Antonio Delgado Pinto. Desde el Paseo de la Ría vemos los faros de los coches que, después del día de playa en el espigón, pasan por la carretera de las islas de camino a casa. También se ven otras luces más tenues, son de los que han aparcado en la cuneta para asistir desde allí al espectáculo piromusical. Nos los imaginamos, al igual que hacemos en la otra orilla, cenando o tomando una cerveza mientras esperan a que comience el festín de cohetes, cañonazos, pólvora y fuego. Bacuta y Saltés, las islas donde la leyenda habita, apenas se ven en la noche de agosto más allá del agua de la ría, donde barcos de todo tipo han anclado para ver desde cubierta el espectáculo.
De pronto comienza la música y surgen serpientes luminosas, sombrillas de colores que se deshacen arriba, cascadas chisporroteantes, lluvias de fuego, cientos de puntos de luz que se esparcen en explosiones contenidas… el muelle de mineral está desdibujado por una espesa capa de humo y pólvora. La música atruena y sigue la cadencia de la pira de cohetes, o tal vez son los fuegos de artificio los que siguen el ritmo de la música formando un todo absoluto. Recuerdo ahora la Música para los Reales Fuegos Artificiales, la partitura que compuso Händel por encargo del rey británico y que en aquella época debió de ser toda una revolución, tan diferente a ésta que suena por los altavoces distribuidos sobre el Paseo de la Ría.
Alguna gente sigue la fiesta con sus móviles. Yo me he contentado con hacer esta fotografía de hoy, ninguna más, sé por Colombinas de años anteriores que ninguna fotografía o vídeo puede plasmar con exactitud la fantasía a la que asistimos esta noche.
Colombinas. Días de Playa. Foto y Texto: Antonio Delgado Pinto.













