RFB. La condición de buena gente no necesita explicarse a través de grandes acontecimientos ni de participación en ong’s o asociaciones de caracter benéfico. No necesariamente. También se construye día a día, en la calle, entre vecinos, en una puerta que siempre se abre cuando alguien llama o en el pequeño detalle de acercar un café, regalar unos chocolates o visitar a quien está enfermo. Así ha ido definiendo María Maestre Galán su relación con su mundo, Aroche, durante toda una vida.
Nos referimos a esa María que es, para todos, Mariquita, la de Los Enamorados. Está nominada a los Premios Buena Gente de Huelva, a partir de una propuesta popular. Vamos a su casa para charlar un poco y nos acompaña amablemente la alcaldesa de la localidad, Cristina Romero Sáncha. Mariquita le quiere mucho, como a tanta gente del pueblo.
Nuestra protagonista acaba de cumplir 85 años. Nació un 3 de agosto en Aroche, hija de una ama de casa y de un panadero. Cuando busca entre sus primeros recuerdos descubre que la memoria parece llevarla con mayor facilidad hacia los años lejanos que hacia los recientes. Allí continúan sus amigas, su familia y aquellos buenos ratos de una infancia que sigue teniendo muy presente.
Entre todos ellos sobresale especialmente un día: el de su Primera Comunión. Lo recuerda como una auténtica celebración familiar, con sus amigas alrededor y la casa llena de parientes que acudieron para compartir la comida. Fue uno de esos días que permanecen asociados para siempre a la felicidad.
Pero la memoria también conserva las ausencias. Las muertes de sus padres y de uno de sus hermanos constituyen sus recuerdos más dolorosos. Mantuvo con ellos una relación muy estrecha y fueron sus grandes referentes.
De sus padres, Ángeles y Luis, aprendió, sobre todo, una determinada manera de comportarse con los demás. Los recuerda como dos personas buenas y está convencida de que todo cuanto recibió de ellos fue positivo.
Mariquita habla y transmite cariño a todo el mundo, procura respetar a los demás y siente que ese afecto le es devuelto. María vive sola, pero no se siente sola. Además de su familia, mucha gente la tiene en el pensamiento y la atención. Entre otras, su amiga Antonia Bravo que, aunque reside fuera de Aroche, continúa siempre pendiente de ella.
Y después están sus vecinas, Mari Loli, Angelita, Margarita, Cori, Pepa, Ana Mari,… Las siente cerca, preocupándose, acompañándola y teniendo de continuo una palabra amable. Esa red de afectos convierte la vecindad en algo que va mucho más allá de compartir una calle.

Mira hacía atras y comprueba que la vida discurrió por sus derroteros. Pero, sin embargo, pudo haber sido diferente. Si hubiera podido elegir una profesión, probablemente habría sido peluquera. Le encantaba entonces y continúa gustándole ahora. Pero perteneció a una generación en la que los deseos no siempre podían convertirse en proyectos. Las circunstancias no posibilitaron aquella formación y otra realidad terminó imponiéndose. Durante quince años se dedicó a cuidar a sus padres.
No lo cuenta desde el reproche. Lo explica desde la constatación de que eran otros tiempos, con muchas menos oportunidades que las que existen actualmente. Atenta y generosa, la arochena está deseando, y lo hace, ofrecer, agasajar a quien se acerca por su casa, como ha hecho con nosotros. Forma parte de sus objetivos, realmente vitales, en lo cotidiano.
Hay otra pasión que ha acompañado a Mariquita durante buena parte de su existencia y que en Aroche conocen bien: el fútbol. Pero no cualquier fútbol, es una incondicional del Aroche CF. Ha seguido al equipo dentro y fuera del pueblo, desplazándose siempre que podía para verlo jugar. En la grada anima con entusiasmo, aunque hay una condición que para ella resulta fundamental: hacerlo siempre desde el respeto.
El paso de los años comienza a imponerle algunas limitaciones y esta temporada ya no podrá acompañar al equipo en los desplazamientos más lejanos. Pero eso no significa renunciar al fútbol. Ya tiene pagado su abono y seguirá estando en los partidos de casa.
