DESDE LA CAVERNA DE PLATÓN

El Arte efímero, mueble o decorativo

A pesar de que vivimos en una época atravesada por crisis, desigualdades y tensiones globales, sin embargo, gran parte del arte parece anestesiado, ajeno, encapsulado en su pequeña burbuja de validación estética.

desde la caverna de Platón

Desde la cueva de platónAdolfo Morales. Se ha repetido hasta aburrir que el artista es hijo de su tiempo, pero hoy con demasiada frecuencia, esa filiación parece diluirse como un eco  lejano y sordo. Basta mirar atrás: Salvador Dalí, con sus formas blandas y derretidas, impresionado por el trauma de los  bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, como si la materia misma hubiese perdido su dignidad tras el horror. El arte no solo representaba el mundo: lo acusaba.

Algo similar ocurrió con Pablo Picasso y su Guernica, un grito petrificado contra la barbarie, o Francisco de Goya, que en sus Pinturas negras y en Los desastres de la guerra dejó un testimonio casi insoportable de la condición humana. Incluso Otto Dix, tras la Primera Guerra Mundial, pintó cuerpos mutilados que aún hoy parecen respirar dolor.
Pero han sido muchos: actores, músicos, escultores, fotógrafos,poetas, escritores… los que estuvieron y están intoxicados por la cultura del dolor, la guerra o las injusticias de cualquier tipo.
Frente a esto, muchos otros «artistas»  contemporáneos parecen girar sobre sí mismos como insectos atrapados en una lámpara. Se adulan constantemente, engreídos en la estética del yo, y rara vez se hunden en la carne viva de la realidad social. Su obra se convierte en un espejo que no refleja nada más que su propio espectro. ¿Dónde está el latido del mundo? ¿Dónde el temblor colectivo?
A pesar de que vivimos en una época atravesada por crisis, desigualdades y tensiones globales, sin embargo, gran parte del arte parece anestesiado, ajeno, encapsulado en su pequeña burbuja de validación estética. Es un arte que brilla un instante, como una chispa hermosa, pero incapaz de prender fuego a la conciencia.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿qué quedará de todo esto, cuando esos nombres se desvanezcan? ¿Qué relato sostendrá su memoria? Sin el latido de su tiempo, el arte se convierte en ornamento, en reliquia hueca.
Quizá la verdadera trascendencia exige lo contrario: no elevarse, sino descender. Mancharse, dolerse, implicarse. Porque solo quien se hunde en la realidad puede extraer de ella algo que merezca ser recordado.
Desde la Caverna de Platón, Arte efímero.
Columna anterior: enlace.

Stylo Dental

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Diputación de Huelva Noches del Foro
Motor Inglés
Puerto de Huelva
Aguas de Huelva
Motor Inglés
Giahsa
Csif
Puerto de Huelva
matsa
Huelva Riega
Ayuntamiento de palos de la frontera
Carta Gastronómica de Huelva
Atlantic Copper
Caja Rural