Antonio Delgado Pinto. No es difícil encontrarlas cuando el mar se retira y emerge su trabajo recién labrado, dejándolo a la vista de todos. Todas tienen sus semejanzas espirales y su vocación subterránea y arenera; sin embargo, no hay ninguna construcción exactamente igual a otra. No sé por qué siempre identifiqué esta forma con la torre de Babel, con aquella edificación que se elevó al cielo hasta que la confusión de lenguas hizo imposible continuar la obra. Al escribir esto me ha salido una sonrisilla. Cierta concatenación de ideas ha hecho que hablar del mito del libro del Génesis me haya traído a la mente esa nueva Babel, ese guirigay de idiomas que ocurre en algunos órganos de gobierno y cuyo drama tanto los pinganillos como la tecnología se esfuerzan por hacernos menos ingrato.
El gusano arenero es el arquitecto creador de estas formas espirales con forma de torre de anillos en la marea baja, utilizando los detritos propios mezclados con la arena para edificar sus construcciones, sin necesidad de saber manejar el diámetro o el radio, de saber a cuánto equivale el número pi o de cómo interpretar un plano. Solo paciencia necesita el gusano arenero, paciencia y la arena que se traga y que luego expele formando estas pequeñas edificaciones que a veces semejan volcanes en miniatura. Más sabio parece a mis entendederas este gusano que los paladines de esta nueva Babel surgida en los últimos tiempos y que solo la tecnología puede apaciguar.
Hoy la bajamar está llena de estas pequeñas construcciones que se suceden unas tras otras como las notas de una partitura o como las palabras de una oda. Caminando entre ellas, no es difícil darse cuenta de que el hilo invisible que las une forma una red tan trascendente como las que comunican los distintos elementos del universo.
Días de Playa. Arquitectura.
Texto y foto: Antonio Delgado Pinto.













