Adolfo Morales. Cuando estas líneas capten tu atención, apreciado lector, el evento al que aludo ya habrá bajado el telón.
Refrescante ha resultado este I CERTAMEN de Pintura y Escultura «Alfonso Aramburu Terrades» para jóvenes artistas, impulsado y patrocinado con acierto por la Fundación Caja Rural del Sur.
Hacía mucho tiempo que la sala no lucía con tanto gusto y tantos trabajos bien resueltos. Se nota cuando apoyar el arte significa algo más que prestar paredes.
Porque aquí hay intención, cuidado y una mínima curaduría que dignifica el espacio. La sala respira como se merece y eso se aplaude. El montaje, claramente, viene de gente que sabe mirar, ordenar y dialogar con las obras, algo que las instituciones rara vez dominan.
Se agradece el soplo de aire fresco de estos jóvenes. Llegan sin miedo, sin pose y con ganas de demostrar que el arte sigue siendo posible, cercano y vivo. Pasear la exposición es encontrarse con búsquedas honestas, aciertos, riesgos y también preguntas, otra cosa será el devenir, que con ganas tratará de contaminar la pureza aún residente.
Desde mi humilde opinión, gracias y bienvenidos: José Ignacio Amaya Sánchez, Lola González Hermosilla, Marta Díaz Martínez, Jesús Peralta Piña, Víctor González, Manuel Rodríguez Saavedra, Sergio Romero Linares, María Dueñas Jiménez, Livia Fernández Vallverdú, Diego Arroyo Gutiérrez, Natalia Cardoso García, Juanjo Kamatxo y Alexis Sánchez Alonso, Diego Alonso Balazs Chiguan, Dario Parras Parras, Alicia Busto, Angela Solis Oneill, Paloma Castro de la Cruz, Alvaro Tirado Mantell, Mark Molero, Natalia Cardoso, Fernando Calderon Rueckert, Irene Anaya y Paula Vizcaíno Valenzuela.
Ojalá este certamen tenga continuidad, porque demuestra que cuando se apuesta de verdad aparece el talento, diálogo y público. La cultura no se mantiene sola: necesita compromiso, escucha y cierta valentía para dejar hacer a quienes sí entienden de arte.
Salgo con la sensación de haber visitado una exposición viva, cercana, sin solemnidades innecesarias. Eso, hoy, ya es bastante. Evitemos en general lo prescindible y demos el lugar a sus auténticos protagonistas.
Que cunda el ejemplo: menos discursos y más proyectos cuidados. Cuando se mezclan apoyo económico, criterio y respeto por los artistas, la ciudad gana. Y el público también, porque vuelve a mirar despacio.
Gracias por recordarnos que el arte no es un lujo raro, sino una forma de entendernos mejor y compartir preguntas. Así sí dan ganas de volver a la sala.
Nos vemos pronto otra vez.
Sólo unas observaciones y algunas reclamaciones para hacer pleno: en este caso la duración ha resultado quizá excesivamente corta (del 11 al 27 de febrero). Asimismo, la divulgación, comunicación y actualización en redes sociales, así como el contacto con los centros educativos, deberían reforzarse. Por otro lado, la adecuación de la sala para dotarla de un set destinado al encuentro y al diálogo con los artistas podría —y debería— plantearse como un próximo objetivo.
















