Antonio Delgado Pinto. Las dunas fósiles forman aquí uno de los grandes paisajes costeros de nuestra provincia. Sus casi cien metros de altura en algunas zonas hacen que sean también uno de los más grandes de Europa. Sus estratos anaranjados pero de distintas tonalidades muestran páginas muy diferentes de la geología. Pedalear en paralelo a ellos por las arenas compactas que deja la bajamar es, más que un deporte, un acercamiento a la historia de nuestro litoral. Conchas, ramas fosilizadas, huesos, piedras… incrustados en los acantilados siempre deparan alguna sorpresa al curioso que se aventura en estas playas solitarias.
Hoy además, el gran coeficiente de marea ha dejado emerger las ruinas de la torre del Asperillo, llamada del Horado en los documentos antiguos. Esta almenara tenía conexión visual con la de la Higuera, a unos 10 kilómetros a levante, y con la del Oro (del Loro en algunos mapas modernos), a 7 kilómetros a poniente. Apenas tres montones de piedras ostioneras y argamasa quedan justo donde la marea baja ha dejado el rompeolas. Ésta fue, según los estudios de los investigadores Antonio Mira y Juan Villegas, la segunda torre que se construyó aquí. La primera apenas tuvo tiempo de entrar en servicio cuando el océano acabó con ella.
Seguir pedaleando otro trecho más ha tenido su premio: este esqueleto intacto, depositado por la pleamar en la arena como una ofrenda y que de inmediato me ha recordado otro esqueleto semejante, esta vez de una corvina enorme, que mis padres, mis hermanos y yo encontramos no muy lejos de aquí, en Mazagón, una tarde de domingo de hace casi sesenta años.
He bajado de la bicicleta a hacer un par de fotografías. No puedo desear mejor marco que las dunas fósiles del Asperillo y el océano batiendo en este mediodía de fin de julio para completar este hallazgo de hoy.
Días de Playa. Las Dunas Fósiles. Texto y foto: Antonio Delgado Pinto.













