Antonio Delgado Pinto. De dónde ha escapado esta boya, de qué amarres lejanos se ha soltado caprichosa antes de confiarse a los vientos y a las mareas para acometer su travesía y arribar a estas arenas. Cuál ha sido su viaje y su peripecia, qué otras costas ha tocado su viaje. Los escaramujos se han adherido a la superficie bajo la línea de flotación, como si de una población de polizones se tratase, y han atravesado quién sabe qué mares para llegar hasta esta playa probablemente remota.
El poco contraste de su color azul con el mar ha hecho que no nos hayamos percatado de su presencia hasta que no ha estado flotando a un centenar de metros de la orilla. Algunos nos hemos aventurado nadando hasta ella para verla de cerca, sin pensar que terminaría por recalar en la arena. Luego, de regreso, la hemos visto al pairo durante casi toda la tarde, acercándose lentamente a la rompiente, tímidamente, como si no tuviese verdaderas ganas de encallar en esta costa llena de bañistas multicolores y jaraneros.
Cuando he vuelto del paseo vespertino, la marea había bajado hasta su mínimo nivel y ya me esperaba varada en la arena, con sus polizones a bordo. El sol había iniciado su declive definitivo y la luna redonda y plena había surgido al fondo, justo encima de la baliza viajera. Entonces me he acercado a curiosear y he descubierto una inscripción labrada en relieve en un lateral y que permanecía oculta por el agua mientras la boya flotaba. Lo que pensé que era la clave de su origen no era más que la marca, el modelo y algún dato técnico en caracteres más pequeños que nada importan.
Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.
Polizones. Días de Playa.













