Antonio Delgado Pinto. Hoy ha amanecido a las siete cuarenta y cuatro. Las previsiones son de viento moderado y de suroeste, como es costumbre en esta zona, no superando los quince kilómetros por hora. La primera pleamar ha tenido lugar poco después de las cinco de la madrugada, la siguiente será a las cinco y dieciocho de la tarde. Ahora, cuando son las once de la mañana, la bajamar se ha aposentado en esta playa y ha aparecido esta estrella de mar en las aguas cercanas a la orilla. Aunque no es raro que la marea nos traiga alguno de estos equinodermos, tampoco es lo usual. El alto coeficiente de mareas de hoy, de algo más de 99, revoluciona el océano más que de costumbre y las corrientes son de mayor envergadura, trayendo y llevando toda suerte de animales marinos desde quién sabe qué otros mares.
Mientras me agacho a tomar un par de fotos, oigo justo a mi lado a un padre asegurar a su hijo pequeño que no es un resto de la lluvia de estrellas caída durante la noche. Nada tiene que ver esta estrella con las perseidas de esta madrugada, continúa diciendo antes de hablar de la constelación de Perseo, de donde toma el nombre ese montón de meteoros, que en esta época del año caen en forma de lluvia. Escuchar el nombre de Perseo me lleva de inmediato a las traducciones de Griego en el instituto y a la leyenda en la que el semidiós Perseo cortó la cabeza de Medusa para poder salvar a Andrómeda.
Efectivamente, esta estrella no tiene nada que ver con las perseidas caídas durante la noche pasada ni con la mitología griega, sólo es un animal marino ya muerto traído por la corriente hasta las arenas de esta playa.
Días de Playa. Perseidas. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.
















