Redacción. La Virgen del Rocío recorre las calles de la aldea tras el tradicional salto de la reja protagonizado por los almonteños en la madrugada de Pentecostés. Miles de peregrinos acompañan a la Blanca Paloma en una procesión marcada por la emoción, el fervor popular y el encuentro con las hermandades filiales.
La madrugada volvió a romperse en mil vivas cuando la reja cedió al empuje del sentimiento. A las 03:02, los almonteños saltaron la verja del presbiterio y, apenas unos minutos después, la Virgen del Rocío cruzó las puertas de su ermita para echarse a las calles de la aldea entre lágrimas, campanas y sevillanas improvisadas.
La Blanca Paloma avanza en las arenas de la aldea sobre los hombros de su pueblo, balanceándose como una barca de plata en mitad de un océano de promesas. No hay silencio en El Rocío, pero sí una emoción antigua que consigue imponerse al ruido. Cada paso parece escrito desde hace siglos: los tamboriles marcando el compás de la noche, las velas temblando en los balcones y los peregrinos buscando apenas un segundo de mirada frente a la Virgen.
Este año, además, la imagen luce el histórico terno de los Montpensier, recuperado recientemente. Y un exorno de buganvillas naturales acompaña su recorrido por las arenas de la aldea. La procesión visita una a una a las 127 hermandades filiales que han llegado hasta el santuario para vivir el día grande de Pentecostés.
Hay quien lleva toda la noche despierto y quien asegura haber esperado un año entero para este instante. En las casas hermandad apenas queda sitio; en las calles, el cansancio desaparece cuando la Virgen se aproxima. Entonces vuelven los aplausos, los “guapa” lanzados al aire y ese murmullo emocionado que convierte a la aldea en algo más que un lugar.
Y cuando las luces del día ya permiten disfrutar de esa gama primaveral de colores en esta capital del mundo que es El Rocío, la Señora llega mecida hasta la Hermandad de Huelva. Allí, un multitudinario encuentro reúne la emoción esperada durante todo un año por miles de corazones. Una parada en ese discurrir mágico que hace felices a tantos peregrinos y a tantas corporaciones que llevan su nombre.
Cuando la Virgen del Rocío procesiona, Huelva y Andalucía entera caminan detrás.
Virgen del Rocío, salto a la reja y procesión.















