Ana GM. Aunque el término “cilantro” es el más extendido en español, en Huelva todavía se mantiene viva la palabra “culantro”. Su origen revela cómo la historia, la tradición oral y el habla popular han moldeado el vocabulario onubense durante generaciones.
En Huelva hay palabras que saben a tierra, a mercado de abastos y a cocina de toda la vida. Una de ellas es “culantro”. Basta cruzar Despeñaperros o hablar con alguien de otras partes de España para descubrir que muchos dicen “cilantro”. Entonces surge la pregunta: ¿por qué en Huelva se sigue diciendo “culantro”?
La respuesta tiene mucho de historia, de tradición oral y de identidad andaluza. Porque, aunque hoy la forma más extendida y aceptada en el español estándar es “cilantro”, en numerosas zonas de Andalucía occidental ha sobrevivido durante siglos la variante popular “culantro”, transmitida de generación en generación.
No se trata de una “palabra mal dicha”, sino de una evolución natural del idioma. El castellano hablado nunca ha sido uniforme. Cada territorio fue conservando expresiones propias, pronunciaciones particulares y vocablos heredados del habla popular. Huelva, como tantas comarcas andaluzas, mantuvo formas lingüísticas antiguas que en otros lugares acabaron desapareciendo.
La propia historia del español está llena de variantes similares. Durante siglos convivieron distintas maneras de nombrar una misma planta, un alimento o un objeto cotidiano. En el caso del cilantro, la palabra procede del latín coriandrum, aunque las transformaciones fonéticas y el uso popular terminaron generando formas diferentes según la zona.
Curiosamente, la confusión aumenta porque en América existe además otra planta llamada realmente “culantro”, distinta del cilantro europeo aunque de sabor parecido. Esa variedad tropical es muy usada en la cocina caribeña y latinoamericana. Sin embargo, en Huelva, cuando alguien pide “culantro”, casi siempre se refiere al cilantro de toda la vida: el que aromatiza aliños, guisos y recetas tradicionales.
El fenómeno no es único. Andalucía, y Huelva en particular, conservan numerosos ejemplos de vocabulario propio que forman parte de su riqueza cultural. Aquí se habla de “papas” en lugar de patatas, de “habichuelas” en vez de judías verdes y de muchas otras palabras que reflejan siglos de historia compartida.
Más allá de la lingüística, “culantro” es también una forma de pertenencia. Una de esas palabras que conectan a la gente con su memoria familiar y con una manera particular de entender la cocina y la vida cotidiana.
Porque en Huelva no solo se habla diferente: también se preserva, casi sin darse cuenta, una pequeña parte de la historia del idioma.















