Adolfo Morales. Las Fiestas Colombinas, que históricamente están ligadas a la identidad de la ciudad y a su relación con la ría, sufrió una transformación forzada que ha generado una controversia. Esta permanece, como no puede ser de otro modo. Bajo la gestión del alcalde Perico Rodri, un líder populista, el recinto ferial sufrió un cambio drástico. El traslado de las celebraciones a una zona industrial, postergada como un apestado, sin el menor de los encantos, de espaldas a la ría, desató el malestar de los ciudadanos. Vieron como una vez más, alguien en su nombre, provoca que se perdiese una de las señas de identidad de la ciudad.
Desde sus orígenes, las Fiestas Colombinas fueron concebidas como un homenaje al descubrimiento de América. Nació en el contexto de la Exposición Universal de Sevilla, en conmemoración del centenario del evento. Durante años, la zona del puerto y la ría fueron el escenario natural de las festividades. Sin embargo, a pesar del cariño que la población siente por su ría, Huelva nunca ha sabido mirar hacia ella como lo harían otras ciudades en el mundo. La Autoridad Portuaria, a lo largo de los años, ha sido responsable de llenar la ría de fábricas y proyectos industriales que han sido, en muchos casos, incompatibles con la riqueza natural de este entorno y su domesticación.
Lo que es aún más preocupante es que, con el traslado de las fiestas colombinas, Huelva perdió la oportunidad de utilizar la ría como su espacio emblemático. La nueva ubicación, en un rincón detrás del tiro de pichón y frente a una zona industrial de reciclaje, plantea serios cuestionamientos sobre la seguridad y la calidad ambiental del lugar. Esta decisión es vista por muchos como una burla a la tradición y a la identidad de la ciudad, tal como yo la veo, sin ir más lejos.Huelva necesita recuperar su mirada hacia la ría, un recurso natural invaluable que ha sido históricamente el alma de la ciudad. Las fiestas colombinas deben volver a estar donde siempre debieron estar, mirando a la ría. Recuperar este vínculo con la ría no es solo un acto simbólico, es una necesidad para reivindicar la identidad y el futuro de la ciudad. Ahora lo que toca es deshacer lo que nunca debió modificarse. La ría es de los onubenses, nadie (nadie es nadie) debe otorgarse el derecho de inhibir a la ciudad de su paisaje identitario.