Precisamente uno de los reconocimientos que más le han emocionado estuvo relacionado con el equipo. El homenaje que recibió desde el fútbol permanece entre esos momentos que guarda con especial cariño. Pero probablemente donde mejor se entiende quién es Mariquita no sea en los homenajes, sino en las pequeñas escenas de cada día.
No se casó. Tuvo un novio hace mucho y ahi quedó. Pero tiene sobrinos que los quiere como hijos. Luis María, Asterio, Ángeles, Mari Carmen y José Luis. Y sus sobrinos-nietos. Orgullosa de todos ellos y de todas ellas.
Cuando alguna vecina llama a su puerta porque se ha quedado sin aceite o necesita un pepino, comparte lo que tiene. Es lo natural, lo que le sale. Puede ayudar y, por tanto, ayuda. Es su manera de entender la convivencia: “para eso estamos”.
La misma lógica explica que lleve un café a alguien, aparezca con unos chocolates o visite a una persona enferma. No busca reconocimiento. Lo hace porque cree que un detalle pequeño puede alegrarle el día a otra persona y, a veces, conseguir algo tan sencillo y tan importante como una sonrisa.
Resulta significativo que esa forma de comportarse encuentre respuesta en el propio pueblo. Ahora que caminar o cargar peso le cuesta más, son otros quienes están pendientes de ella. Hay vecinos que le cogen las bolsas de la compra o que la llevan en coche hasta su casa. Mariquita ha pasado muchos años ofreciendo pequeños gestos a los demás y Aroche parece devolvérselos ahora de la misma manera.
Por eso, cuando habla de su pueblo, no necesita buscar grandes palabras. Para ella Aroche es una maravilla, pero todavía lo es más su gente. Goza además una particular manera de mirar a quienes la rodean: procura fijarse primero en lo bueno de cada persona.
A los 85 años tampoco parece necesitar demasiado para sentirse feliz. Si tuviera que reducir la felicidad a una sola cosa, elegiría la salud. Es lo que pide para los años que todavía tiene por delante y lo que considera verdaderamente importante. Lo demás, piensa, termina llegando.
Es devota, nos cuenta, del Corazón de Jesús. Tiene muchas estampas de santos y vírgenes bendiciendo la casa, y rosarios. Como es natural, San Mamés y la Virgen de los Dolores.
Mira hacia atrás y se siente profundamente satisfecha de lo vivido. Y cuando piensa en los jóvenes, tampoco elabora complicadas recomendaciones. Su consejo es disfrutar mucho de la vida, porque ahí reside buena parte de lo verdaderamente hermoso.
Tal vez su deseo para el futuro explique mejor que ninguna otra cosa su forma de estar en el mundo. Cuando algún día se hable de Mariquita, le gustaría que quienes la conocieron hablasen bien de ella y conservaran buenos recuerdos compartidos. No parece una aspiración grandiosa. Pero quizá precisamente ahí esté su importancia.
Sin duda, hay personas que dejan huella sin proponérselo, simplemente estando cerca cuando alguien las necesita. Y después de 85 años en Aroche, Mariquita, la de Los Enamorados, parece haber conseguido exactamente eso: siendo felizmente presente, formar parte de los buenos recuerdos de la gente de su pueblo.
Fotos: Edith-HBN.
Los premios Buena Gente de Huelva son promovidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Tienen por objeto difundir modelos de generosidad, entrega, honestidad, servicio a los demás, valores humanos, independientemente de las actividades o ámbitos de las personas, de su notoriedad o anonimato. Homenajear a los buena gente es el propósito de estos premios, refrendados a nivel popular.















1 comentario en «Mariquita la de Los Enamorados, toda una vida de bellos gestos en Aroche»
El retrato deja claro que la bondad no siempre se reconoce en gestos espectaculares, sino en una disposición constante hacia los demás. Abrir una puerta, acompañar a quien está enfermo o compartir algo sencillo puede sostener una comunidad durante años. Esa cercanía convierte lo cotidiano en memoria colectiva y ayuda a entender por qué una persona llega a representar tanto para sus vecinos.