Antonio Delgado Pinto. Arena, algas y quizás alguna concha bastan a los artistas de lo fugaz para esculpir un sueño en la bajamar, aún sabiendo que la marea crecida e inexorable borrará su obra. Apenas unas horas de existencia tendrá esta bañista hecha de arena, al igual que barcos, sirenas o monstruos marinos que los escultores fabriquen sin otra ayuda que sus propias manos. La existencia misma, siempre pasajera, representa cualquiera de estas esculturas. Cada una de las obras de este museo infinito al aire libre es un canto a lo efímero, a lo perecedero y a la libertad de forma y pensamiento.
Viendo trabajar a estos artífices de la creación, es fácil volver la vista atrás y recordar los castillos que mis hermanos y yo levantábamos en la orilla de nuestra infancia, mientras esperábamos a que transcurriera la sagrada hora y media de la digestión. El castillo de los Cárpatos, el de If, aquel llamado Neuchwanstein que diseñó el rey loco… no es parca la literatura en castillos de ficción y realidad. Todos ellos y algunos más los edificamos en la arena empapada de la bajamar con nuestras palas de juguete. Pero la siesta de nuestros domingos de playa transcurría sobre todo intentando levantar el muro poderoso que impidiese a la marea plena llegar hasta nuestra tienda de campaña y hasta los enseres que nuestra madre colocaba bajo la protección amable de la lona.
Regreso de nuevo al presente y a esta chica de arena que toma el sol cerca de mí. Ninguna celebridad o alabanza espera este imaginero momentáneo que ha dejado su obra transitoria a la contemplación de los curiosos. Verlos fotografiando con los móviles sus trabajos recién terminados es quizás el único pago que espera por su tarea.
Foto y texto: Antonio Delgado Pinto.
Escultura Efímera. Días de Playa, verano 2026 Huelva.















