Antonio Delgado Pinto. Cuando el mar se aleja, nos deja su trabajo en las orillas de las golas y en algunos de los rompientes más abruptos. Este árbol sin tronco de madera, sin ramas leñosas y sin savia en sus venas es un ejemplo de la perseverancia del mar, del trabajo de sus dedos de tallista. Sin esperar nada a cambio, al océano no le es costoso regalarnos su tarea recién labrada en la arena mojada. Habrá paseantes y bañistas que caminen cerca de estas muestras de arte sin ser conscientes de la belleza gratuita, sin entender la grandiosidad del planeta. Sin embargo, la admiración y la maravilla, la veneración incluso, será lo que la mayoría sienta al encontrar estos bajorrelieves esculpidos en la playa.
Algo más de seis horas es todo lo que la marea necesita para este minucioso trabajo de orfebre para el que cualquier artista emplearía las herramientas más especializadas durante días y días. Nada hay de arrogancia o de soberbia en estos dones que la naturaleza nos ofrece sin pedir nada a cambio. Todo nos lo da de la manera más humilde, que no es sino una muestra más de su grandeza.
Hoy es uno de esos días en el que uno no puede pasar de largo sin tomar una fotografía tras otra. Me he detenido junto a este árbol. Un poco más allá, un abuelo con su nieto juegan a inventar nombres fantásticos para cada sorpresa que la orilla nos depara: Árboles y arbustos, cabelleras de ninfas, brazos y manos de seres que no existen, paisajes imposibles y mapas de lugares desconocidos se han quedado esta tarde en las arenas empapadas de esta playa como muestra del arte efímero del que la naturaleza es maestra absoluta.
Días de Playa. Árbol. Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.
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