DESDE LA CAVERNA DE PLATÓN

Los olmos no dan peras

Decía Albert Camus que "nombrar mal las cosas es añadir desgracia al mundo",  quizá por eso conviene llamar a cada hecho por su nombre y no disfrazarlo de intención, excusa o propaganda. Los hechos tienen menos literatura, pero más verdad.

Desde la Caverna de Platón

Desde la Cueva de Platón 2Adolfo Morales. No es precisamente el mejor momento de nuestra vida política y social. Los estándares de los partidos políticos parecen estar en mínimos. Quizá por eso, precisamente ahora, conviene mirar con más serenidad y más exigencia aquello que realmente permanece, lo que queda, el resultado de una gestión o su réplica: los hechos.

Vivimos demasiado pendientes de la promesa trivial, del reproche y de la bronca. La vida pública se ha convertido, demasiadas veces, en una discusión interminable de patio mal avenido. Y nosotros, ciudadanos no deberíamos quedar atrapados en ese ruido. Más allá de simpatías, siglas o posiciones ideológicas, conviene mirar menos el envoltorio y más el contenido. Y el contenido son los hechos.

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Porque una promesa puede ser dulce, brillante, incluso emocionante, pero no deja de ser una promesa. Puede cumplirse, incumplirse o retorcerse hasta convertirse en lo contrario de aquello que parecía anunciar. Decía Albert Camus que «nombrar mal las cosas es añadir desgracia al mundo»,  quizá por eso conviene llamar a cada hecho por su nombre y no disfrazarlo de intención, excusa o propaganda. Los hechos tienen menos literatura, pero más verdad.

Lo importante no es solo qué se dijo, sino qué se hizo,  y a quién benefició. Hay una parte de la sociedad que solo rebuzna: insulta, enfrenta y contagia una violencia verbal insalubre, inadmisible añadiría. Hay también quienes intentan tapar sus vergüenzas, sus errores y sus sombras, como si los demás no tuviéramos ojos, oídos o memoria. Y existen, además, quienes han tenido tiempo y responsabilidad, pero siguen sin afrontar con la firmeza necesaria determinadas políticas sociales que la ciudadanía demanda con urgencia, al margen del margen jurídico que nuestra Constitución e Instituciones permite.

Por eso conviene hacerse preguntas tan simples como: quién promovió soluciones reales y quien se sustrajo de apoyarlas.

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Porque los hechos están ahí: precariedad laboral, jóvenes sin acceso a una vivienda digna, alquileres abusivos, personas obligadas a compartir piso, una sanidad pública colapsada en las citas con especialistas o ciudadanos empujados hacia la medicina privada, donde, curiosamente, muchas veces encuentran a los mismos profesionales.

Eso son hechos. Lo demás puede ser prosa poética. En este tiempo de fatiga colectiva, quizá solo nos quede bajar nuestras expectativas sobre la calidad política y exigir, al menos, evidencias. No mirar la promesa envuelta en papel de regalo, sino el resultado concreto, el pequeño paso adelante.

Como ciudadano, me fijaré en los hechos. No tenemos un abanico de dirigentes en el que elegir demasiadas alternativas, el universo de líderes es el que es, y da de sí lo que da de si. Pero estos son los bueyes con los que hay que arar. No hay otros. Ni los olmos dan peras, los que si son ciertos son los HECHOS.

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