RFB. Mercedes Carmona Santos aprendió de sus padres algo que no siempre resulta fácil llevar a la práctica: intentar pensar bien de las personas incluso cuando alguna de ellas te haya hecho daño. Junto a esa enseñanza llegaron otras que todavía hoy utiliza para explicar su manera de conducirse: honestidad, educación, respeto y la convicción de que nunca merece la pena aparentar ser lo que uno no es.
Son principios que ha procurado conservar y que, con el paso de los años, ha trasladado también a sus hijas, Lourdes y Fátima. Cuando habla de la educación que quiso darles aparecen de nuevo la honestidad y la sencillez, y especialmente el ejemplo de su padre, al que continúa recurriendo como referencia de muchas de las cosas que considera importantes.
Nos hemos encontrado con ella en el popular establecimiento familiar Casa Carmona, de Higuera de la Sierra. Ese tan frecuentado que se encuentra a pie de carretera, más o menos a la mitad de la travesía que cruza el pueblo de levante a poniente. Lo adquirió su padre hace muchísimos años, habiendo sido gestionado con anterioridad. Un espacio que, por tanto, supera con creces el siglo de actividad hostelera.
La familia Carmona ha sido extraordinariamente devota de la Virgen de Fátima. Sus visitas al Santuario de Fátima han sido incontables. En el propio bar tienen una especie de hornacina con la imagen de la Virgen.
Mercedes está nominada a los Premios Buena Gente de Huelva. Es muy agradable la charla con ella, transmite autenticidad con mucha simpatía. Positiva y capaz, es de las personas que te aportan paz y energía en la cercanía.
Su historia comenzó allí, en Higuera de la Sierra, en un escenario ligado a la propia vida familiar. Nació en la planta superior del Casino de los Socios, que entonces regentaban sus padres. Él había sido guardia civil -al igual que su abuelo materno- y, una vez retirado, puso en marcha un bar -siguiendo también la estela de su suegro-; su madre, ama de casa, compartía con él la atención del negocio.
Los primeros tiempos para Mercedes estuvieron marcados por una circunstancia especialmente dolorosa. Su hermano Fernando murió de meningitis poco después de que ella naciera. El temor al contagio hizo que nadie quisiera hacerse cargo de la pequeña y fueron sus tías Remedios y María —esta última, matrona del pueblo— quienes la acogieron hasta el regreso de su padre.
La figura de aquellas mujeres permanece entre sus recuerdos más antiguos. Como permanecen también las amigas con las que compartió la infancia y que, en buena medida, han continuado acompañándola durante toda la vida. Reme, Amalia, Conce, Margarita, Prado, Inmaculada… Los nombres atraviesan las décadas.
Con ellas vivió una infancia que recuerda especialmente feliz. Jugaban a las casitas, veían películas, practicaban juegos como el piso y encontraban tiempo también para alguna trastada. Pero había una frontera que sus padres habían establecido con absoluta claridad: cuando comenzaban a encenderse las farolas, había que estar de vuelta en casa. Fue, como describe, «una infancia de las de antes, de las buenas».
Estudió primero en el colegio Rafael Girón María de Higuera, prácticamente al lado de su casa, y posteriormente cursó Secundaria en el Instituto San Blas de Aracena, permaneciendo durante aquella etapa interna en el colegio de las monjas.
Pero de aquellos años parece haber sobrevivido por encima de muchas otras cosas el valor de las relaciones personales. Sus amigas de la infancia son también las de la juventud y algunas continúan formando parte de su presente.
Entre todas destaca especialmente Reme. La considera una de las personas que más han influido en ella fuera del ámbito familiar. Han caminado juntas prácticamente como hermanas y todavía recuerda la importancia que tuvieron sus consejos.
Esa fidelidad a las personas encaja bien con la manera en que Mercedes se define a sí misma. Trata de ser agradable, simpática, educada, cariñosa y honesta, pero introduce inmediatamente algo que para ella parece tener mayor importancia que los adjetivos: le gusta ayudar a los demás.
No establece demasiadas condiciones para hacerlo. «Entiendo que hay que ayudar a las personas sin importar quién sea ni quién no sea«, explica cuando intenta definir qué significa para ella ser buena gente.
