DESDE LA CAVERNA DE PLATÓN

Huelva, ciudad que vuelve a ser poesía

Cuando llega el verano y el estío se muestra equilibrado, cuando las mañanas conservan una frescura que alivia la intensidad de las tardes, la ciudad recupera un ritmo casi secreto. Las primeras luces invitan a caminar por la Gran Vía, la Plaza de las Monjas, el Barrio Reina Victoria o el paseo de la ría

Desde la Caverna de Platón

Desde la Cueva de Platón 2Adolfo Morales. Huelva posee una rara cualidad: convierte el paseo en contemplación. Quizá por eso tantos escritores encontraron aquí una forma distinta de mirar. La luz, el horizonte abierto, las marismas y el silencio de las tardes junto al diálogo de las hojas de los eucaliptos con el viento, han tejido una ensoñación que continúa inspirando a quien recorre sus calles.

Juan Ramón Jiménez resumió el alma de su tierra con una sencillez inolvidable: «Moguer es blanco». En esas tres palabras se resume la entrañable nostalgia que regala toda una provincia. José Caballero recordó la ciudad donde creció evocando «aquellas calles ensoladas» y «sus repetidos muros blancos», convencido de que allí nació su imaginación. Luis Cernuda fijó su mirada en los atardeceres de la costa, donde «el sol poniente» encendía las lagunas con destellos de oro y carmín. Nadie podrá describir con tanta lucidez tantas tardes. Rafael Alberti volvió la vista hacia Palos de la Frontera, puerto del viaje y del sueño, escribiendo: «Zarparé, al alba, hacia Palos …».

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Todos ellos sintieron que Huelva no es solamente un paisaje; es también una forma de sentir el tiempo.

Cuando llega el verano y el estío se muestra equilibrado, cuando las mañanas conservan una frescura que alivia la intensidad de las tardes, la ciudad recupera un ritmo casi secreto. Las primeras luces invitan a caminar por la Gran Vía, la Plaza de las Monjas, el Barrio Reina Victoria o el paseo de la ría. El aire parece detenerse unos instantes sobre las fachadas blancas, mientras las sombras dibujan refugios donde conversar, sonreír o simplemente observar el ir y venir de la gente. Una parada para un aperitivo ligero, un ratito de serenidad, la placidez de un tiempo amable.

Entonces Huelva se vuelve festiva, cercana, entrañable: el saludo improvisado, la conversación entre vecinos, el bullicio de las terrazas y el murmullo de las calles forman una música que acompaña al caminante.


 

Quizá ahí resida el verdadero milagro de esta ciudad. Como sucedía en los versos de aquellos poetas, la poesía no permanece encerrada en los libros. Renace cada día en la luz que cae sobre las marismas, en la brisa que llega del Atlántico, en el rumor de las personas y en cada ciudadano que, sin proponérselo, descubre que caminar por Huelva es también una manera de escribir un poema.

Huelva y sus poetas contemporáneos, continúa escribiendo versos entre «sus muros blancos» y el «sol de poniente».

Por la calle Rábida se oye decir…

– ¿Qué le ponemos caballero, señora?

– Por favor nos pones unos vermuts y unas olivas.

 

Desde la Caverna de Platón.

Texto e imagen: Adolfo Morales

Huelva, ciudad que vuelve a ser poesía

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2 comentarios en «Huelva, ciudad que vuelve a ser poesía»

  1. Tuve la suerte de visitar Huelva en el invierno del 2022 y para mí su esencia se resume en las palabras: luz y paraíso.
    Sus valores familiares, los tesoros históricos y literarios, las calles y playas, los ríos y olivos, las cigüeñas y garzas, los hermosos paisajes y la calidez de su gente, dejaron huella en mi memoria y corazón.
    Si en el invierno me llevé tal impresión, el verano en Huelva, debe ser más que poesía.

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