«Vive tranquilo, Platero, yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la Piña, que a ti tanto te gusta»

Un pequeño recuerdo y homenaje para el Pino de Fuentepiña, uno de los árboles más emblemáticos de la literatura española.

El Pino de la Corona, el pino de Fuentepiña, aparece de forma reiterada en la obra de Juan Ramón Jiménez. / Foto: idealista.com.
El pino de Fuentepiña, en el momento de su derribo. / Foto: Ayuntamiento de Moguer.

Mari Paz Díaz. El Ayuntamiento de Moguer y la Fundación Zenobia Juan Ramón Jiménez de Moguer anunciaban el pasado 7 de enero que el pino en el que simbólicamente Juan Ramón enterró a Platero dejaría de estar en Fuentepiña, la casa de campo donde pasaba el verano de la familia del Nobel de Literatura moguereño, puesto que, tras ser derribado por un tornado en marzo de 2025, no había sido posible su recuperación debido a un avanzado estado de deterioro.

Dado su valor histórico, cultural y simbólico, pues está considerado uno de los árboles más emblemáticos de la Literatura española, las diferentes partes taladas se van a someter a un tratamiento de barniz y gasoil para que perdure en diferentes espacios ligados a la memoria de Juan Ramón. Para ello, su madera será estudiada por parte de la Universidad de Huelva.


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Por el momento, se mantendrá su legado, puesto que, hace ocho años, la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez, a través de su director, Antonio Ramírez Almanza, recuperó distintas piñas para poder replantarlas y tener descendencia. Así, «del antiguo, pasaremos al nuevo pino de Fuentepiña que ya tiene ocho años», afirmaba.

Por eso, el mejor homenaje que podemos hacer este pino con 200 años de antigüedad es recordar su relación con el andaluz universal.



Vista de Moguer desde Fuentepiña, una finca situada a dos kilómetros de la localidad moguereña.

El valor de Fuentepiña para Juan Ramón. Fuentepiña no sólo fue una casa de campo o de verano para la familia Jiménez. El propio Juan Ramón se trasladó a vivir a esta vivienda a inicios del siglo XX, después de la muerte de su padre, Víctor Jiménez, el 3 de julio de 1900 a causa de una embolia cerebral. Este hecho provocó diferentes crisis nerviosas en el escritor por temor a que le sucediera lo mismo. Crece en él un tremendo miedo a la muerte, y, para solventarlo, se traslada a esta casa, donde podía respirar paz, pues, además, se encontraba a escasos metros de la casa de su médico, el doctor Rafael Almonte. El paraje y la casa de Fuentepiña están situadas a dos kilómetros de Moguer (se accede por la carretera de El Algarrobito).

La finca de Fuentepiña, denominada ‘Santa Cruz de Vista Alegre’, había sido propiedad de Gregorio Jiménez y, la de Nazaret, perteneció al médico Rafael Almonte ya citado. Lugares de gran belleza y de enorme simbolismo literario y cultural.

Precisamente, el mismo entorno de Fuentepiña le serviría de inspiración a Juan Ramón Jiménez para realizar algunas creaciones, tan bellas como las que hemos querido recordar:

EN SU COLINA AMARILLA

Sin mi amor, ¿qué era su amor en su ladera amarilla?

¿Y pasó ella a mi lado, pasó el amor?

¡Quién diría

que el amor allí soñaba viviendo en mi Fuentepiña,

que el amor allí esperaba viviendo en mi Fuentepiña,

que estaba allí, al otro lado de la colina amarilla!

¡Sí, allí vivía el amor, vivía!

 

¡Y nadie sabía

que el amor estaba allí viviendo en mi Fuentepiña,

sin mi amor, que era su amor, en su ladera amarilla!

Moguer, 1901

Un poema tomado del libro Roces de otras voces: Romances de raro tiempo, una colección de poemas en formato de romance que forma parte de su obra poética inicial, escrita entre 1896 y 1902. Esta obra refleja la sensibilidad modernista y el interés del poeta por la métrica tradicional. Entre los temas más habituales de este libro, como sucede en el poema que hemos leído, se encuentra el amor, la soledad o la melancolía.

Interesante también es la utilización del amarillo, el color favorito del Nobel, que representaba la primavera y la luz solar.

Monumento a ‘Idilio de Abril’ en Moguer.

Pero, volviendo a Fuentepiña, hay que decir que después de esta estancia, Juan Ramón estará un tiempo fuera de Moguer por cuestiones médicas fundamentalmente y regresa a su localidad natal en 1905.

Es una época difícil para él, aunque muy fructífera literariamente hablando, porque sigue teniendo muy presente la muerte de su padre, lo que, además, provocó que la situación económica familiar sea muy delicada. Esto llena de preocupaciones la mente del autor de Platero y yo, que busca consuelo en el campo de Moguer.