Ahí está probablemente una de las claves de su personalidad. No entiende la ayuda como un intercambio ni como algo que deba generar una deuda. Considera buena persona, como es natural, a quien es capaz de ofrecerse a los demás sin esperar recibir nada a cambio.
También por eso concede tanta importancia a la sinceridad. Si algo le gusta encontrar en otra persona es honestidad, cariño y verdad. Rechaza especialmente la falsedad y las «dobles caras». Prefiere saber quién tiene delante, aunque no siempre exista coincidencia, más que relacionarse desde las apariencias.
Es otra herencia de sus padres. Ellos le enseñaron que no había que aparentar ni presentarse como alguien que no se era, porque vivir de esa manera acaba significando engañarse a uno mismo. La sencillez se convierte así, más que en una cualidad, en una forma de honestidad.
Con sus hijas ha intentado mantener la cadena. Reconoce en la educación que les ha dado mucho de lo que previamente había recibido y vuelve una y otra vez al ejemplo paterno para explicarles determinados comportamientos.
La vida familiar, de hecho, ocupa un lugar central en su idea de bienestar. Se casó después de varios años de noviazgo y tuvo a Lourdes y Fátima. Cuando posteriormente el matrimonio atravesó dificultades y terminó en divorcio, regresó al entorno familiar del que, en realidad, nunca había terminado de separarse.
Porque incluso durante aquellos años continuó acudiendo diariamente al negocio de sus padres. Allí comían, convivían y transcurría buena parte de la jornada familiar.
Hoy comparte el trabajo con su hermana Lourdes, nacida cuatro años después que ella. En estos momentos, no obstante, se encuentra de baja por un accidente que tuvo lugar a primeros de año. El negocio sigue siendo un punto de encuentro, pero lo verdaderamente importante parece estar en todo lo que lo rodea: una familia que permanece próxima, unas hijas a las que ha intentado transmitir lo recibido y unas amistades capaces de sobrevivir desde la niñez.
Cuando se le pregunta por una vida diferente aparece una respuesta inesperada. Si no hubiese sido cocinera, le habría atraído ser forense, dedicarse a la tanatopraxia o ejercer como matrona.
Al preguntársele por la felicidad, Mercedes no habla de éxitos, posesiones o reconocimientos. La sitúa en un terreno mucho más cercano: tener una familia en la que sentirse arropada, conservar buenos amigos y poder disfrutar de todos ellos con tranquilidad.

Familia, amistad, honestidad, sencillez y ayuda desinteresada terminan apareciendo así como distintas partes de una misma manera de entender las relaciones humanas. Quizá la frase que mejor la retrate sea precisamente una de las más sencillas de todo su relato: «A mí me gusta la gente que va de cara».
Porque eso mismo es lo que intenta ofrecer ella. Presentarse como es, sin aparentar; conservar a quienes han caminado a su lado; tratar a los demás con educación y cariño; y, cuando alguien necesita ayuda, procurar ofrecérsela sin detenerse a preguntar quién es ni qué podrá recibir a cambio.
Fotos: Edith-HBN.
Los premios Buena Gente de Huelva son promovidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Tienen por objeto difundir modelos de generosidad, entrega, honestidad, servicio a los demás, valores humanos, independientemente de las actividades o ámbitos de las personas, de su notoriedad o anonimato. Homenajear a los buena gente es el propósito de estos premios, refrendados a nivel popular.















2 comentarios en «Mercedes Carmona, la higuereña sencilla y atenta que hace más agradable la vida de los demás»
Eres la más guapa y la más mejor
Persona con una actitud positiva, que muchos de todos nosotros la quisiéramos. Honesta y sencilla, que antes de hablar con ella, ya tiene la sonrisa en su rostro de buena persona y trabajadora.
Luchadora por las cosas de nuestro pueblo, involucrada en todo lo que puede y con un cariño muy especial por su familia.
Para mí ha sido un placer tenerla como amiga, y aunque es mayor que yo, pero la amistad nos viene de nuestros padres a los suyos y viceversa.
Ojalá pudiera obtener el premio, ya que tampoco ha tenido una vida tan exitosa, pero lo mejor que siempre tiene es su actitud.
Por eso digo, Mercedes, te lo mereces.
Un abrazo.