pinos… yo mismo soy testigo excepcional de este acontecimiento diario pero no por ello menos trascendente.
Deambulo mientras tanto deshaciendo el mosaico perfecto con las huellas de mis pies, que no son más que otro modelado, aunque tosco y primitivo, señales primarias de mis pies desnudos impresos en la bajamar que apenas durarán el tiempo que la marea tarde en subir. Puede uno sentir aquí lo extraordinario que es saber que nada de lo que construyamos aquí pervivirá para siempre, que cualquier trazo de nuestras manos y pies solo existirá mientras la pleamar no regrese.
Días de Playa. Geometría. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.














