Adolfo Morales. El 28 de febrero de 2026 se cumplieron 57 años del último gran terremoto que afectó de forma notable a Huelva. Ocurrió el 28 de febrero de 1969, con una magnitud aproximada de 7,8 en la escala de Richter, y tuvo su epicentro en el Atlántico, al suroeste de Portugal, en la zona del cabo de San Vicente.
Fue un terremoto de enorme intensidad que se sintió con fuerza en Andalucía occidental y Portugal, provocando daños materiales, alarma social y dejando en la memoria colectiva la evidencia de que esta zona del suroeste peninsular no está libre de actividad sísmica.
Obviamente se siguen registrando numerosos movimientos sísmicos, la mayoría imperceptibles o de magnitudes moderadas, habitualmente en torno a valores de 4 a 5,5 grados, localizados principalmente en dos áreas:
El Golfo de Cádiz.
La zona atlántica frente a Portugal y el cabo de San Vicente.
Estos movimientos están relacionados con la interacción entre las placas Africana y Euroasiática, que mantienen una actividad constante y acumulan tensiones que pueden liberarse en forma de terremotos.
No podemos olvidar el gran terremoto de Lisboa de 1755, uno de los mayores desastres sísmicos de la historia europea. Aquel terremoto y su posterior tsunami destruyó gran parte de Lisboa y provocó un enorme impacto en Portugal, Andalucía y especialmente en la costa de Huelva, donde causó importantes daños en edificios y numerosas pérdidas.
En época más reciente además del señalado,destacan en nuestra zona:
1989 – Magnitud aproximada 5,1
Zona de Ayamonte. Uno de los movimientos más cercanos a la provincia.
2009 – Magnitud aproximada 5,3
Zona del cabo de San Vicente.
Agosto de 2022 – Magnitud aproximada 5,4
Golfo de Cádiz. Fue claramente percibido por numerosos vecinos de Huelva y la costa.
Todo esto nos recuerda que, aunque los grandes terremotos son poco frecuentes, Huelva se encuentra en una zona donde pueden producirse movimientos sísmicos importantes. El hecho de llevar décadas sin un terremoto destructivo no significa que la actividad tectónica se haya detenido, muy al contrario lo mejor que debemos hacer es esperar y sobre todo estar prevenidos.
Por eso conviene recordar qué debemos hacer y, sobre todo, qué no debemos hacer durante un terremoto.
Qué no debemos hacer durante un terremoto
No utilizar ascensores.
No situarnos bajo marcos de puertas en edificios modernos.
No acercarnos a ventanas, cristales, espejos o muebles que puedan caer.
No salir al balcón.
No correr por las escaleras mientras dura la sacudida.
No encender fuego ni activar interruptores si existe posibilidad de fuga de gas.
No saturar las líneas telefónicas; es preferible enviar mensajes si es posible.
No volver inmediatamente a un edificio que pueda estar dañado.
No permanecer cerca de fachadas, postes eléctricos, árboles u objetos altos que puedan caer.
Qué sí debemos hacer
Durante el movimiento:
Agacharnos.
Protegernos bajo una mesa resistente o un elemento sólido.
Agarrarnos a ese punto de protección hasta que termine la sacudida.
Si estamos en la calle:
Alejarnos de edificios, fachadas, farolas, árboles y cables.
Si estamos conduciendo:
Detener el vehículo en un lugar seguro y permanecer dentro hasta que termine el movimiento.
Y, sobre todo: mantener la calma, ayudar a quienes tengamos cerca y actuar con sentido común.
La prevención y el conocimiento son las mejores herramientas para reducir las consecuencias de un terremoto.













