DESDE LA CAVERNA DE PLATÓN

Un suceso paranormal en El Portíl

Los cargos públicos no están para desfilar delante de las cámaras ni para coleccionar fotografías de temporada, algo por lo que sienten auténticas patologías. Su responsabilidad consiste en prever lo que todos sabemos que va a ocurrir. Porque el verano no llega por sorpresa. Llega todos los años. Y con él llegan cientos de miles de personas que también necesitan asistencia sanitaria, seguridad y servicios públicos capaces de responder.

desde la caverna de Platón

Desde la Cueva de Platón 2Adolfo Morales. Si alguien me hubiera contado esta historia sin aportar pruebas, probablemente habría pensado que se trataba de una leyenda urbana, de uno de esos relatos imposibles que se exageran con el paso del tiempo. Pero no. Ocurrió. Y, lo que es más inquietante, podría volver a ocurrir.

El pasado 26 de junio, una vecina de El Portil decidió compartir un vídeo en sus redes sociales para relatar, en primera persona, la angustia, la frustración y la enorme preocupación que había vivido junto a su marido. No buscaba protagonismo. Pretendía advertir a sus vecinos de una situación que jamás debería producirse en un municipio cuya población se multiplica durante el verano.

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Su marido sufrió un accidente que le provocó una herida grave en la cabeza. Como haría cualquier persona, llamó al 061. Esperó. Volvió a llamar. Efectuado el aviso y después de 45 minutos interminables volvió a llamar. Finalmente recibió una respuesta tan desconcertante como aterradora: solo había dos ambulancias disponibles y ambas estaban ocupadas.

A partir de ese momento comenzó una carrera contrarreloj. Comprendió que la ayuda sanitaria no iba a llegar y que solo le quedaba recurrir a familiares, amigos o vecinos para trasladar a su marido al hospital por sus propios medios.

Escuchar su testimonio produce una sensación extraña. Casi paranormal. Porque cuesta creer que, en pleno siglo XXI y en una de las zonas costeras que más visitantes recibe durante el verano, una emergencia médica pueda depender de la suerte o de la disponibilidad de un familiar con coche.


Mientras tanto, el verano sigue ofreciendo su representación habitual. Fotografías institucionales, inauguraciones, campañas promocionales, playas impecables, banderas de colores, sonrisas perfectamente ensayadas y discursos sobre la excelencia del destino turístico y bla,bla,bla,bla.

Pero detrás de esa escenografía existe otra realidad mucho menos fotogénica.

Cada año la población de municipios como El Portil se multiplica por seis, por siete o por ocho. Sin embargo, da la impresión de que muchos servicios públicos continúan funcionando con la misma planificación que en pleno invierno. El aumento de visitantes sí se celebra. El refuerzo de los recursos esenciales, en cambio, parece quedarse siempre para otra ocasión.

Y no hablamos de un detalle menor. Hablamos de ambulancias. De tiempos de respuesta. De vidas humanas.

Los cargos públicos no están para desfilar delante de las cámaras ni para coleccionar fotografías de temporada, algo por lo que sienten auténticas patologías. Su responsabilidad consiste en prever lo que todos sabemos que va a ocurrir. Porque el verano no llega por sorpresa. Llega todos los años. Y con él llegan cientos de miles de personas que también necesitan asistencia sanitaria, seguridad y servicios públicos capaces de responder.

Los ciudadanos no reclaman más campañas de promoción. Reclaman gestión. No necesitan más sonrisas institucionales. Necesitan la tranquilidad de saber que, también cuando marquen el 061, una ambulancia podrá atenderles.

Porque la mejor campaña turística no se construye con eslóganes ni con fotografías de playas. Se construye ofreciendo seguridad, confianza y unos servicios públicos a la altura de la realidad que cada verano vive nuestro litoral.

 

Lo verdaderamente paranormal no es el relato de aquella vecina. Lo verdaderamente inexplicable es que situaciones como esta sigan pudiendo ocurrir y lo más grave, que lo consintamos.

 

Desde la Caverna de Platón. Adolfo Morales.

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