Fernando Fernández Bernal, una pieza clave desde la bondad

Nacido en La Dehesa y afincado en Huelva, ha construido su vida alrededor del trabajo, la familia y una permanente disposición a ayudar a sus vecinos y a quienes lo necesitan. Esta nominado a los Premios Buena Gente de Huelva.

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Buena Gente Huelva 1RFB. Lo natural es pensar que las parejas de nuestros Buena Gente deben serlo también, y esa idea se ha reforzado al entrevistar a Fernando Fernández Bernal. Son percepciones necesariamente subjetivas, desde luego, pero el encuentro con Fernando nos deja la sensación de un aura especial compartida con Joaquina, su mujer, indivisible, que se retroalimenta en la buena condición humana de ambos. Pero centrémonos en el protagonista, que ya buscaremos ocasión para fijar la atención en ella. La verdad es que es un privilegio establecer contacto con este tipo de personas, nos sentimos agradecidos.

Quedamos en una de las placitas del Pasaje El Greco. Para ser honestos, admitimos que es la primera vez que visitamos este lugar, en el interior, y que echamos una charla con Fernando. Y, la verdad, no ha podido ser más gratificante. Nos habían hablado de él, y esas alabanzas escuchadas encajan con lo que vamos descubriendo mientras conversamos. Amable, dispuesto, vitalista, dinámico y con un perfil optimista, Fernando es una pieza clave en el mosaico de su barrio, más allá de ser desde hace muchos años presidente de su AAVV.


Está nominado a los Premios Buena Gente de Huelva en su octava edición. Ello nos da la oportunidad de disfrutar con la entrevista, que proponemos en su lugar cotidiano. Al final de la misma se incorpora Paca, una vecina increible, con 96 años, que nos deja alucinados. La fotografiamos con el matrimonio, y apreciamos el cariño mutuo que comparten.

 

Buena Gente Huelva 11Fernández Bernal recuerda todavía aquellas mañanas en las que recorría andando los cuatro kilómetros que separaban su casa del colegio. Mientras él caminaba para estudiar, en dirección contraria encontraba una imagen que quedó fijada para siempre en su memoria: hombres procedentes de distintos puntos de la comarca avanzando hacia las minas para comenzar su jornada de trabajo. Era el paisaje humano de la Cuenca Minera y también el mundo en el que Fernando comenzaba a hacerse mayor.

Había nacido el 15 de enero de 1948 en La Dehesa, pedanía de Riotinto cuya vida dependía entonces prácticamente por completo de la minería. Su infancia cambió de manera radical cuando solo tenía ocho años. Su padre, Fernando, falleció y su madre, Andrea, tuvo que afrontar sola la responsabilidad de sacar adelante a la familia. Cuando Fernando vuelve sobre aquellos años, la figura materna ocupa casi todo el espacio. No duda al reconocer la deuda que siente hacia ella: «Toda la educación y lo que soy se lo debo a mi madre. Se preocupó de que yo estudiara y se sacrificó mucho».


Buena Gente Huelva 12No abundaban las comodidades. Lo resume diciendo que no pasaron necesidades, pero vivían «con lo justo». Su madre, sin embargo, estaba decidida a proporcionarle una formación que pudiera abrirle un camino profesional. Estudió en la Escuela Profesional y aprendió el oficio de tornero. Aquello requería un esfuerzo considerable para un muchacho de su edad. Entraba a las ocho de la mañana y no terminaba hasta las siete de la tarde, después de haber recorrido además a pie la distancia desde su casa.

Por eso, cuando intenta recordar cómo fueron realmente su infancia y su juventud, Fernando introduce una palabra que pesa más que las demás: «Sacrificio más que otra cosa, que al final es lo que te hace en la vida ser más fuerte y luchar contra las adversidades».

Buena Gente Huelva 13Tuvo muy buenos amigos, por supuesto. Antonio, Carlos y Manuel están entre los nombres que permanecen de aquellos años. Pero reconoce que tampoco disponía de demasiado tiempo para una infancia como la que hoy podríamos imaginar. Cuando terminó sus estudios, las circunstancias económicas familiares volvieron a marcar el siguiente paso. Había que comenzar a trabajar y lo hizo como tornero en los talleres de la compañía minera. El oficio que había aprendido se convirtió así en su profesión.

