Adolfo Morales. La guerra ha dejado de ser un tema lejano, ajeno a nuestra realidad cotidiana, para convertirse en una conversación frecuente en los salones familiares de todo el mundo. La violencia, la tiranía, la muerte… conceptos que querríamos relegar a los libros de historia, a las noticias distantes, se cuelan ahora con naturalidad en nuestras conversaciones más habituales. Y con ellos, el miedo, la incertidumbre y un sinnúmero de emociones olvidadas o casi desconocidas.
Resulta que, en este mundo interconectado, las distancias se acortan tanto, como los conflictos se intensifican. La tiranía, que percibíamos como un espectro del pasado, se presenta hoy como una figura enmascarada, un «amigo» disfrazado de aliado. Ante regímenes que asesinan a su propio pueblo, el dilema es inevitable: ¿qué hacer? ¿Es la diplomacia suficiente? ¿Hicimos todo lo posible cuando se trató de hablar de economía, de recursos, de petróleo, de los intereses que alimentan a esas potencias y que a Occidente le viene bien?
Es indiscutible que no podemos seguir mirando a otro lado, a la hora de demandar esas materias primas a estos regímenes manteniendoles una industria que conlleva perpetuar el sufrimiento de su gente, ni mucho menos permitir que una élite poderosa imponga, sin escrúpulos, sus intereses a través de estrategias infantiles o caprichosas. La diplomacia debe evolucionar, y si bien las palabras y los acuerdos son importantes, hay territorios donde debe prevalecer un enfoque más pragmático, donde los valores comerciales sean clave en la balanza de decisiones.
La verdadera prueba es mantener intacto el sentido común, el respeto por la libertad y la democracia que, aunque hoy parecen amenazados, son el legado de generaciones que dieron su vida por un mundo mejor. No podemos permitir que la historia se repita, que los sacrificios caigan en el olvido. Hoy más que nunca, es tiempo de defender lo que hemos recibido y es una obligación moral transmitir de donde viene ese legado.
Como dijo Albert Camus en El hombre rebelde: «La lucha por la justicia no es la lucha contra los tiranos, sino la lucha contra la indiferencia de los hombres ante la injusticia.«
Desde la Caverna de Platón. Los días oscuros.
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1 comentario en «Los días oscuros»
Tienes mucha razón, que importancia tan grande tiene mantener el sentido común.