Antonio Delgado Pinto. Cada tarde la bajamar se llena de playeros cogiendo coquinas. Cubos de juguete, botellas de plástico, latas de cerveza vacías, bolsas de plástico… cualquier recipiente sirve para llenarlo de estos bivalvos que harán una exquisita ración para la cena. Está prohibido, pero la gente no sufre por eso. Pocas veces algún guardiacivil o algún policía local tiene la ocurrencia de meter el todoterreno por estas arenas y hacer cumplir la ley.
En nuestra infancia se podían coger, no había ninguna directriz que lo impidiera, quizá porque había mucha menos afluencia de público en las playas. Nuestra madre y nuestra tía Nena tenían cierta maestría en ahondar en la arena con los tobillos hasta que emergían las coquinas. Nosotros, atareados con las olas más vehementes, con la pelota hinchable o con el neumático de tractor que nos servía de refugio flotante, las veíamos afanadas en la tarea, pero no teníamos tiempo de ayudarlas en la labor: Los juegos absorbían toda la jornada, más aún sabiendo que el día de playa pronto tocaba a su fin. La recolecta de coquinas marcaba el inicio de la vuelta a casa: Era el momento en que nuestro padre tiraba el agua en que se había convertido el hielo de la nevera, era cuando había que recoger la tienda de campaña, enjuagarnos bien en las aguas de la orilla y ponernos ropa seca…
Luego, en casa, nuestra madre las preparaba con aceite, ajo, perejil y un chorreón de vino de Bollullos. Aquellas cenas de los domingos se me han quedado grabadas en la memoria, en la retina y en el paladar. Cuántas veces pido ahora una ración de coquinas para rememorar aquella época infantil ya ida y siempre recordada. Muchas veces nuestra madre redondeaba la comida con unas manitas de boquerones fritos, convirtiendo entonces aquellas cenas en un verdadero manjar de reyes, que es lo que en realidad éramos.
Días de Playa. Para la cena. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.















2 comentarios en «Para la cena»
Muy bueno, me ha recordado a mi infancia en Punta Umbria
Muchas gracias por tu comentario, Federico. Fue una época irrepetible para muchos de nosotros.