
Juan Antonio Ruiz Rodríguez. No se si lo sabrán pero hace unas horas ha echado el cierre definitivo otra de esas empresas familiares que parecían eternas, de las que forman parte de la historia viva de San Juan del Puerto. Si nos fijamos en el cartel dela pared del Prado de San Sebastián nº 19, lugar donde hasta hoy se ha venido amasando y cociendo pan, hablamos de 119 años de tradición panadera. Este sábado 14 de marzo, festividad de Santa Matilde, se ha despedido de su clientela y de todo el pueblo sanjuanero la querida Panadería Jarrilla, conocida también como Panadería Nuestra Señora del Carmen.

Con la jubilación de José Manuel Pérez Sánchez, se pone punto final a una etapa que comenzó mucho antes de que él naciera, cuando sus padres, José y Luisa, empezaron a hacer pan en los años treinta, con una amasadora movida por tracción animal y un horno de leña que, hasta hace muy poco, seguía dando ese sabor que hoy casi no se encuentra. Después vendrían los años de trabajo junto a su hermano Diego, los sacrificios, las madrugadas interminables, los días sin descanso, y una vida entera dedicada a un oficio que no era solo un trabajo, sino una forma de vivir.

Decir ‘Jarrilla’ en San Juan del Puerto es hablar de tradición, de esfuerzo, de constancia, de familia.Es hablar de un negocio que vio crecer a varias generaciones, que alimentó a un pueblo entero y que supo mantener, hasta el último día, el sabor del pan de verdad.
El origen del apodo también forma parte de la memoria familiar. Me cuenta Rosario, hija de Diego, que todo viene de su bisabuelo paterno, también llamado Diego, un hombre muy meticuloso que cuando iba a la taberna nunca pedía el vino en botella, sino siempre en jarra pequeña, en una jarrilla.Aquel sencillo gesto terminó dando nombre a toda una saga de panaderos.

Y es que la tradición venía de lejos.Su abuelo José trabajó en la panadería de Valentín Díaz, en la calle Real.Contrajo matrimonio con Luisa y tuvieron a Dolores, Josefa, Diego, Luisa, Rocío, Mª del Carmen y José Manuel, siendo, los dos varones,quienes continuaron el oficio hasta que en 1988 compraron la panadería ya bajo el nombre de Panificadora Ntra. Sra. del Carmen Hermanos Pérez Sánchez, aunque para todo el mundo siguió siendo simplemente… la panadería de Jarrilla.
Durante décadas, el horno no dejó de encenderse. Ver antaño a Diego con Vicente ‘el letra’repartiendoen triciclo por las calles era lo más habitual; noches y noches de trabajo para un jovencísimo José Manuel con el único fin de poder venderel mejor pan para el pueblo. Se repartía por la provincia, llegaron a tener más de una decena de puntos de venta, y se trabajaba todos los días del año para cafeterías, bares, restaurantes y casas donde nunca faltó una barra de pan de Jarrilla en la mesa.

Pero detrás de cada barra había una historia de sacrificio. Rocío, hija de José Manuel, me lo explica emocionada:“mi padre ha trabajado desde que era un niño. Ha vivido por y para su panadería. No ha sabido vivir la vida, solo ha sabido trabajar. Y aunque estamos felices por su jubilación, cerrar ha sido una decisión muy dura. Nos ha costado muchas lágrimas decirles a los clientes que era el último día. Pero también estamos orgullosos de todo lo que hemos dado y de todo lo que hemos vivido aquí.”

La vida también puso pruebas en el camino. En 2004 falleció Diego, elmayor de los hermanos. En 2015 José Manuel superó una enfermedad que lo apartó un tiempo del horno. Después llegaron los problemas de salud, las operaciones, que si los dolores de rodilla…Y durante estos últimos años fueron su mujer, sus hijos y familia quienes mantuvieron encendida la panadería, cumpliendo la promesa de seguir hasta que llegara el momento de jubilarse.
Y ese momento ha llegado. Como me aseguran, cerrar no ha sido fácil. Nunca lo es cuando se baja la persiana de un negocio que ha sido más que un negocio:ha sido casa, ha sido vida, ha sido historia. Porque entrar en Jarrilla no era solo comprar pan.
Era respirar el olor del horno, ver las bandejas llenas, saludar detrás del mostrador, escuchar el ruido de la amasadora, llevarse barras, molletes, carrillos, vienas, picos, regañás, dulces, hornazos, torrijas o magdalenas que sabían a siempre. Era sentir que todo seguía en su sitio.
Hoy ese horno se apaga. Se cierra una puerta que llevaba abierta más de un siglo.
Hoy San Juan del Puerto pierde uno de esos comercios que no deberían desaparecer nunca, pero que el tiempo, los cambios y la vida terminan empujando hacia el recuerdo.

Y quizá dentro de unos años, cuando alguien hable del pan de antes, del pan de verdad, del que olía a leña y sabía a pueblo, volverán a la memoria nombres y lugares que forman parte de nuestra historia cotidiana. Negocios que durante décadas estuvieron abiertos cada madrugada, que vieron pasar generaciones enteras por su mostrador, y que hoy forman parte del recuerdo colectivo de San Juan del Puerto.
Hace unos años fue Panadería Aquino, luego la de los hermanos Santiago Ávila -Casa La Ginia, y ahora la de Jarrilla, que baja su persiana dejando tras de sí más de un siglo de trabajo, esfuerzo y dedicación. Tan solo nos queda la de Gaspar.
Gracias, familia.Muy feliz y merecida jubilación José Manuel. Gracias por tantos años, por tanto pan, por tanto trabajo.Gracias por formar parte de la historia de San Juan del Puerto.
Hoy no cierra solo una panadería. Cierra un capítulo de nuestra vida.















1 comentario en «Panadería Jarrilla deja una entrañable huella en la memoria de los sanjuaneros»
La historia de los pueblos y sus gentes.
Una verdadera pena, que la historia de una familia entregada al pueblo tenga que poner una final a años de dedicación, entrega y buen hacer.
El pan, base fundamental de nuestra dieta, sigue perdiendo importancia, ante el consumismo fraudulento, la mala calidad y la imposibilidad de competencia.
Luchemos por la historia, comprenmos siempre pan artesano, de calidad…que haga que el trabajo de años perdure con nuestra salud.
Gracias