Antonio Delgado Pinto. El coeficiente de mareas es hoy máximo y las aguas han bajado más de lo habitual, dejando emerger pequeñas islas de formas caprichosas. Los bajíos han aflorado a la superficie y la orografía ha amanecido tan diferente a la de otros días que cualquiera habría pensado que se trataba de una playa diferente. Quizá para celebrarlo, el oleaje nos ha dejado en uno de esos islotes los restos de esta nasa. El mar la ha depositado suavemente sobre la arena esta tarde y se ha retirado discreto para dejarnos verla y fotografiarla con calma. Con sus formas rectilíneas y sus laberintos interiores, me ha recordado a las prisiones de Piranesi: ‘Le carceri d’invencione’, como él mismo las tituló. Las estancias imposibles y las escaleras sin fin, los pasillos infinitos, las vigas paralelas, las cubiertas y las cúpulas, las norias, las mazmorras y las torres… es lo que he podido atisbar en su interior al acercarme a tomar la foto.
Estos ingenios de pesca son también cárceles, prisiones en miniatura de las que centollos, chocos y bogavantes no pueden escapar. Esta se ha soltado de algún caladero y ha llegado hasta la costa para mostrarnos sus interiores ya maltrechos y sus paredes ruinosas. Las algas que se han enredado en sus mallas y alguna concha han acrecentado su aspecto de naufragio, de nave embarrancada en las arenas de esta playa nueva.
Semejantes a las nasas ancestrales, Piranesi, arqueólogo y arquitecto, plasmó en sus grabados la pesadilla y la fantasía, los dédalos y la zozobra de un submundo ajeno al nuestro o quién sabe si perteneciente a él. Tradicionalmente los propios marineros han sido los artesanos de sus artilugios de pesca tan semejantes a las prisiones que ideó el artista italiano. Ellos los han construido con sus propias manos sin tener otros estudios que la herencia que les dejaron sus padres y abuelos.
Días de Playa. Cárceles. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.














