El acogedor hogar onubense para los cormoranes que vienen del norte

Año tras año, los cormoranes regresan puntualmente a la Ría de Huelva, siguiendo un calendario marcado por el clima y la disponibilidad de alimento. Su llegada anuncia el invierno y su partida, la cercanía de la primavera.

Cormoranes Ría de Huelva y Marismas Odiel
Cormoranes en la ría de Huelva. /Foto: Edith-HBN.
Cormoranes Ría de Huelva y Marismas Odiel 2
/Foto: Edith-HBN.

MCLópez. Acaba otoño y las estampas del cambio de estación, aunque en los últimos tiempos vaya achicándose el invierno en beneficio de su predecesora y de la primavera, comienzan a disfrutarse. Los cormoranes que siempre nos visitan ya están prácticamente todos aquí. Las fotos tomadas hoy por Edith en la ría de Huelva paran el instante para situarnos en el momento y lugar donde los milagros de la naturaleza nos muestran que la precisión del Universo se materializa en todos y cada uno de los detalles.

Un par de meses antes, con la llegada de los primeros frentes fríos al norte de Europa, la Ría de Huelva comienza a llenarse de siluetas negras posadas en balizas, postes y orillas fangosas. Son los cormoranes, aves marinas y estuarinas que han convertido este enclave del suroeste peninsular en uno de sus principales refugios invernales. Su presencia, tan llamativa como constante, forma ya parte del paisaje habitual de la ría y de las Marismas del Odiel.



Cormoranes Ría de Huelva y Marismas Odiel 3
/Foto: Edith-HBN.

La especie dominante es el cormorán grande (Phalacrocorax carbo), un ave de gran tamaño, cuello largo y plumaje oscuro, perfectamente adaptada a la pesca submarina. Aunque el litoral onubense puede recibir de forma ocasional al cormorán moñudo (Gulosus aristotelis), más ligado a costas rocosas y mar abierto, es el cormorán grande el que protagoniza la vida cotidiana del estuario. Miles de ejemplares llegan cada año procedentes del norte y centro de Europa, especialmente de Escandinavia, los países bálticos, Alemania, Países Bajos y Europa oriental.

Las primeras llegadas se producen a finales de septiembre, intensificándose durante octubre y noviembre, cuando la ría se convierte en un auténtico corredor migratorio. El número de aves alcanza su máximo durante los meses de invierno, entre diciembre y febrero, periodo en el que Huelva actúa como área de invernada estable. A partir de finales de febrero y marzo, los cormoranes comienzan a desaparecer de forma gradual. Van emprendiendo el viaje de regreso hacia sus zonas de cría, que suele completarse entre abril y principios de mayo.



/Foto: Edith-HBN. 4
/Foto: Edith-HBN.

La Ría de Huelva y las Marismas del Odiel ofrecen a estas aves unas condiciones excepcionales. Se trata de un sistema estuarino altamente productivo, con aguas someras, caños de marea, esteros y antiguas salinas donde abunda el alimento. Lisos, anguilas, peces juveniles y otras especies propias del estuario forman parte de su dieta. Además, la tranquilidad de amplias zonas protegidas permite a los cormoranes alimentarse y descansar con escasa perturbación humana.

El comportamiento de estas aves es fácilmente reconocible. Tras largas inmersiones en busca de peces, los cormoranes se agrupan para reposar, adoptando su característica postura con las alas extendidas, secando el plumaje al sol. Utilizan la ría no solo como zona de pesca, sino también como dormidero comunal. Comparten espacios con garzas, espátulas y otras aves acuáticas que encuentran en Odiel uno de los humedales más importantes del sur de Europa.

Aunque los cormoranes no se reproducen de forma significativa en la provincia de Huelva, su presencia estacional tiene un gran valor ecológico. Actúan como indicadores de la calidad ambiental del estuario y forman parte esencial del equilibrio natural del ecosistema. En ocasiones, su abundancia genera debate en relación con la pesca. Pero en espacios protegidos como las Marismas del Odiel su papel resulta inseparable del funcionamiento natural del sistema.

Año tras año, los cormoranes regresan puntualmente a la Ría de Huelva, siguiendo un calendario marcado por el clima y la disponibilidad de alimento. Su llegada anuncia el invierno y su partida, la cercanía de la primavera. Entre mareas, caños y salinas, estas aves migratorias continúan escribiendo una historia silenciosa de viajes largos y fidelidad a un estuario que se ha convertido en hogar temporal para miles de ellas.

Cormoranes, Huelva.



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