Y, precisamente, por esta causa, aparece en su vida su inseparable Platero, un burro pequeño que le servía de medio de transporte y compañero para desplazarse desde Moguer a Fuentepiña.

De sus salidas al campo moguereño y de aquel contacto, empezaron a fluir las páginas de Platero y yo, el libro más conocido de Juan Ramón, y cuya primera edición menor apareció el 12 de diciembre de 1914 con 66 capítulos (ampliada hasta 138 capítulos tres años después, en 1917).

Un lugar muy especial como lugar de enterramiento de su inseparable Platero. / Foto: Ayuntamiento de Moguer.

Por este motivo, era lógico que el Nobel de Literatura eligiera el pino centenario de Fuentepiña como lugar de enterramiento de Platero, como así inmortalizó en su obra universal de Platero y yo, donde podemos leer:

«Vive tranquilo, Platero, yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la Piña, que a ti tanto te gusta. Estarás al lado de la vida alegre y serena. Los niños jugarán y coserán las niñas en sus sillitas bajas a tu lado. Sabrás los versos que la soledad me traiga.» 

Referencias también en el capítulo CXXXV de Platero y yo, titulado «Melancolía», donde el autor escribe:

«Esta tarde he ido con los niños a visitar la sepultura de Platero, que está en el huerto de la Piña, al pie del pino redondo y paternal. En torno, abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos.» 

En realidad, Juan Ramón Jiménez dedicó varios pasajes y poemas a los pinos de Moguer, como el capítulo XL de Platero y yo, donde habla del Pino de la Corona. Un texto que dice así:

«¡Qué amigo un árbol, aquel pino, verde, grande, pino redondo, verde, junto a la casa de mi Fuentepiña! Pino de la corona, ¿dónde estás?, ¿estás más lejos que si yo estuviera lejos? ¡Y qué canto me arrulla tu copa milenaria, que cobijaba pueblos y alumbraba de su forma rotunda y vigilante al marinero!» 

En 1913, animado por Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón decide volver a Madrid para vivir allí definitivamente tras decretar el Banco de España la ruina de su familia. Allí se dedicará a la poesía y conocerá a Zenobia Camprubí, su eterna compañera de vida. Con ella se casará el 2 de marzo de 1916, iniciando otra etapa vital.

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Durante los primeros años de los cursos de verano de la UNIA era tradición realizar un actividad literaria en Fuentepiña.

Actividad literaria de los Cursos de Verano de la Universidad de La Rábida. Para terminar, tampoco podemos olvidar un hecho poco recordado, relacionado con los cursos de verano de la actual Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), en su Sede Iberoamericana de La Rábida, -instaurados en 1943-, y que incluyeron durante muchos años actividades literarias en Fuentepiña.

En concreto, los homenajes de la Universidad Hispanoamericana de La Rábida a Juan Ramón Jiménez en su antigua casa de campo en Fuentepiña se iniciaron en el curso de verano de 1945, es decir, once años antes de la concesión del Premio Nobel de Literatura.

La idea de resaltar la obra del poeta exiliado surgió en el curso de 1944, una propuesta promovida por Pablo García Izquierdo, entonces, alcalde de Moguer y alumno de los cursos de verano.

Una imagen de Juan Ramón en 1948, entonces de visita en Buenos Aires.

Unos homenajes que consistieron en exponer y resaltar la vida y obra del escritor moguereño, junto a la lectura de algunos de sus poemas claves y la entrega de los premios de los concursos literarios organizados por la institución universitaria. Actos de los que el propio Juan Ramón tuvo conocimiento, mostrándose muy agradecido por ello en una misiva fechada el 19 de junio de 1948.

Detalle de la torre de la iglesia de Moguer, imagen que inmortalizara Juan Ramón. / Foto: José Luis Perera.

En definitiva, todo el pueblo de Moguer, sus calles, plazas, la finca de descanso de su familia, Fuentepiña, los personajes y su habitantes conforman un escenario muy querido para Juan Ramón Jiménez que recreó en su literatura. Hay muchos libros de diferentes épocas en los que Juan Ramón Jiménez menciona a Moguer, como sucede, por ejemplo, con Almas de violeta, Ninfeas, Rimas, Platero y yo, Olvidanzas, Baladas de Primavera, La soledad sonora, Poemas mágicos y dolientes, Pastorales, Melancolía, Poemas agrestes, Diario de un poeta recién casado, Poesía y Belleza, Canción, Moguer, Flores de Moguer, Entes y sombras de mi infancia, Bonanza, Vida y época

De hecho, por este y otros motivos históricos y culturales Moguer está declarado Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Sitio Histórico.



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