Buena Gente Huelva 14El trabajo ha ocupado un espacio enorme en su vida, pero cuando Fernando habla de él casi nunca lo presenta como una aspiración individual. Trabajar aparece siempre relacionado con alguien más: primero con la necesidad de ayudar en casa de su madre y, años después, con la responsabilidad de proporcionar seguridad y oportunidades a su propia familia. Quizá por eso le cuesta tanto definirse cuando se le pregunta cómo cree que es como persona.

«Yo no me puedo definir como persona porque lo que he hecho ha sido trabajar para que en mi casa y mi familia estuvieran bien. Creo que volvería a hacer lo mismo. Me he sentido cómodo ayudando a mi familia y a los demás cuando me lo han pedido».

Junto a su mujer procuró que sus hijos, Fernando y José María, recibieran los valores que ambos habían aprendido previamente de sus propios padres. Pero incluso en ese punto Fernando evita atribuirse demasiado mérito. Considera que su esposa ha tenido una responsabilidad mayor que él en la educación de los hijos, mientras su propia vida estaba condicionada en buena medida por el trabajo. Su objetivo era que aquellos hijos pudieran disponer de las oportunidades que a él le había costado tanto alcanzar.

Buena Gente Huelva 15Quería que estudiaran y llegaran a la vida adulta con una preparación que les permitiera afrontar su futuro profesional sin las dificultades que él había conocido. Hoy contempla con satisfacción el resultado. El mayor vive en Madrid y es jefe de programación; el otro es funcionario y trabaja en el SEPE. «En ese aspecto creemos que hemos cumplido», resume.

El plural resulta significativo. Fernando habla de lo conseguido como una tarea compartida con su mujer, a la que señala además como la persona que más ha influido en su vida, junto a sus amigos. También el presente continúa estando marcado por esa vida en común. Su esposa tiene reconocida una discapacidad del 50 % y Fernando participa actualmente en su cuidado. Habla de ella con admiración y la define como «una excelente persona y muy valiente».

Buena Gente Huelva 17Después de tantos años trabajando para los suyos, cuidar forma parte ahora de su vida cotidiana. Probablemente por eso resulta especialmente interesante escuchar su respuesta cuando se le pregunta directamente qué significa para él ser «buena gente». Fernando no ofrece una definición. Ni siquiera parece demasiado cómodo juzgándose a sí mismo:

«Yo no sé definir qué es ser buena gente porque, como ya he comentado, lo mío ha sido trabajar y hacer las cosas lo mejor que he sabido o he podido. Unas veces se consigue y otras veces no. Si eso es ser buena gente, pues así será, pero no soy yo quien tiene que calificarme».

Buena Gente Huelva 18La respuesta dice bastante más de él que una enumeración de virtudes. Y esa dedicación a los demás evidentemente no se ha circunscrito a su familia. Su disposición para con los vecinos es una de las constantes en este ya entrañable barrio colindante con el Parque Moret.

A sus 78 años, Fernando contempla su trayectoria desde parámetros bastante sencillos. No habla de grandes éxitos ni parece sentir la necesidad de reivindicar lo realizado. Su medida de las cosas está mucho más cerca de aquella educación recibida de su madre: cumplir, trabajar, responder cuando la familia necesita algo y prestar ayuda cuando alguien se la pide. Tampoco complica demasiado su concepto de felicidad. «La felicidad para mí es que mi familia y mi entorno estén bien y ayudar a todas las personas que me lo pidan».

Buena Gente Huelva 20Desde aquel niño que caminaba cuatro kilómetros para estudiar hasta el hombre que ahora cuida amorosamente de su mujer existe un largo recorrido, pero algunas cosas parecen haber cambiado muy poco. Fernando ha pasado buena parte de su vida procurando que quienes están a su alrededor estén bien, y hoy felizmente lo sigue haciendo.

 

Fotos: Edith-HBN.

Los premios Buena Gente de Huelva son promovidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Tienen por objeto difundir modelos de generosidad, entrega y honestidad. De servicio a los demás, valores humanos, independientemente de las actividades o ámbitos de las personas, de su notoriedad o anonimato. Homenajear a los buena gente es el propósito de estos premios, refrendados a nivel popular.

 

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