Adolfo Morales. En estrategia política existe una pregunta elemental: ¿A quién perjudica y a quién beneficia un hecho?
Ante la avalancha de ciudadanos marroquíes hacia Ceuta, atraídos mediante un supuesto «salvoconducto» falso difundido en redes para entrar en Europa con pleno derecho, conviene hacerse esa pregunta antes de repartir culpas y creer al primero que vocee. Miles de personas, incluidos niños, convertidos en peones de una operación que generó muertos, alarma e inestabilidad. Perjudicó al Gobierno marroquí y, de paso, volvió a colocar al Gobierno español en la picota por su política migratoria.
La propia inteligencia marroquí habría apuntado a redes extranjeras como instigadoras del engaño. Entonces, ¿quién supuestamente ganó con el incendio político? ¿Quién supuestamente perdió esta batalla? Esa es la pregunta a la que debes responder.
Y aquí reaparece aquella vieja consigna: «quien pueda hacer, que haga». Una frase en absoluto exenta de veneno, antidemocrática, que eleva a la manipulación como arma para sustituir la limpieza democrática por la turbidez. Una consigna que repetida hasta la náusea, puede terminar justificándolo todo.
No tengo nada contra los conservadores, como tampoco contra la socialdemocracia. Exijo a ambos lo mismo: limpieza democrática. Sin bulos, manipulación, desprestigio ni utilización miserable de seres humanos.
Porque cuando la mentira se convierte en estrategia y las personas en munición política, la democracia deja de ser un campo de juego y empieza a parecer un vertedero.
Y algunos todavía preguntan quién encendió la cerilla.
Quien pueda hacer que haga.














