DESDE LA CAVERNA DE PLATÓN

La Joya

Cada vez estoy más convencido de que la memoria colectiva y el futuro de una ciudad no pueden gestionarse desde la distancia emocional. No basta con conocer los expedientes, los informes técnicos o los beneficios  especulativos.

Desde la Caverna de Platón

Desde la Cueva de Platón 2Adolfo Morales. Parece que, por fin, el proceso para garantizar la conservación definitiva del Cabezo de la Joya ha dado un paso decisivo. La reciente firma de la permuta de terrenos entre el Ayuntamiento y los propietarios abre la puerta a que, en un plazo razonable, puedan acometerse las actuaciones necesarias para su protección, conservación y puesta en valor. Y no era una cuestión menor.

Hay quien podría pensar que el Cabezo de la Joya no es más que una elevación de tierra arcillosa, una montaña de barro a la que ya se le extrajo hace décadas buena parte de los tesoros arqueológicos que ocultaba. Que ya no queda nada. Que ya no sirve para nada. Sin embargo, ese razonamiento revela una profunda incomprensión de lo que representan los grandes lugares de memoria de la humanidad.

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A nadie con un mínimo de sensibilidad cultural se le ocurriría levantar edificios junto a las Pirámides de Guiza, construir una urbanización a escasos metros de Pompeya o alterar el entorno inmediato de Machu Picchu, Tikal o Göbekli Tepe. Y no digamos el Monte de los Olivos en Jerusalén.Y no porque sigan escondiendo tesoros bajo tierra, sino porque son lugares simbólicos. Espacios que explican quiénes fuimos y, por tanto, quiénes somos. Lugares donde la historia permanece viva y donde la memoria colectiva encuentra sus raíces.

El Cabezo de la Joya pertenece a esa categoría. Evidentemente, por lo que representa para Huelva y la propia historia. Allí aparecieron algunos de los hallazgos más importantes de la arqueología tartésica y protohistórica de la Península Ibérica. Allí se encuentra una de las claves para comprender el papel que desempeñó Onuba en las redes comerciales y culturales del Mediterráneo antiguo. Su valor no reside únicamente en los objetos encontrados, sino en el propio lugar, en el contexto, en el paisaje histórico que les dio sentido y por lo que aún tendrá que desvelar.

Porque la memoria no es solamente aquello que se conserva en los museos. También son los espacios donde ocurrieron las cosas. Son los escenarios que permiten a una comunidad reconocerse.


Cada vez estoy más convencido de que la memoria colectiva y el futuro de una ciudad no pueden gestionarse desde la distancia emocional. No basta con conocer los expedientes, los informes técnicos o los beneficios  especulativos. Hace falta comprender el vínculo sentimental que une a una comunidad con sus lugares emblemáticos. Cuando quienes toman decisiones carecen de esa conexión, es fácil que el patrimonio se convierta en una simple parcela, en un obstáculo urbanístico o en una cifra dentro de una hoja de cálculo.

Huelva ha sufrido con demasiada frecuencia esa desconexión. Profesionales, gestores y responsables públicos que llegan desde otros lugares y que, legítimamente, desarrollan aquí su carrera, pero para quienes la ciudad no deja de ser un destino temporal, un trampolín profesional o una ciudad dormitorio. El resultado, en demasiadas ocasiones, es una alarmante falta de sensibilidad hacia elementos que forman parte de la identidad local.

Por eso resulta especialmente lamentable recordar cómo durante años la corporación socialista miró hacia otro lado. Una indiferencia difícil de comprender cuando estaba en juego uno de los espacios más importantes de la memoria histórica de Huelva. Hay cuestiones que pesará a quienes no la defendieron, toda la vida.

Se podrán discutir muchas decisiones políticas de Pilar Miranda. Como ocurre con cualquier gobernante, habrá aciertos y errores. Pero sería injusto no reconocer que, en el caso del Cabezo de la Joya, ha sabido entender lo que estaba en juego. Ha comprendido que no se trataba únicamente de resolver un problema urbanístico, sino de preservar una parte esencial del alma de la ciudad, continuando con las sentencias que culminaron las denuncias del movimiento ciudadano en defensa de los cabezos en Huelva —liderado por plataformas como Huelva te Mira y Ecologistas en Acción— gracias a los que se logró paralizar proyectos urbanísticos destructivos y frenar el expolio del patrimonio.

Y eso, para una ciudad que tantas veces ha visto cómo se desdibujaba su propia memoria, constituye una victoria colectiva. Una de esas decisiones que, con el paso de los años, terminan formando parte de la historia.

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