Antonio Delgado Pinto. Hubo un tiempo en que todo lo que nos rodeaba había sido hecho por las manos del hombre. Una época en la que aún no habían hecho su entrada las máquinas, los diseños por ordenador, la inteligencia artificial o el modelado en tres dimensiones. Eran los artesanos de la madera, del hierro, del cuero, de la piedra, del barro… los encargados de fabricar todo lo que nuestros ancestros usaban. Así ocurre con esta pulpera de barro cocido que la marea baja ha dejado emerger para la contemplación de los que transitamos esta playa. No hay que remontarse mucho en el tiempo para recordarlas apiladas con esmero y llenas de escaramujos junto a las embarcaciones pesqueras en el tiempo en que no existían otras que las hechas de barro. Ahora ese azote llamado plástico también ha ido conquistando los utensilios del mar y las pulperas de plástico gris han sustituido a las tradicionales de barro, mucho más amables para con el mar, para con la fauna marina y, como consecuencia, para la humanidad.
Esta pulpera que ha dejado la marea esta mañana me ha llevado instintivamente al pueblo de mi abuela paterna: Salvatierra de los Barros y a recordar la artesanía tradicional de aquel lugar: la fabricación de recipientes y vasijas de barro. Por extensión, también me ha venido a las mientes un dicho que mi madre recitaba con cierta frecuencia: Oficio noble y bizarro, entre todos el primero, es la industria del barro, porque Dios fue el primer alfarero y el hombre el primer cacharro.
Esa curiosa conexión entre imágenes, frases y recuerdos es precisamente la sustancia donde se apoya todo eso que llamamos vida.
Días de Playa. Ancestros. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.














