Antonio Delgado Pinto. Ahí están ya los kayaks, dispuestos desde primeras horas de la mañana, cuando aún los bañistas no han llegado a la playa. Ahí los podemos ver, cerca del agua, quizás para despertar en nosotros la ilusión descubridora, la tarea colosal que nuestros ancestros acometieron hace más de cinco siglos para llevar la letra escrita, que es tanto como decir la civilización, allende los mares hasta los territorios desconocidos de ultramar; aunque ahora nosotros ahora apenas nos conformemos con recorrer a golpe de remo este canal que las mareas y los vientos se han empeñado en labrar entre la tierra firme de El Portil y la isla de arena que ha surgido hace unos años frente a la costa, siguiendo la prolongación natural de la península de Nueva Umbría.
Según todos los estudios de geología, este apéndice de arena, que sale desde El Terrón y La Antilla y se extiende hacia levante, continúa creciendo a razón de treinta metros anuales, asegura el camarero del chiringuito ante los ojos incrédulos de dos clientes foráneos. Los veo sonreír y murmurar algo en voz baja cuando el camarero se da la vuelta.
Entiendo que no lo entiendan. Entiendo que desconozcan este extraño ejemplo de geodinámica que podemos disfrutar aquí verano a verano. Mentiría si dijese que no he visto crecer esta península. Como tantos otros, yo he sido testigo privilegiado de este hecho: en los últimos cuarenta y cinco años esta franja de tierra ha seguido extendiendo caprichosamente sus arenas en paralelo al litoral.
Recorrer esta playa nueva, verla adentrarse en el océano y llenarse de gaviotas cada tarde es una de las grandes experiencias que uno puede disfrutar sin necesidad de salir de nuestra provincia.
Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.
Travesía. Días de Playa, verano de 2026 Huelva.















