Adolfo Morales. No hace mucho hablaba con un amigo sobre las oportunidades en el mundo del arte local. Pensábamos en las diferencias que había entre los artistas de ahora y los de antes, y los dos acabamos llegando a la misma piedra en el camino: la gran diferencia está en quién mueve hoy los hilos. Antes, con más o con menos fortuna, parecía que había un pulso más abierto, más vivo, más de calle, galeristas y críticos estaban implicados en buscar y descubrir nuevos proyectos y nuevas proyecciones artísticas, es decir el arte en si mismo. Ahora no. Ahora los promotores locales del arte suelen ser, casi siempre, instituciones privadas o instituciones administrativas. Son ellas las que tienen los espacios y, a veces, también el presupuesto. Y claro, quien tiene la llave, manda.
Cuando digo «privado», tampoco pensemos en grandes mecenas ni en templos del arte. Muchas veces hablamos de locales de poca monta, de sitios sin mayor trascendencia que ofrecer una pared para colgar obras. Paredes, por cierto, que en muchísimos casos están más que amortizadas por los ciudadanos desde hace generaciones. Ningún riesgo económico a fondo perdido. La cultura es una excusa recurrente para vestir instituciones y poco más. Pero aun así se arrogan el derecho de decidir quién entra y quién no, qué vale y qué no vale, qué se enseña y qué se esconde.
Y luego está lo que todos sabemos y casi nadie dice claro: esto del arte, demasiadas veces, va de amigos, de conocidos, de estar en el círculo bueno. También de la coyuntura generacional, de la moda de turno, del apellido conveniente. Y salvo aquello que viene impuesto desde arriba por políticos de otro escalón, aquí los técnicos agachan el buche y tragan con lo que toque. Sin rechistar.
Cuando estos supuestos gestores culturales montan su traca de influencers y su pandilla de confianza, el mensaje queda clarísimo: para exponer hay que caer bien, hay que ser colega del técnico o del responsable del espacio de marras, hay que simpatizar con ciertos grupitos. ¿Y los demás qué? ¿Qué espacio dejamos a quien no piensa como nosotros, a quien no ríe nuestras gracias? La cultura no puede estar en manos de gente que manipula, selecciona y criba a capricho, ni en manos de responsables que se dejan llevar por carecer de la menor iniciativa ni respeto a la diversidad. Pero bueno, es lo que hay. Y así seguimos, viendo siempre a los mismos fantasmas, una y otra vez, con una calidad muchas veces dudosa.
Por cierto, ¿Alguien sabe qué se expuso en ARCO en nombre de Huelva?
Los mismos collares…
Foto de portada: Adolfo Morales.
















