RFB. Trabajar para recuperar sonrisas es una dedicación a la que la doctora Ana María Gutiérrez le va como anillo al dedo. Ella está especializada profesionalmente en arreglar esas sonrisas que se pierden por problemas de salud bucal. Pero es que también lo está, de forma natural, en sonreir. Combinación perfecta para que los pacientes de la clínica Stylo Dental sientan el acudir al dentista algo muy lejos de aquellas traumáticas visitas de antaño, donde el miedo era la emoción predominante.
Mañana y pasado, 2 y 3 de junio, están previstas las Jornadas Abiertas de Ortodoncia Invisible, como motivo del vigésimo aniversario. La clínica está situada en Avda. Villa de Madrid, 8. Y los teléfonos para reservar cita son el 959 28 02 81 y el 679493379. Al hilo de este acontecimiento la doctora nos atiende amablemente para esta entrevista.
Después de veinte años dedicada a la odontología, Ana María Gutiérrez Álvarez sigue hablando de su profesión con la misma ilusión —o incluso más— que cuando empezó. La responsable de Stylo Dental reconoce que su equipo “a veces se vuelve loco” con ella porque siempre está buscando nuevas tecnologías, nuevos procedimientos y nuevas formas de mejorar la experiencia del paciente.
La odontóloga onubense asegura que el sector vive una auténtica revolución impulsada por la digitalización. Explica que hace años las mediciones dentales se realizaban con moldes incómodos y desagradables para el paciente, mientras que ahora los escáneres intraorales permiten obtener imágenes precisas en cuestión de segundos y compartirlas digitalmente con laboratorios especializados. Para ella, ese cambio ha transformado radicalmente la dinámica del trabajo clínico y, sobre todo, la comodidad de quienes se sientan en el sillón dental.
Gutiérrez Álvarez fue una de las profesionales que primero apostó en Huelva por esa transformación tecnológica. Incluso tuvo que trabajar inicialmente con laboratorios fuera de Huelva porque todavía no era habitual aquí trabajar en digital. Hoy considera que herramientas como el TAC 3D, la cirugía guiada o la ortodoncia invisible han supuesto avances inconmesurables, tanto en precisión diagnóstica como en resultados.
La especialista destaca especialmente las posibilidades de la ortodoncia invisible, una técnica con la que trabaja desde 2015 y que, según afirma, ofrece una experiencia mucho más cómoda y precisa que la ortodoncia convencional. Explica que gracias a la inteligencia artificial y a las simulaciones digitales el paciente puede incluso verse hablando y sonriendo con el resultado final antes de iniciar el tratamiento.
En la amena charla que mantuvimos con la directora de Stylo Dental hablamos de muchas cosas. Una de ellas es la creciente obsesión estética que detecta entre los más jóvenes. Cuenta que cada vez llegan más adolescentes solicitando diseños de sonrisa extremos influenciados por redes sociales o por paquetes comerciales que prometen transformaciones rápidas. Sonrisas que «ser como la de…». Técnicamente se pueden satisfacer muchos requerimientos, pero Ana siempre piensa como madre en lo que recomendaría a su propio hijo.
Ana María Gutiérrez considera preocupante que chicos de 17 años quieran modificar de forma irreversible dientes sanos únicamente por estética. Reconoce que ella intenta ofrecer siempre soluciones intermedias y menos invasivas, aunque admite que no es fácil luchar contra una cultura de la inmediatez. De hecho, asegura que nunca se ha sentido cómoda realizando procedimientos únicamente orientados a satisfacer modas pasajeras.
La odontóloga insiste en que uno de los grandes retos de su profesión sigue siendo combatir el miedo al dentista. Cree que en su clínica se ha conseguido. Afirma que gran parte del trabajo del centro consiste en hacer que el paciente viva una experiencia tranquila y agradable. Eso se materializa desde la atención infantil hasta la explicación detallada de cada procedimiento. Subraya que la odontología actual poco tiene que ver con la de hace dos décadas y que hoy la mayoría de tratamientos son prácticamente indoloros gracias a la anestesia y a los avances técnicos.
A lo largo de la conversación recuerda varios casos especialmente emotivos. Habla, por ejemplo, de una paciente que llegó con un deterioro bucal extremo, incapaz prácticamente de comer y muy afectada física y emocionalmente. Cuenta que cuando comenzó a verse con las prótesis provisionales se abrazó a ella llorando frente al espejo. También recuerda a otra mujer, hace pocos días, que ocultaba su sonrisa con la mano hasta que pudo someterse a una rehabilitación completa mediante carga inmediata.
«La carga inmediata es un tratamiento que tu vienes por la mañana, te quitas las piezas, y a última hora de la tarde se te coloca una prótesis provisional atornillada. Para ello el laboratorio está trabajando todo el día. Al final de esa jornada la paciente le dio sendos emotivos abrazos, tanto a la doctora como al cirujano -señala-«.
Otro de los casos que más le ha marcado es el de un joven de 17 años con una importante alteración mandibular. La gravedad de su caso hizo que otros especialistas le planteasen cirugía ortognática. Ella y la familia decidieron apostar por un tratamiento conservador con ortodoncia invisible. Hoy asegura que el cambio funcional y estético del paciente ha sido impresionante y admite que, si hubiera sido su hijo, tampoco habría querido recurrir a una cirugía tan agresiva.
Esa filosofía también explica una de las decisiones que adoptó hace años. Decidió dejar de trabajar con seguros médicos. Nos cuenta que algunas compañías imponían precios que hacía inevitable utilizar materiales de menor calidad en determinados tratamientos. Ella no estaba dispuesta a asumirlo. No lo haría con su madre, y no lo iba a hacer con sus pacientes.
En la clínica atienden personas de todas las edades, desde niños pequeños —a partir de los cinco años o antes incluso para revisiones preventivas— hasta personas cercanas a los noventa. Y aunque reconoce que la odontología es una profesión exigente, también admite entre risas que desarrolla cierta “deformación profesional”: a veces no recuerda el nombre de algunos pacientes, pero sí perfectamente qué pieza dental tenían afectada.
Gutiérrez Álvarez habla con especial cariño de su equipo. Destaca el papel de Leticia en la organización de la clínica. De Cecilia como “la primera sonrisa” en recepción, de Mari —auxiliar con 17 años junto a ella— o de Rocío, la higienista dental que recientemente logró que una paciente dejara de necesitar anestesia para hacerse una limpieza. También menciona al cirujano David y a la endodoncista Rocío. Son compañeros que llevan años formando parte de esa “familia” profesional que, según afirma, los pacientes valoran enormemente.
Ahora, además de seguir al frente de Stylo Dental, Ana María Gutiérrez ha iniciado una nueva etapa vinculada a la formación de otros profesionales. Está comenzando a mentorizar a doctores que se introducen en la ortodoncia invisible. Asegura que compartir su experiencia y ver cómo evolucionan los nuevos especialistas le resulta especialmente gratificante.
Muchísimas Felicidades y enhorabuena por este vigésimo aniversario.
















